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Abril 30, 2007

Alejandro Amenábar

Escrito en: | Directores |

Autoridades y público se enorgullecen del éxito de Amenábar, pero hay algo en sus films que lo mantiene en la tangente del cine nacional.

Ya desde su primer film “Tesis” (1995) se advertía claramente que su director miraba hacia Hollywood, y que el hecho de realizar las películas con producción española parece algo incidental en él, puesto que este film o “Abre los ojos” (1997) podrían estar firmadas por un director americano sin que, genéricamente hablando, notáramos la diferencia.

Alejandro Amenábar nace en 1972 en Santiago de Chile, pero dos semanas antes del golpe de estado de Pinochet, vuela hacia España junto a sus padres. Estudió en la facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, aunque finalmente no terminó la carrera, prefiriendo culturizarse a fuerza de visionar películas y montar sus propios proyectos. Antes de dirigir largos, Amenábar, como tantos otros estudiantes de cine, no paró de matarse a escribir y dirigir cortos, algunos de los cuales le reportaron premios en diferentes festivales.

El productor y director José Luis Cuerda descubre a Amenábar cuando este cuenta con 24 años. El joven director recibirá todo el apoyo necesario para enfrentarse a “Tesis”, un film escrito por él mismo cuya temática revolotea alrededor del submundo de las snuff movies, grabaciones ilegales en las que se ven asesinatos y torturas reales. Amenábar reconoce que le vino a la cabeza la idea de “Tesis” tras leer un libro de Román Gubern sobre la imagen pornográfica. El film es la quintaesencia de su futuro estilo, posee un ritmo rápido, dinámico, visualmente es muy efectivo, y el director no se queda corto a la hora de utilizar recursos visuales para subrayar o alargar los momentos de tensión; por su parte, los personajes son tan asépticos como la facultad en la que se localiza la acción, y ni Fele Martínez ni Ana Torrent transmiten nada que no sea su condición de vehículos para el desarrollo de la trama. Fue quizás esa lectura del film como un thriller de género, un film “a la americana”, repito, lo que propició que “Tesis” fuera la sorpresa de la temporada de 1995. El público español, joven en su mayoría, conectó con esas esencias hollywoodienses tan poco comunes en el cine patrio, y Amenábar arrasó en los Premios Goya con siete galardones, entre los que destacaban el del guión original y la mejor dirección novel.

La expectación por comprobar lo que sería capaz de hacer ahora el precoz director era enorme. Amenábar urdió para su segunda película un guión de complejidad extrema, mucho más ambicioso que el de “Tesis”, que se convertiría en 1997 en “Abre los ojos”.

La película estaba protagonizada por tres jóvenes valores en alza, Eduardo Noriega, Penélope Cruz y Najwa Nimri, trío de modernos que encajaba como un guante en la pretendida modernez de un film que se centraba, al contrario que “Tesis”, en los personajes, como si Amenábar hubiera hecho caso a las voces que criticaban su ópera prima por vacua y preocupada únicamente por la acción. El viaje del espectador a la mente de esos personajes se transforma desgraciadamente en algo vano, sin sentido, y descubrimos que de nuevo todo está sometido a las leyes del intríngulis argumental y de la acción. Alejandro nos acompaña al punto de salida del viaje, pero luego nos deja solos ante un film que, dependiendo de quién lo mire, o no se resuelve, o cuando se resuelve ya ha dejado de importarnos. “Abre los ojos”, sin embargo, tira adelante gracias a la pericia visual de su director, con escenas ya clásicas en nuestro cine, como esa Gran Vía madrileña únicamente transitada por el personaje de Eduardo Noriega, unos segundos de plano impactante, mucho más que la media hora del Londres fantasma de “28 días después”, de Danny Boyle (2002).

El film se estrena en el Festival de Sundance suscitando curiosidades y adhesiones varias, y en España conseguirá también su correspondiente montante en taquilla. En mi opinión, “Abre los ojos” resultó una decepción, y mucho me temo que su collage de tramas y subtramas, sueño y vigilia, verdad y mentira no aguantará correctamente el paso del tiempo, al contrario que las otras dos obras de Amenábar que, cada una en su idiosincrasia particular, están más focalizadas y no se enredan inútilmente en sí mismas como sí ocurre en “Abre los ojos”. Nada de lo que los detractores del film dijeron en su momento pareció importarle al pequeño Tom Cruise, que compró los derechos de la historia para hacer una versión made in Hollywood dirigida por Cameron Crowe y titulada “Vanilla sky”, que la verdad es que no tuve ganas de ir a ver.

“No creo tanto en mi talento como en mi capacidad de trabajo, soy muy terco”, decía Amenábar en una entrevista. Y mucho trabajo y más tozudez le hicieron falta para llevar a buen puerto su tercera obra, la admirada “Los otros”, el presupuesto más caro del cine español, la mejor obra de su autor y sobre todo, un excelente papel de Nicole Kidman.
Rodada a caballo entre Madrid y Santander, “Los otros” posee una textura de terror clásico que captura al espectador con los mínimos artificios. El éxito global del film en nuestro país hizo que miles de personas acostumbradas a un terror, para entendernos, tipo “Scream”, volvieran a sentir el verdadero miedo en el cuerpo con un pomo de puerta que se acciona lenta y misteriosamente, un ruido súbito en el piso de arriba, o un plano general en el que nos parece haber visto moverse un objeto extraño.

Con una pirueta argumental en el tramo final gemela a la de “El sexto sentido” (aunque queda claro que no hubo copia posible), “Los otros” presenta a un Amenábar que se olvida de la modernez por la modernez y filma ahora una historia con la espina dorsal clara, sin insensatos nudos argumentales, con una cámara atenta al detalle, banda sonora creada por él mismo, y un casting escogido con mimo.

El éxito fue del todo merecido.


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