“Quién te piensas que eres, por dios, ¿un loco o algo parecido? Bien, pues no lo eres, ¡no lo eres! No estás más loco que la mayoría de gilipollas que hay por la calle”.
Randle McMurphy en Alguien voló sobre el nido del cuco.
Randle McMurphy es uno de los personajes más originales, a la vez que arquetípicos del cine de los 70. Inteligente, imprevisible, libre, un preso que no está dispuesto a cumplir condena en una cárcel convencional y se las ingenia para ser trasladado a una institución psiquiátrica del estado de Oregon donde seguirá luchando por su libertad, revolucionando a los internos y enfrentándose a la temible enfermera Ratched. Como digo, un arquetipo en cuanto a personaje liberador, líder, pero con unos métodos inéditos: resistirse a creer que los internos del psiquiátrico sean simples “locos”, y tratar de ganar sencillas pero significativas luchas en pos de sus derechos: ver las World Series por la televisión, cosa prohibida por la enfermera jefe, o ir a pescar.
No existe Randle McMurphy sin Jack Nicholson. Si reuniéramos a los máximos defensores y los más feroces detractores del actor nacido en New Jersey en 1937, probablemente en lo único que coincidirían es en que Randle McMurphy es su personaje más extremo, y la pieza angular de su carrera. Unos elogian su caracterización llena de energía y convicción, machacando a buen seguro las líneas que el personaje tenía en el guión y construyendo un nuevo ser que, indudablemente, tiene mucho de su personalidad; los otros, los que no soportan el histrionismo de Nicholson, no comparten esas ansias de traspasar los límites de un guión o una dirección de actores y erigirse como total y revolucionado protagonista de la función.
Lo cierto es que un personaje tan duro y complejo como McMurphy no se lo puede cargar a la espalda un cualquiera. La fuerza de este preso que termina siendo víctima de un violento tratamiento de electroshock tenía que estar reflejada y luego multiplicada por un actor tan expansivo como Nicholson. Su elección fue un acierto, después de que los productores lo intentaran con James Caan (que no hubiera estado mal, viendo la dinamita pura que era su Sonny Corleone de “El Padrino”), Marlon Brando (quién sabe lo que hubiera hecho Brando con McMurphy) o Gene Hackman (sinceramente, no lo veo), finalmente se decidieron por Nicholson, y éste recibió un Oscar y la mejor base sobre la que construir una carrera y un status como el que posee hoy en día este actor.
Pero no hay personaje principal sin su antagonista. Y a McMurphy había que ponerle delante a alguien de su talla, un verdadero gigante que representara lo opuesto a lo que defiende el personaje de Nicholson. Y este personaje estaba en el psiquiátrico donde ingresan a McMurphy.
La enfermera Ratched está interpretada por Louise Fletcher, que aceptó el papel después de que lo rechazaran actrices de mayor fama como Anne Bancroft y Angela Lansbury (no habría estado mal ver a la tierna Lansbury ejerciendo de mala en la película). Es una mujer, la enfermera Ratched, absolutamente diabólica, que ha creado un estereotipo muy relacionado con el cine de terror y suspense: una enfermera que controla a sus pacientes, los maltrata, los manipula, juega con ellos y se muestra inflexible ante el dolor humano. No hace falta irse a un western de Sergio Leone para ver duelos emocionantes al borde del abismo, con Ratched y McMurphy la tensión, el cara a cara está servido. McMurphy quiere ser libre, y para conseguirlo “libera” a los demás pacientes del psiquiátrico de sus miedos, de su vida castrada por rechazos y prohibiciones, de su insignificante existencia en ese agujero más parecido a una cárcel de máxima seguridad; y Ratched es la alcaide de este Alcatraz repleto de enfermos mentales, una enfermera que ejerce su profesión de una manera personal, imponiendo en el lugar su propia y terrorífica ley.
La historia de “Alguien voló sobre el nido del cuco”, cuyo título proviene de una canción de cuna tradicional, tiene su origen en una novela best-seller homónima escrita por Ken Kesey en 1962. El autor se basó en sus experiencias personales cuando trabajó durante una temporada en el turno nocturno de un sanatorio muy parecido al del film.
Poco después de su edición, la novela se representó en Broadway con Kirk Douglas interpretando a McMurphy. El mismo Douglas compró los derechos del libro de Kesey e intentó que algún estudio de Hollywood le financiase su traspaso al celuloide, pero no fue posible. Los derechos de adaptación fueron cedidos del padre al hijo Michael Douglas, que sí consiguió producir el film junto a Saul Zaentz. El guión lo escribieron Lawrence Hauben y Bo Goldman, y se contó con un presupuesto de 4,4 millones de dólares.
Milos Forman (exiliado checo nacido en 1932, cuya filmografía se había iniciado una década atrás con “Audition”, de 1963, y entre cuyos futuros proyectos destacan el musical “kitch Hair” de 1979, la oscarizada “Amadeus” de 1984, o “Man on the Moon”, del 1999) preparó una filmación que ayudara a los actores a sentir cómo su personaje avanzaba y se desarrollaba, por lo que se rodó a tiempo real según marcaba el guión. El Oregon State Hospital sirvió de escenario natural donde sucedía el grueso del film, el temible psiquiátrico regentado por la enfermera jefe Ratched. El éxito de la película lanzaría la carrera de Forman en Estados Unidos, y el checo se nacionalizaría en 1977.
Estrenada en una década donde Estados Unidos iluminó de nuevo el cine mundial con una camada de nuevos e independientes creadores (Spielberg, Scorsese, Coppola, Cimino…), “Alguien voló sobre el nido del cuco” es una de las grandes películas americanas de la época. Un clásico que, como el propio Forman se encargó de asegurar, también reflejaba de forma soterrada la situación mundial contemporánea, con la guerra fría y el mundo polarizado, y el psiquiátrico como símbolo de la Unión Soviética vista desde la perspectiva occidental. Forman sufrió la persecución nazi a los judíos y posteriormente el yugo socialista, y sus imágenes desprenden fuerza, verdad e implicación. Describen una micro sociedad repleta de relaciones de poder, de opresores grises y mecanizados y oprimidos llenos de energía, buen humor y ansias de libertad, alzada en una parcela situada entre la razón y la locura que cualquiera puede extrapolar a las sociedades actuales. A esta lectura deberíamos añadir otro mensaje importante que muestra una posición de duda con respecto a la psiquiatría y a los métodos que se utilizan para tratar a los enfermos mentales, la tesis del film es muy simple: la sociedad es quien crea a seres enfermos, porque la misma sociedad está enferma.
En la ceremonia de los Oscar de 1976, el film contaba con 9 nominaciones, y aunque estaba en dura competencia con “Tiburón” (Steven Spielberg) y “Nashville” (Robert Altman), se llevó por primera vez en la historia las 5 principales estatuillas: mejor película, mejor director para Milos Forman, mejor actor principal para Jack Nicholson, mejor actriz principal para Louise Fletcher, y mejor guión adaptado; no sucedería nada parecido hasta que “El silencio de los corderos” se llevó casi 20 años después, de nuevo, los 5 premios más prestigiosos.

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Como en toda gran película su titulo “Alguien voló sobre el nido del cuco” esta lleno de significado y este se desvela cuando el Jefe Bromden dice en el manicomio una rima que su abuela le decía: “Uno voló hacia el este, uno voló hacia el oeste, y uno voló sobre el nido del cuco” (Cada uno es dueño de su destino y de seguirlo).
Jack Nicholson y Louise Fletcher hacen un magnifico trabajo en “Alguien voló sobre el nido del cuco”.
No he visto la película “Alguien voló sobre el nido del cuco” pero por lo que leí en el reportaje parece muy interesante, ya tengo algo para ver el fin de semana.
Yo conocí la peli buscando la biografía del viejo de “Regreso al futuro” y cuando vi la misma me gustó mucho, es muy buena, todos actúan excelentes. Lástima que no se conozca mucho la película.