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Atraco a las tres

Dirigida por José María Forqué e interpretada por José Luis López Vázquez, Manuel Alexandre, Agustín González, Cassen, Alfredo Landa, Rafaela Aparicio y la inolvidable Gracita Morales, “Atraco A Las Tres” es una de las mejores películas españolas, no de la década de los sesenta, sino de todos los tiempos.

Una clásica historia de pillos a los que todo les sale mal, pillos interpretados por algunos de los mejores actores de nuestro cine. Como dice en una secuencia Gracita Morales: “este es un negocio como otro cualquiera”.

La película comienza con la llegada de los empleados al banco. El personaje de López Vázquez ha pasado toda la noche en la sucursal al haber extraviado una insignificante suma de dinero, a modo de castigo. Ese mismo día, el director del banco es cesado por los peces gordos que colocan en su puesto al compañero más odiado del grupo. Los seis, hartos de humillaciones por parte de la dirección, de sueldos miserables y de ver cómo echan a la calle a su querido director, deciden atracar su propio banco, con el fin de poder tener una vida mucho más digna. El grupo, encabezado por López Vázquez, comienza a maquinar, de manera totalmente casera, el robo a modo de las películas americanas que ven en el cine o en la televisión.

El film es excelente en todos sus sentidos: la genial interpretación del grupete de ladrones de poca monta, la dirección de Forqué y hasta la banda sonora, con una melodía de lo más pegadiza. Para la historia queda el personaje de Galindo, interpretado por José Luis López Vázquez, seguro de que el plan llegará a buen puerto; Manuel Alexandre como el listillo y ligoncete de la banda que intenta hacer algo con Gracita Morales, el ingenuo de Agustín González o el completamente estúpido personaje que interpreta Alfredo Landa.

Galindo, un infeliz soñador, trabaja como cajero en una sucursal bancaria. Cierto día, reúne a un grupo de compañeros y les expone su idea para perpetrar un atraco en la propia sucursal donde trabajan todos ellos. En principio estos no le creen, pero poco a poco Galindo les va convenciendo de la viabilidad del atraco, por lo que se disponen a cometerlo tras una preparación minuciosa. En apenas unos cuantos planos al comienzo del film, el director nos presenta a todos y cada uno de los empleados del banco, donde cada uno se identifica por su rasgo de ser personal en una película totalmente coral, donde cada uno de los actores tiene bien definido su papel, aunque la mayor parte del film todos ellos están juntos, formando una especie de gran actor al que le pasa de todo y sufre todas las miserias. 

Estrenada en 1962 y filmada en el genuino blanco y negro, la trama atrapa al espectador no por su suspense, el cual no existe, sino por los gags de los protagonistas y las situaciones un tanto ridículas que viven todos y cada uno de ellos (tremendo el entrenamiento al que les obliga Galindo a realizar en una especie de almacén o por un camino rural con el coche que van a emplear para el atraco. Buenísimas las reuniones en casa de uno de ellos, donde dibujan el plano de las calles y por dónde tiene que ir el coche para llegar al banco a la hora prevista). Para la historia queda la aparición de Gracita Morales vestida como una mujer fatal de los años cuarenta.

Por otra parte, el público se monda con la secuencia de la entrada de una señorita rubia, alta y guapa, sobre todo extranjera a la que Galindo se tira literalmente a sus pies: “un admirador, un siervo, un esclavo”, le dice a la bella joven Galindo, al más puro estilo de sus personajes de siempre, del españolito calvete que no tiene nada que hacer con toda una señora. Y es que José María Forqué supo trasladar a un espacio tan pequeño como una sucursal bancaria los sueños de una sociedad española asfixiada por una vida precaria, lejos de cualquier lujo que no fuera más allá de tomarse unas cañas en el bar o ir de vacaciones, los que pudieran, a Benidorm. Ejemplo de ello lo vemos en la escena del hospital, donde yace en una de las habitaciones el conserje del banco, Cassen, a quien le quitan el plato de comida y él mismo suplica a los doctores que le vuelvan a operar del apéndice para que tenga todos los días comida asegurada.
Llegado el día del atraco y ante la insistencia del personaje de Alfredo Landa: “que esto no va a salir bien, no veis que tengo cara de buena gente”, y efectivamente, cuando llegan los dos atracadores, tarde por supuesto, al banco, se encuentran con que ya hay varios cacos limpiando la caja: son los compinches de la rubia que dejó medio atolondrado a Galindo. Al final se lía y los verdaderos atracadores salen corriendo mientras que nuestro grupo queda al descubierto como héroes por la empresa, como auténticos valientes que han dado al traste con un verdadero atraco. Todos reciben la condecoración de los jefazos y vuelven al trabajo como si nada hubiese pasado, vuelven a su anterior vida, a su vida de siempre completamente frustrados, a una existencia sin sueños de grandeza. Tan cierto como la vida misma.

“Atraco A Las Tres” ha quedado como una de las mejores comedias de la edad de oro del cine español, un film que gustará a todas las generaciones por su sencillez y por las magistrales interpretaciones de su reparto.

“Este es un negocio como otro cualquiera”.

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...por Antonio Noblejas ...por Antonio Noblejas


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