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Ben-Hur

Judah Ben-Hur: En el momento en que iba a morir pude oírle decir: “Padre, perdónales que no saben lo que hacen”
Esther: Incluso entonces…
Judah Ben-Hur: Incluso entonces. Y sentí que su voz me arrancaba la espada de la mano.

Diálogo extraido de “Ben-Hur” (1959)

El judío Judah Ben-Hur (Charlton Heston) es el protagonista de esta historia en la cual las desventuras de este personaje corren paralelas al desarrollo de los últimos años de vida de Jesucristo. “Ben-Hur” no es un film exclusivamente religioso, como podría serlo “Los diez mandamientos”, que trata de reproducir un pasaje determinado de La Biblia; como deducimos del extracto que acabáis de leer, es una historia sobre la que Cristo tiene una continua influencia, aunque el protagonismo sea el de esa espada que Ben-Hur lleva en el corazón y que mueve sus actos durante todo el film. Una historia de venganza, de búsqueda de la redención mediante la sangre.

Ben-Hur es un respetable y adinerado habitante de la provincia romana de Judea, que cae en desgracia al intentar proteger a un grupo de judíos patriotas de las iras del comandante romano Messala (Stephen Boyd). Messala es amigo íntimo de la infancia de Judah, pero de nada servirá la cariñosa relación que han tenido siempre, y Judah será condenado cruelmente a las galeras por encubrir a criminales, mientras que su madre Miriam (Martha Scott) y su hermana (Cathy O´Donnell) serán encarceladas. A partir de este punto, Judah Ben-Hur tan sólo vivirá para asegurarse de llevar a cabo la venganza contra su antiguo amigo. Sus peripecias le conducirán por las galeras romanas, entre naufragios y actos heroicos, hasta que la suerte vuelve a sonreírle y entra triunfal a Roma como principal competidor de Messala en la gran carrera de cuadrigas ante el mismísimo César. La vida de Ben-Hur durante este tiempo se cruza con momentos puntuales de la existencia de Jesucristo (el sermón en la montaña, la Pasión y crucifixión…). Finalmente, cuando Cristo es crucificado, Ben-Hur le escucha decir sus últimas palabras, “Padre, perdónales que no saben lo que hacen”, y entonces se le revela la verdad y descubre que toda su peripecia para vengarse de Messala, fallecido en las cuadrigas, no le ha hecho mejor, ha sido una equivocación, y es la voz de Cristo la que, simbólicamente, le arranca la espada vengadora de la mano.

Este film de William Wyler producido en 1959 por la Metro Goldwyn Mayer, está basado en una novela de Lewis Wallace de 1880, “Ben-Hur”: Una historia de Cristo, que ya fue beneficiaria de una adaptación cinematográfica en 1925, la también colosal y carísima “Ben-Hur” dirigida por Fred Niblo y protagonizada por Ramon Novarro (Wyler tomó parte en esta primera versión como asistente de dirección).
Ya sea por el contenido de la novela original, por la densidad y cálculo del guión de Kurt Tunberg, Christopher Fry y Gore Vidal, o por la fuerza de sus imágenes, este “Ben-Hur” de 1959, el film más oscarizado de la historia -11 estatuillas- junto con Titánic (1997) y El Señor de los Anillos: El Retorno del Rey (2003), es al menos en mi opinión mucho más que un gigantesco relato bíblico al uso. La película gana en todas sus apuestas, las del intimismo y las de la épica. Las escenas dramáticas entre personajes poseen una emoción genuina, visionad la secuencia en la balsa después del naufragio que protagonizan el esclavo Ben-Hur y el general romano Quinto Arrio (interpretado por Jack Hawkins), a quien el judío acaba de salvar la vida, o las medidísimas apariciones de Cristo, a quien jamás vemos el rostro, o el reencuentro entre Ben-Hur y su familia cuando este regresa a Judea. Y la otra apuesta del film, las escenas espectaculares con miles de extras son, como todos sabemos, patrimonio de la memoria cultural de toda la humanidad; en concreto, “Ben-Hur” ha pasado a la historia por la archiconocida secuencia de la carrera de cuadrigas en Roma.

Quiero hacer notar algo importante con respecto a las cuadrigas. La espectacularidad de sus imágenes no sería la misma si los sentimientos que han aflorado entre los protagonistas de la película, Judah Ben-Hur y Messala, que compiten en la carrera, no estuvieran lo suficientemente bien expresados. Actores, guionistas y director han hecho el trabajo de forma sobresaliente, y para cuando empieza la colosal competición del circo romano, los conflictos de los personajes están en su perfecto lugar, para que catapulten nuestras emociones mientras asistimos al desparrame de violencia, competición y los gritos de los miles de extras. La espectacularidad sola no basta, sería algo hueco sin el buen trabajo dramático realizado hasta entonces.

La carrera de cuadrigas fue planeada por William Wyler, aunque Andrew Marton y el veterano especialista Yakima Canutt la llevaron a la práctica en el rodaje. Es un prodigio en cuanto a planificación y tempo cinematográfico, además de un derroche de producción. El sistema panorámico MGM Camera 65 (rodaron la película con cámaras de 70mm, aunque con esta nueva variación ideada en la Metro) nos permite gozar en todo su esplendor de las espectaculares vistas del Circo romano, los 8000 extras utilizados (que tuvieron que aguantar durante el rodaje calores e incomodidades extremas) y el decorado más monumental construido hasta entonces (más de 70000 metros cuadrados). El proceso de filmar esta secuencia se alargó durante 3 meses, aunque el resultado final valió la pena, sin duda. La leyenda negra cuenta que uno de los especialistas murió por accidente durante el rodaje, pero no existen datos fidedignos de ello, y la idea parece una invención salida del mismo mito que creó el film.

“Ben-Hur” era la culminación, y quizás el canto de cisne, de la época dorada del cine monumental de Hollywood. Films en los que las cifras cobraban tanto protagonismo como los actores y los guiones, en este caso, 300 sets de decorado construidos, 50000 extras, 350 papeles hablados, 15 millones de dólares de presupuesto, 40 millones de ingresos el primer año de su estreno… Es obligado recordar que la Metro salvó los trastos de su mala situación económica gracias a los ingresos que les proporcionó “Ben-Hur”.

Para la historia quedan las cifras, es inevitable, pero también los momentos que he citado, y muchos otros que permanecen en la sombra del morbo, como la homosexualidad latente entre los dos amigos Judah y Messala, procedente de la novela original, y que el mismo Wyler quería hacer más patente, pero cuentan que las principales objeciones llegaron del propio Heston, temeroso de que demasiadas insinuaciones dañaran su imagen viril; otro momento, en este caso lleno de humor e ironía, cuando el rico árabe (Hugh Griffith) criador de caballos a los que trata como a hijos, espeta enfadado en un momento de la película: “¿piensas que puedes tratar a mis caballos como animales?”. Y una cita más del diálogo que resume que la venganza es la principal motivación de Judah Ben-Hur y el discurso ético alrededor del cual gira la película: Ben-Hur conversa con el sabio rey Baltasar:

Ben-Hur: Tengo que tratar con Messala a mi manera.
Baltasar: Y tu manera es matarle.

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...por Marc Monje ...por Marc Monje


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3 comentarios en Ben-Hur

  1. Es fascinante la película “Ben-hur”. Una obra maestra en su tiempo y un ejemplo magitral del cine bíblico.

  2. Era la máximo del cine monumental. Grandes escenarios, grandes diálogos, grandes historias, grandes actores… todo a lo grande. “Ben-hur” es sinónimo del Hollywood más dorado de todos los tiempos.

  3. No es una leyenda, es totalmente cierto. Mi abuelo era Guillermo Méndez el doble de Charlton Heston en “Ben-Hur”, también de Yul Brynner y de otros y efectivamente siempre contaba esa anécdota, también era el doble de Clint Eastwood, de hecho en “Por un puñado de dólares” es el Sheriff, se puede ver en el reparto del final de la película.

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