La proyección de la pelÃcula titulada “Bienvenido Mr. Marshall” en el festival de Cannes de 1953 fue toda una sensación.
Las dotes de comedia de Luis GarcÃa Berlanga y el uso que este hacÃa de la misma para trazar una panorámica social de la España de la época encontraron en el certamen francés el eco internacional que merecÃan.
“Bienvenido Mr. Marshall” recibió un premio como mejor pelÃcula de humor, y se hubiera hecho con la Palma de Oro, si no llega a ser porque el presidente del jurado, el actor Edward G. Robinson, se sintió ofendido por la imagen que se daba de la bandera de Estados Unidos en un plano del film. Con su escaso sentido del humor, Robinson consiguió sus objetivos de alejar el film de Berlanga del máximo galardón, pero nadie pudo evitar que la crÃtica mundial se rindiera sin paliativos al Marshall de Berlanga.
A principios de los cincuenta, Europa vive una situación pésima. La economÃa se encuentra completamente enfangada y no ha levantado cabeza desde que acabó la Segunda Guerra Mundial. Los gritos de auxilio del viejo continente llegaron, por fin, al gobierno estadounidense que tuvo que decidir si actuaba o no. No dudaron mucho los americanos, ya que si Europa no salÃa del hoyo, poco tendrÃan que vender ellos allÃ, y necesitaban dar salida a sus negocios y exportaciones, además, por encima de todo estaba la creencia de que si no actuaban, el comunismo aprovecharÃa la debilidad europea para expandir sus semillas de maldad. Una vez confirmado que se acudirÃa a socorrer a los paÃses castigados por el conflicto bélico se ideó un plan de ayuda económica, el Plan Marshall, diseñado por el general George Catlett Marshall, con el cual se pretendÃa inyectar unas buenas dosis de salubridad económica en Europa en un plazo de cuatro años.
España, que hasta entonces habÃa sido aislada por las democracias europeas -y también por Estados Unidos-, vivÃa entonces tiempos de tÃmida apertura, con alguna que otra visita del ministro de exteriores americano o el ingreso en la UNESCO. Desgraciadamente, Franco se quedó sin demasiada tajada del Plan Marshall, los americanos reservaron para él otro tipo de inyección económica: bases militares a cambio de créditos. España cedÃa su estratégica geografÃa a Estados Unidos para construir bases militares (Rota, Torrejón de Ardoz…) a cambio de la concesión de créditos millonarios que aliviarÃan la situación de enorme estancamiento económico.
Una visión muy certera de toda esta situación tuvo que tener Luis GarcÃa Berlanga para crear “Bienvenido Mr. Marshall”. En un principio se le pidió que para su siguiente film, ideara una historia que publicitase la figura de la cantante folclórica Lolita Sevilla (que en la pelÃcula aparece bajo el nombre de Carmen Vargas), querÃan un vehÃculo de lo más cañà para el lucimiento de su estrella del cante, con números musicales y lugares comunes a todo trapo (en manos de otro director más conformista, “Bienvenido Mr. Marshall” habrÃa sido carne de “Cine de Barrio”). Berlanga, junto con su compañero en el guión J. A. Bardem (recordar además la participación del escritor Miguel Mihura en los diálogos), ideó una divertida sátira del aislacionismo al que estaba condenada España desde que cayó el nazismo y Franco se quedó sin amiguetes. Milagroso fue que los productores aceptaran que “esa” pelÃcula servirÃa para lucir a Lolita Sevilla, e igualmente increÃble que la censura dejara pasar un testimonio que, si bien en clave de comedia, dejaba al descubierto la patética situación de un paÃs sin recursos, abocado a la pobreza endémica, que dejaba todos sus sueños e ilusiones en manos de unos supuestos salvadores que, finalmente, pasarÃan de largo.
“Bienvenido Mr. Marshall” empieza con una voz en off, la de Fernando Rey, que describe con sosegada parsimonia las calles y las gentes del tranquilo pueblo de Villar del RÃo. La normalidad vital de los habitantes de la villa y de su alcalde (interpretado por el grandÃsimo Pepe Isbert, un icono del cine español) se quiebra radicalmente por dos hechos, el primero, la visita de la famosÃsima cantante Carmen Vargas, que llega al pueblo acompañada por su representante, el segundo hecho es que se acaban de enterar de la puesta en marcha del Plan Marshall por parte de los americanos, que les sacará de su pobreza y llenará las calles de Villar del RÃo de billetes verdes.
Como se acerca la supuesta fecha en que la comitiva del Plan Marshall pasará por el pueblo, el alcalde decide que todo el mundo se va a poner a trabajar para engalanarlo todo como si fuera fiesta mayor, asà los americanos verán lo alegres que son en Villar del RÃo y les darán más dinero que a los demás.
A partir de aquÃ, la pelÃcula es una desternillante suma de escenas grotescas, vemos cómo los habitantes del pueblo escriben una verdadera carta de los reyes a los americanos para que les traigan las cosas más inútiles que uno pueda imaginar. Construyen decorados que convierten las calles de este pueblo de la sierra madrileña en un blanco y alegre pueblecito andaluz, bien tÃpico, turÃstico y folclórico, como piensa el alcalde que les gusta a los americanos. Las mujeres se visten con trajes tÃpicos del Sur, y juntos preparan una canción para recibir a la comitiva.
Finalmente, como todo el mundo sabe, la ilusión infantil de este grupo de pueblerinos se verá frustrada porque la caravana extranjera pasará por el pueblo sin detenerse, dejando a todo el mundo con un palmo de narices. Lejos de caer en depresión, la vida en Villar del RÃo no tardará en recuperar la normalidad, condenada a su habitual ostracismo, y terminando la pelÃcula como empezó, con sus habitantes haciendo sus labores sin que nada de lo que pasa en el mundo pueda afectarles lo más mÃnimo.
“Bienvenido Mr. Marshall” sigue ofreciendo hoy lecciones de crÃtica social a las nuevas generaciones de cineastas. Berlanga era un visionario, un raro avis en medio de la dictadura franquista, en un paÃs forzado a llevar vendas en los ojos. Retrató lo que significaba vivir en la España rural de los cincuenta, “la gran olvidada de Occidente”, satirizó los sueños y esperanzas inocentes de unos personajes cerrados a la fuerza del contacto con el exterior, y todo con amabilidad y un humanismo sin acritud ni desprecio.
Hace pocos años, se celebró en Guadalix de la Sierra (sÃ, el mismo pueblo donde se perpetran las ediciones de “Gran Hermano”) el cincuenta aniversario del rodaje de la pelÃcula, en la misma población que sirvió como decorado real del film, aunque Berlanga le cambió el nombre por el de Villar del RÃo. Los habitantes vivos que habÃan participado en el rodaje como extras (la gran mayorÃa de los 1000 habitantes de Guadalix tuvieron algo que ver en la producción) volvieron a juntarse en la calle principal para rodar de nuevo la famosa escena en que todo el pueblo ensaya la canción dedicada a los americanos. Para la ocasión, se recuperaron los mismos vestidos y trajes folclóricos que habÃan llevado en el rodaje de 1952.

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Se trata de un retrato de la época en la que España miraba a Estados Unidos como un paÃs que podÃa traernos bienestar. “Bienvenido Mr. Marshall” es un film que gana fuerza con los pasos de los años.
Tienes razón Mariana, “Bienvenido Mr. Marshall” gana puntos cada dÃa que pasa. Es como los buenos vinos, con el tiempo la perspectiva nos permite ver que se trata de una genial pelÃcula.