Hubo un tiempo en que bastaba una mirada del monstruo para que toda la platea se echara a temblar, cuando los únicos efectos especiales que existÃan eran la propia alma de los actores, en su deseo de aterrorizar al público sirviéndose exclusivamente de los recursos del cuerpo.
Las pantallas estaban pobladas por criaturas salidas del averno que eran interpretadas por verdaderos caballeros que se tomaban muy en serio su trabajo, la alta alcurnia del terror, actores con actitud e infinitos y sutiles recursos que conectaban directamente con nuestras debilidades, para producir el efecto tan deseado, el terror.
Lon Chaney en sus mil papeles, el extraño húngaro venido del frÃo Bela Lugosi, Claude Rains ocultando su invisibilidad con el rostro vendado en El hombre invisible, y por supuesto el más mÃtico de todos ellos, Boris Karloff, aquel que me fascinó incomprensiblemente cuando poco me faltaba para entrar en la adolescencia, cuando me preguntaba por qué en el cole no se hablaba de La momia con Karloff encarnando al faraón Im-Ho-Tep con el sarcófago abriéndose lentamente y la momia que empieza a desengrasar los ojos, los brazos, las piernas, su diabólica maldición dormida durante siglos…! Para mi no hay raza de actores tan pura y noble como la de los maestros del terror, he soñado alguna vez con tener en una misma mesa, compartiendo brandy y pipa al calor de una gran chimenea en un gélido castillo rumano, a Karloff, Lugosi, Vincent Price, Cristopher Lee y Peter Cushing.
La leyenda de Boris Karloff empieza a gestarse cuando el actor inglés (de verdadero nombre William Henry Pratt) es elegido para interpretar a la criatura creada por el doctor Frankenstein para la Universal, en 1931. Bela Lugosi, el húngaro que estaba triunfando con Drácula, habÃa rechazado el papel porque le ofendÃa que el monstruo no pronunciase una sola lÃnea de diálogo, además de negarse en redondo a someterse a las obligadas sesiones de maquillaje que exigÃa la caracterización. La opción alternativa para el director James Whale fue Boris Karloff, que hasta entonces habÃa ejercido de villano en papeles secundarios de westerns y thrillers.
En los tÃtulos de crédito no aparecÃa el nombre de Karloff, que era sustituido por un extraño “?”, pero a los espectadores les impresionó su actuación, con el actor definiendo a esa criatura de forma terrorÃfica a la vez que extrañamente trágica. Porque Frankenstein es una tragedia que habla de la incomprensión y la intolerancia, y el monstruo interpretado por Karloff es una vÃctima de todo ello. Para el recuerdo la escena con la niña, la flor y el lago, ¿puede existir una escena tan dulce, poética y finalmente tan terrorÃfica?
A partir de Frankenstein Karloff se convirtió en rival de Lugosi en las más sonadas producciones de terror de los treinta. Ahora en los tÃtulos de crédito figuraba su nombre en letras capitales con un escueto “Karloff”, sin incluir su nombre, subrayando la importancia y el impacto que la mera lectura de su apellido mellaba en el público. En la Universal aprovecharon el filón al máximo, y en 1932 llega la citada La momia, en la que Karloff se sometÃa a unas agotadoras sesiones de maquillaje que empezaban a las cuatro de la madrugada y terminaban al mediodÃa.
Con El caserón de las sombras (1932) vuelve a trabajar a las órdenes del maestro James Whale, y el mismo año la Universal cede al actor a la Metro para que ruede La máscara de Fu Manchú.
Después de no poder conseguir el papel protagonista en El hombre invisible, Karloff regresa a su Gran Bretaña natal en olor de multitudes. Allà rueda The Ghoul y aprovecha la estancia para jugar al cricket una de sus más conocidas aficiones. Karloff era un inglés elegante, culto y sensible, que además del cricket amaba la poesÃa, la jardinerÃa y colaboraba en diversas causas en favor del bienestar de los niños.
Con El gato negro (1934) y El cuervo (1935), basadas ambas en la obra de Edgar Allan Poe, encontramos a los dos gurús del terror Lugosi y Karloff compartiendo pantalla. Al contrario de lo que insinuaban las habladurÃas, ambos eran amigos y se respetaban mutuamente. La carrera de los dos actores discurrió en paralelo hasta finales de los treinta, cuando definitivamente Lugosi cayó en el olvido y Karloff, gracias sobre todo al teatro, sà consiguió mantener el prestigio a salvo.
En 1935 aparece un punto rojo de alarma que señala un decreciente interés del público por el terror, aunque Karloff vuelva a bordar a su querido monstruo en La novia de Frankenstein de James Whale, en la que sin embargo destacará por méritos propios la impactante y breve caracterización de Elsa Lanchester como “novia” del monstruo.
La carrera de Karloff dará un giro importante en el cambio de década, y tratará de despegarse de los papeles de terror trabajando en las producciones de serie B de la Columbia o la Fox. Sobre este fantasma del encasillamiento que le persiguió desde el dÃa que interpretó al monstruo de Frankenstein hasta su muerte, Karloff era sincero y humilde: “Cuando te encasillan es que has tenido suerte porque la audiencia te ha mostrado su preferencia. Pienso que la audiencia debe ser tu maestro. Ellos te dicen como prefieren verte, y no debes decepcionarles”. Pero el panorama en el umbral de los cuarenta estaba cambiando, y Karloff se despide definitivamente de la criatura de Frankenstein (”Dejé de interpretarlo. Estaba en decadencia, se habÃa agotado. Se estaba convirtiendo en un payaso”) con El hijo de Frankenstein (1939), junto con Basil Rathbone y Bela Lugosi.
A partir de entonces participa, como ya he dicho, en diversos thrillers y series B, colabora también en las producciones de terror de Val Lewton para la RKO y entra con éxito en el mundo de la televisión (en los cuarenta con Starring Boris Karloff y en los sesenta con la serie Thriller).
Mientras se hace mayor (cuando se rodó Frankenstein contaba ya con 45 años) se forma su estatus de culto que no ha ido sino acrecentándose hasta nuestros dÃas. En sus últimos años trabajará con Mario Bava (Black Sabbath, de 1963), Jacques Tourneur e incluso Peter Bogdanovich (en el último film importante del actor, Targets, de 1968). Terminará su carrera rodando cuatro films de bajo presupuesto con el director mexicano Juan Ibáñez.
El rostro más famoso del cine de terror dejará este mundo en su Inglaterra natal a los 82 años. Como también hicieron los demás nobles del terror a quienes antes he citado, elevó su profesión al rango de arte digno y respetable, tanto en sus films más logrados, como en las producciones de bajo presupuesto que se vio obligado a rodar para mantenerse a flote en las épocas de crisis.

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Boris Karloff fue el maestro del Terror.
Estoy totalmente de acuerdo Frankenstein no hubiera sido el mismo sin él.
Sus actuaciones como Frankenstein y Imhotep marcaron un antes y un después en el cine de Terror.
Boris Karloff tubo una extensa relación con Universal Pictures, hizo numerosas pelÃculas de terror: “Sed d Escándalo”, “Scarface”, “La máscara de Fu-Manchú”, “El caserón de las sombras”, “El gato negro”, “Frankestein”, “La novia de Frankestein”, “La Momia”, “El Cuervo”, “El hijo de Frankestein”…