Después de rehabilitar al héroe de Gotham tras la orgÃa multicolor y claramente hortera de Joel Schumacher, el británico Christopher Nolan afrontaba la continuación de la estimulante «Batman Begins» con medio mundo anhelando nuevas aventuras.
«Batman Begins» ofreció una revisitación más adulta e intelectualizada de las aventuras del hombre murciélago, transitando el personaje desde una dimensión mucho más oscurantista y decadente, desentrañando sus miedos y contradicciones y tomándose su historia desde una perspectiva más humana e incluso desmitificadora.
PoseÃa el primer film de Nolan grandes dosis de moralismo indisimulado y algunas diatribas sobre el peso de las acciones que uno asume y la ética con la que se llevan a la práctica. Un contenido de densidad emocional que se barnizaba con una atmósfera de degradación que conseguÃa transpirarse hasta el espectador.
Esa atmósfera amenazante de una ciudad en caÃda libre, peligrosa y que deja indefenso a cualquiera de sus habitantes, en la que todo el mundo puede morir, seas o no un héroe, es la mejor baza que Nolan ha cuidado hasta el detalle en «El Caballero Oscuro» donde los héroes no son más que vigilantes, los malos son auténticos enfermos y la perversión del sistema socioeconómico puede corromper hasta el más honesto de sus conciudadanos.
Ese olor a podrido que transmite el film, le sirve a Nolan para establecer un diálogo convincente sobre la tenue separación de lo bueno y de lo malo, de las dos caras de la moneda que todos tememos, de la necesidad de un extremo que tiene el otro y de la delgadÃsima lÃnea que nos separa de nuestra derrota moral.
Joker hace de este terreno ponzoñoso y desmoralizado su particular alfombra roja. Heath Ledger roza la magistralidad con la composición de un villano absolutamente enfermizo pero inteligente, un demente de nuestros dÃas, un psicópata repugnante que tiene muy claro lo que es la fragilidad humana y que vive para precipitarla a los infiernos.
Su alegato en el que expresa la necesidad de lo bueno para sobrevivir (dense cuenta que está cabeza abajo, al contrario que su adversario) y pone en duda la honestidad humana, además de condenar a la desgracia «in eternum»Â a un Batman que siempre tendrá que perseguir a alguien, deviene uno de los diálogos más inspirados sobre dos seres condenados a «tenerse» para lograr definirse.
En ese otro lado está un Batman que vive atormentado y perdido, nada heróico, un ser humano condenado a cuestionarse continuamente, a ocupar un espacio al margen, tan «outsider» como su rival.
Y en medio, el fiscal Harvey Dent, la auténtica piedra angular de la obra de Nolan, la condensación perfecta de la corrupción de una persona, de cómo una sociedad obliga a saltar de la bondad a la perfidia, de cómo la cara se convierte en su cruz en un mundo asalvajado.
Cuando la bondad es perseguida y no entendida (Batman) y la maldad adquiere la libertad del sinsentido (Joker), lo lógico es que la segunda aparezca como un terreno mucho más cómodo que la primera (Dent).
BrillantÃsima reflexión que Nolan encaja con precisión matemática y envuelta en la espeluznante atmósfera opresiva que contagia cada uno de sus planos.
AquÃ, a diferencia de «Batman Begins», todos estos rasgos autorales de introspección intelectual son mostrados con mucha más transparencia y justificación, lo que despeja esta segunda entrega de los sermones un tanto ampulosos que inundaban la primera mitad de la reanudación de la saga.
Por otra parte, «El Caballero Oscuro» es un ejercicio absolutamente alucinante de majestuosidad cinematográfica.
Un guión de hierro, iniciado y acabado con maestrÃa, unas interpretaciones magnÃficas (Ledger pero también Aaron Eckhart, inconmensurable), un ritmo narrativo lleno de nervio y estilo, una dosificación del binomio acción-meditación impecable y una factura visual de enorme elegancia y distinción, configuran una de esas raras pelÃculas que te impresionan en cada secuencia, que reflexionan sobre la verdad oculta en lo que explican y que te clavan a la butaca con un viaje hacia un mundo que te fascina en cada fotograma.
Con «El Caballero Oscuro», Nolan ha levantado un monumento al buen cine.
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