En el 2002 Neil Marshall debutaba con la simpática ‘Dog Soldiers’, otra vuelta de tuerca al subgénero licántropo y pelÃcula con la que el director ya apuntaba maneras. Tres años más tarde llegó ‘The Descent’, una brutal y claustrofóbica cinta de terror survival mediante la cual Marshall se mostraba como un nombre a tener en cuenta dentro del género fantástico.
Ninguna de las pelÃculas citadas alcanzaba la cifra de 10 millones de dólares de presupuesto, y aunque su última pelÃcula ronde los 35 millones (una nimiedad comparada con los blockbusters hollywoodienses), se puede decir que Marshall sigue afincado muy convenientemente dentro del cine de bajo presupuesto (o serie B).
En ‘Doomsday: El dÃa del juicio’ se nos cuenta la historia de un mortÃfero virus bautizado como ‘Reaper’ que está devastando la población del Reino Unido.
En cuestión de dÃas la pandemia ha recorrido casi todo el paÃs y son millones las personas afectadas, especialmente en Escocia, foco del virus. Como medida para contener su avance, el gobierno declara un estado de cuarentena que consiste en construir enormes murallas alrededor del paÃs y levantar controles por carreteras, puertos, etc., de modo que quede aislado y nadie pueda entrar ni salir de él.
Asà es como empieza lo que podriamos llamar el ’sálvese quien pueda’.
Veinticinco años después, cuando el virus parecÃa haber desaparecido, éste brota de nuevo en un Londres superpoblado e incapaz de contener la amenaza. La única posibilidad que tiene el gobierno es mandar a un equipo de especialistas fuera de las murallas para encontrar el antÃdoto que presumiblemente desarrolló el Dr. Kane hace ya más de dos décadas.
Al frente de dicho equipo estará la oficial Eden Sinclair (Rhon Mitra), cuyo objetivo, además de encontrar a Kane o el antÃdoto (lo que llegue primero), será intentar que todos vuelvan sanos y salvos de tan peligrosa misión.
Algo que ya quedaba pantente en el trailer y que se confirma tras el visionado de la pelÃcula, son sus similitudes con otras cintas de futuros apocalÃpticos. Lejos de disimularlo, Marshall lo que ha pretendido es ofrecer un claro homenaje a aquellas pelÃculas setenteras y ochenteras en las que el mundo se ha convertido en un lugar decante y bárbaro dónde impera la ley del más fuerte.
Para ello no ha dudado en hacer un popurrà de films tan emblemáticos como ‘1997: Rescate en Nueva York’ de John Carpenter o ‘Mad Max’ de George Miller, aderezado todo con una pizca de ‘28 semanas dÃas/semanas después’. AsÃ, por un lado tenemos el protagonista a modo de antihéroe -en este caso, antiheroÃna-, la misión de vida o muerte con intereses humanitarios y polÃticos de por medio, ciudades devastadas y repletas de cadáveres, y violentas tribus urbanas surgidas tras el declive.
El inicio del film, enfocado en la evacuación de las ciudades, recuerda sobremanera a la reciente ‘Soy leyenda’, mientras que el resto casi podrÃa considerarse una revisión moderna (y con ‘infectados’) del referido film de John Carpenter. Sin ir más lejos, un personaje del equipo de Sinclair se apellida como el citado director.
A eso hay que añadirle una premisa argumental muy similar y una protagonista que comparte rasgos en común con el gran Serpiente Plissken (parche incluÃdo, aunque sólo sea por unos minutos). Incluso tenemos un combate a vida o muerte de la prota contra un guerrero y que sirve de entretenimiento para las masas; algo que ya ocurrÃa en el film de Carpenter, sólo que allà Plissken peleaba en un cuadrilátero de boxeo mientras que aquà Sinclair lo hace en algo más parecido al Coliseo romano (aunque en un ambiente medievo).
La búsqueda del antÃdoto se complica cuando aparece en escena un grupo de supervivientes del virus y que ahora pululan por la ‘zona caliente’ armados hasta los dientes, ataviados como si fueran punks postmodernos (he aquà la referencia a la trilogÃa de Miller) y gastando muy malas pulgas. Por supuesto, nuestra protagonista les hará frente sin pestañear, lo que proporcionará al espectador unas cuantas dosis de acción a base de violentas y sangrientas peleas, y persecuciones de lo más trepidantes y jugosas.
PodrÃamos decir que una de las virtudes de esta pelÃcula, y en mayor medida, de la filmografÃa de Marshall, es el explÃcito tratamiento de la violencia y de la sangre, rehuyendo asà de la dañina y cada vez más habitual costumbre de suavizar (o censurar, como gusteis) todas las pelÃculas comerciales bajo el amparo de la calificación PG13 (osease, sacar más pasta abordando a todos los públicos).
Aquà se nos muestran decapitaciones, amputaciones y ejecuciones en todo su ‘esplendor’ y con todo lo que eso conlleva, es decir, con sangre a borbotones que hará las delicias del aficionado al gore y que supondrán la inmediata desaprobación del público más sensible y/o puritano. Si bien hay que decir que en determinados momentos el director también es capaz de recurrir a la elipsis con idénticos y eficaces resultados.
Desgraciamente, el punto débil (y a veces a favor) de la pelÃcula es precisamente esa clara referencia a las pelÃculas anteriormente señaladas. Está claro que Marshall cuenta con la comicidad del espectador (en mi caso eso no supone un inconveniente) pero el problema es que a lo largo de la pelÃcula sentimos una permanente sensación de ‘deja vu’ que se acentúa aún más por la poca originalidad de la historia y por el intento de mezclar demasiadas pelÃculas en una.
Por ejemplo, hacia la mitad del filme, el ambiente postapocalÃptico deudor de Mad Max se transforma en algo retro-medieval, recordándonos -y no para bien- a la casposa ‘Beowulf’ (la de Christopher Lambert), producción en la que precisamente actuaba Rhona Mitra. Este tramo resulta bastante chocante y desentona enormemente con el resto. Y es que lo suyo hubiera sido decantarse por un estilo y ambientación en particular y no querer mezclar tantas elementos en un film cuya trama no permite mucha variedad.
Pese a ese desafortunado inciso, la historia sigue por su cauce, de nuevo emulando la saga de George Miller con una espectacular y emocionante persecución automovilÃstica que supone ya el tramo final de la pelÃcula y también uno de los platos fuertes de la misma. Es aquà donde el director vuelve a demostrar un perfecto dominio de la cámara, buscando ángulos imposibles y coreografiando una persecución bestial en todos los sentidos (aunque también es cierto que puede llegar a marear).
Sobre las interpretaciones no hay mucho que decir. Rhona Mitra cumple como dura heroÃna, papel que es más fÃsico que interpretativo. Recuerda a la Sarah Connor/Linda Hamilton de ‘Terminator 2′, siguiendo también un poco la estela dejada por otras estoicas féminas como la Alice/Milla Jovovich de ‘Resident Evil’.
Los rostros más conocidos del reparto son Malcolm McDowell y Bob Hoskins, cuya interpretación es de esas de puro trámite para cobrar el cheque, es decir, se limitan a aparecer unos minutos en escena de forma eficiente y poco más. Desde luego ninguno de los dos será recordado por estos personajes.
El resto está meramente correcto y tan sólo destaca por encima de todos un adecuadamente histriónico Craig Convay, el punkie zumbado que persigue a Sinclair la mayor parte del metraje.
En definitiva, una pelÃcula de acción para pasar el rato sin comerse mucho el tarro, con multitud de referencias a otras pelÃculas, unas dosis de gore y acción en cantidades industriales. Eso sÃ, todo realizado a la antigua usanza y sin apenas utilizar el ordenador (sólo en casos puntuales). Vamos, que aquà lo que explota lo hace de verdad y los especialistas se ganan el sueldo a base de bien.
Y en estos tiempos que corren, donde lo digital impera por encima de lo artesanal, se agradece que alguien marque la diferencia, aunque eso suponga menos espectadores en la sala. A fin de cuentas, ese aire a serie b que destila la pelÃcula nos encadila tan sólo a unos pocos, y precisamente es a estos pocos a quien va dirigida esta producción futurista de modestas pretensiones.
De Marshall quizás podrÃamos haber esperado/exigido más, pero de seguro que de haber sido otro el que llevara a cabo esta gamberrada, el resultado se hubiese convertido en un despropósito intragable.
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