La primera vez que ví ‘Batman Begins’ debo reconocer que no me gustó nada. La resurrección del personaje en manos de Christopher Nolan no era la que yo esperaba. Con la llegada, tres años más tarde, de ésta su secuela, no me quedaba otra que darle una nueva oportunidad para poder afrontar el visionado de ‘The Dark Knight’ lo menos condicionado posible.
Tras un segundo visionado y pese a no disgustarme, sigo considerando ‘Batman Begins’ una película altamente sobrevalorada, ya que para mí no deja de ser un film bastante correcto. Claro que viendo como hundió Joel Schumacher al personaje, no es de extrañar que una película como aquella fuera tan bien recibida por los fans.
Dicho esto, mi predisposición con esta nueva entrega del murciélago justiciero era bastante neutral. Ni esperándola con los dientes largos, ni afilando los cuchillos para machacarla. Pasara lo que pasara, poco me importaba ir a contracorriente, aunque tantos halagos desde el otro lado del charco no hacían sino picarme aún más la curiosidad y, en cierto modo, empezar a temer por mi pellejo en caso de tener que hacerle una crítica negativa.
Por suerte, puedo decir que mi pellejo ya no corre ningún peligro porque ‘The Dark Knight’ es una secuela superior a su predecesora en todos los aspectos, con lo cual resulta dificil buscarle los ‘peros’.
En la ciudad de Gotham un nuevo y temible delincuente trae de cabeza a la policía. Su nombre es Joker, y está dispuesto a sembrar el caos con sus actos delictivos y a sumir Gotham en las tinieblas. Solamente existe un rival que pueda plantarle cara a este lunático de aspecto tétrico, y ese es Batman, el nuevo guardián que vela por la seguridad de los ciudadanos.
Con la ayuda del íntegro teniente Jim Gordon (Gary Oldman) y del emergente Fiscal del Distrito Harvey Dent (Aaron Eckhart), Batman decidirá capturar al Joker y terminar de una vez por todas con el crimen organizado de la ciudad.
Pero nuestro héroe no contaba con la gran astucia de su nuevo enemigo y pronto se verá envuelto en una encrucijada de la sólo podrá salir tomando una serie de difíciles decisiones.
Si en ‘Batman Begins’ Bruce Wayne debía afrontar sus miedos y proyectarlos hacia la figura justiciera de su Batman, en ‘The Dark Knight’ éste deberá replantearse su condición de (super)héroe y hacer frente a las consecuencias que provoca su, no siempre agradecida, presencia en Gotham. Esta es una cuestión habitual en las películas de superhéroes, dado que el peso de llevar una doble vida es muy grande y casi siempre las relaciones sociales y personales de sus alter egos suelen verse profundamente afectadas, o mejor dicho, sacrificadas.
Batman está haciendo limpieza en Gotham pero las cosas se lo complican con la llegada del Joker, un tipo que a diferencia de nuestro héroe, carece de principios.
La eterna batalla del bien y del mal se ve representada en estos dos personajes, siendo uno la antítesis del otro. Y por supuesto, la ciudad es demasiado pequeña para dar cabida a los dos. El duelo traerá importantes consecuencias tanto para nuestro protagonista como para todos los que le rodean.
Los hermanos Nolan y David S. Goyer han ido un paso más allá de lo que podemos entender como película de superhéroes. De hecho, le han dado una nueva dimensión, algo que ya se apreciaba en la primera parte de este ‘borrón y cuenta nueva’ de la franquicia.
Los tres han creado un guión sólido, inteligente y maduro. Tres calificativos que juntos difícilmente pudieramos adjudicárselos a una película de superhéroes sin originar la disparidad de opiniones entre el público y la crítica. En cambio, éste es un caso de -por el momento- unanimidad, ya que es complicado no deshacerse en halagos ante una propuesta tan seria, adulta y profunda, y la vez tan tremendamente eficaz en su vertiente más comercial.
‘The Dark Knight’ se puede clasificar más adecuadamente como un thriller policiaco cargado de connotaciones morales, y es que si no fuera por las apariciones de un Wayne embutido en su traje de murciélago, no tendriamos la sensación de estar presenciando la adaptación de un personaje de cómic. Y probablemente ahí radique la grandeza de esta película, ya que pocas veces se ha tratado a un superhéroe de la forma en la que lo ha hecho Nolan.
La trama se desarrolla sin prisas pero sin pausas y haciendo funcionar el cerebro del espectador a cada paso que héroes y villanos dan. No hay momentos de bajón ni situaciones de relleno, ya que todo está calculado al milímetro para llevar a cabo una historia bastante compleja y densa que además viene cargadita de sorpresas (cuando crees saber lo que va a ocurrir, resulta que luego sucede algo que realmente no te esperabas).
El guión profundiza mayormente en los personajes interpretados por Bale (Wayne), Ledger (Joker) y Echkart (Dent), quedando el resto (Maggie Gyllenhaal/Rachel Dawes/ y Gary Oldman/Gordon) en un segundo plano, aunque sin restarles importancia en la trama.
Y sobre las actuaciones de los mismos, hay que destacar primeramente la extraordinaria interpretación del malogrado Heath Ledger, que logra lo que pocos pueden: hacer que olvidemos al actor y veamos al personaje.
El Joker de Ledger es pura maldad. Produce temor y perturba los sentidos. Es el caos en una ciudad que le brinda la oportunidad de desatar su crueldad, su demencia y su inmoralidad. El antagonista perfecto para rivalizar con nuestro superhéroe.
Christian Bale cumple de nuevo con su papel, algo que todos ya dabamos por sentado. Y junto a él, repite muy correctamente y más contenido de lo habitual, Gary Oldman, que aquí consigue un mayor protagonismo respecto a la primera entrega.
Aaron Eckart otorga firmeza y carácter a Harvey Dent. Y a diferencia de los demás, debe transmitir al espectador dos visiones muy distintas de un mismo personaje: el que quiere vencer al mal y que el acaba sometido a él. Ni que decir que en ambos casos cumple de sobras.
Y otra nueva incorporación es Maggie Gyllenhall sustituyendo a la insulsa Katie Holmes en el papel de Rachel Dawes. Esta vez su personaje tiene más que decir gracias a que detrás de él hay una mejor actriz, si bien la dificultad que conlleva éste no es equiparable al de sus compañeros de reparto.
Morgan Freeman y Michael Caine como Lucius Fox y Alfred, respectivamente, son los que más peso pierden en la historia, aunque no por ello dejan de ser necesarios (y estar bien interpretados)
También aparece un villano ya conocido, aunque su presencia es más bien anecdótica y responde más a motivos explicativos (en relación a Batman Begins) que a argumentales (poco o nada tiene que ver con esta nueva historia).
La película ofrece, además de una intriga policial perfectamente desarrollada y adictiva, unas escenas de acción cuidadas y algunos -aunque pocos- momentos cómicos, propiciados mayormente por los ingeniosos diálogos entre Bruce Wayne y su mayordomo Alfred.
Quizás se le pueda pedir más espectacularidad e incluso mucha más acción -aunque hay la suficiente-, pero la trama en sí engancha tanto que ya poco nos importa la cantidad de hostias que reparta Batman o cuál será el nuevo gadget que utilizará para salvar la situación. Ahora lo que importa es el fondo y no el revestimiento; los psicología de los personajes y no su caracterización; la resolución de los hechos y no la espectacularidad con la que se resuelven.
Y lo que hayais visto en los trailers no es ni la mitad de lo que las dos horas y media de metraje os va a ofrecer.
Probablemente estemos ante la mejor película de superhéroes que se haya hecho hasta el momento, ya que ha sido capaz de conjugar el espectáculo de una película de género con la solidez de un guión complejo e inteligente.
El cierre de la misma propicia perfectamente una tercera entrega, aunque es lo suficientemente concluyente como para no tener la sensación de habernos dejado a medias. Superar el listón va a ser muy pero que muy dificil, pero si ya lo han hecho una vez, no debemos poner en duda que puedan volver a hacerlo.
‘The Dark Knight’ es lo que a una película de Batman deberiamos exigirle… y más.
Batman, Christian Bale, Christopher Nolan, The Dark Knight
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