Actores principales de “El coloso en llamas”: Steve McQueen, Paul Newman, William Holden, Faye Dunaway, Fred Astaire, Richard Chamberlain, Jennifer Jones ¡O.J Simpson! Robert Wagner, Robert Vaughn…
Parece un listado de actores populares escogidos al azar, pero hubo una época en que era posible juntar un casting de este calibre en una misma pelÃcula. Sucedió en los años 70. La saga “Aeropuerto”, la saga “Poseidón”, “El coloso en llamas”, “Terremoto”, “Meteoro”… el cine de catástrofes de los 70. PelÃculas para combatir tiempos de crisis económica y miedos del inconsciente colectivo, Hollywood construye decorados inmensos y luego los destroza en honor a un terremoto, un gran incendio o un accidente aéreo, y las estrellas de otra época vuelven a ganar dinero y protagonizan estas odas épicas a la destrucción.
Y si hay una pelÃcula representativa del género catastrofista, esta puede ser “El coloso en llamas”. El film, rodado en 1974, cuenta una tragedia monumental que hace las delicias del buen fan de la catástrofe cinematográfica: Se inaugura en San francisco el edificio más alto del mundo, La Torre de Cristal, un imperio vertical de 135 pisos. En la fiesta inaugural están presentes todas las autoridades de la ciudad, además del arquitecto (interpretado por Paul Newman) y el promotor del edificio (William Holden). Pero una chispa en una caja de conexiones en el piso 18, además de un pequeño incendio originado unos pisos más arriba, son el inicio del drama. Pronto las llamas bloquean las escaleras y los ascensores, al tiempo que ascienden piso a piso poniendo en peligro la vida de los asistentes a la inauguración. Ahora, cuando la situación es lÃmite, es cuando los personajes dejarán ver su verdadera cara (como sucede invariablemente en cualquier pelÃcula del género), los cobardes por un lado y por otro los héroes como el jefe de bomberos (Steve McQueen) y el propio arquitecto, que contribuyen decisivamente a que la pelÃcula acabe entre lágrimas de emoción y abrazos, no sin dejar detrás un paisaje desolador de toneladas de acero y cristal destruido y muchas vÃctimas que no podrán contarlo.
“El coloso en llamas” fue desde su nacimiento un proyecto inédito en la historia del cine. Por primera vez dos grandes majors de Hollywood (20th Century Fox y la Warner), unÃan sus fuerzas en producir una pelÃcula. La causa era que la Fox habÃa comprado los derechos de la novela “The glass inferno”, escrita por Thomas N. Scortia y Frank Robinson, con intención de adaptarla a la gran pantalla, y lo propio habÃa hecho la Warner con otra novela muy similar, “The tower”, de Richard Martin Stern. Ante la perspectiva de producir dos films demasiado parecidos que se estrenarÃan casi a la vez, las dos majors decidieron poner los dos libros sobre la mesa y parir un proyecto hÃbrido en el que ambas aportasen el 50% de esfuerzos. Se acordó que la Fox cobrarÃa la recaudación que tuviera el futuro film en Estados Unidos, mientras que la Warner se embolsarÃa lo que obtuvieran en el extranjero.
Stirling Silliphant (guionista en el clásico de ciencia ficción “Village of the Damned” y en otro popular film de catástrofes, “La aventura del Poseidón”) fue el encargado de trocear las dos novelas, amasarlas y sacar del horno un guión nuevo, “El coloso en llamas”. The glass tower, nombre que recibe el rascacielos en la pelÃcula, ya era en sà mismo una mezcla de los tÃtulos de las novelas, pero además se combinaron en el film diferentes aspectos de cada una. Por ejemplo, Silliphant tomó de cada libro 7 personajes para utilizarlos en el guión, y en la parte más climática del film, se sirvió de dos vÃas de rescate tomadas de cada una de las novelas: intento de rescate utilizando un rascacielos cercano, y hacer explosionar los tanques de agua situados en la azotea para bañar todo el edificio con miles de litros de agua.
Con 14 millones de dólares de presupuesto, la pelÃcula fue producida por un especialista, Irwin Allen, que también se encargó de dirigir las secuencias de acción. Se construyeron 57 decorados que, en su mayor parte, quedaron destruidos al final del rodaje, y además se utilizaron todo tipo de efectos especiales, trucajes, pinturas, y maquetas para no dejar dudas de que en San Francisco se estaba quemando el edificio más alto del mundo. Es curioso observar cómo en las novelas originales se inspiraron en unos rascacielos que se estaban alzando en Nueva York a principios de los setenta: las torres gemelas del World Trade Center. Incluso en uno de los libros, el rascacielos estaba situado junto a las dos torres, y una de ellas era decisiva para organizar desde allà el rescate de las personas atrapadas. Es tan duro observar cómo quien se maravilló por el film en los años setenta no podrÃa ni imaginar que décadas después, la realidad superarÃa de largo a la ficción…
El casting fue otro de los aspectos en el que los productores no repararon en gastos. No hay un film de catástrofes que se precie sin un buen número de leyendas de Hollywood y estrellas en proyección. En este caso, además de los veteranos Fred Astaire o William Holden en papeles secundarios, destacaban los dos protagonistas absolutos de la función: el jefe de bomberos interpretado por Steve McQueen, y el arquitecto que encarna Paul Newman.
McQueen estuvo a punto de ser pareja de Newman en 1969 con “Dos hombres y un destino”, pero finalmente rechazó el papel en favor del mucho más desconocido Robert Redford. Tanto Newman como McQueen cobraron por su trabajo en “El coloso en llamas” 1 millón de dólares, además del 7,5% de los beneficios en taquilla por cabeza. Aunque McQueen era la elección de Irwin Allen para encarnar al arquitecto, este prefirió ser el jefe de bomberos. Para regir polémicas, ambos actores figuraron en los créditos en igual tamaño, sin dejar que nada, por sutil que fuese, condujera a pensar que uno era más protagonista que el otro. Incluso McQueen, que en el rodaje rechazó cualquier entrevista, además de prohibir que se le acercara a cualquier visita, exigió, ya de forma obsesiva, tener exactamente el mismo número de lÃneas de diálogo que Paul Newman.
Durante el rodaje, Paul Newman se negó a aceptar en la mayorÃa de ocasiones la ayuda de dobles para las escenas peligrosas, e incluso Steve McQueen tuvo la oportunidad de practicar como bombero cuando se declaró un pequeño incendio en el plató, y él tuvo que colaborar como en la pelÃcula para evitar un desastre real.
Los paralelismos de “El coloso en llamas” con el otro gran clásico del cine de catástrofes, “La aventura del Poseidón” (1972), eran muy evidentes. Muchos miembros del equipo de aquel film de desastres marinos protagonizado por Gene Hackman (entre ellos el guionista Stirling Silliphant y los compositores Al Kasha y Joel Hirschhorn), participaron también en “El coloso en llamas”, mientras que en esta última se utilizó en algunas escenas una versión instrumental del score de “La aventura del Poseidón”.
El premio a todo el esfuerzo de coproducción entre la 20th Century Fox y la Warner llegó en forma de 7 nominaciones a los Oscar, de las que se llevaron finalmente 3: mejor fotografÃa (Fred Koenekamp y Joseph Biroc), mejor montaje (Harold F. Kress y Carl Kress) y mejor canción (”We may never love like this again”, de Al Kasha y Joel Hirschhorn).
“We may never love like this again”, jamás volveremos a amarnos asÃ, y jamás volveremos a ver pelÃculas asÃ. Un género, el de las catástrofes, denostado, centro de burlas de cinéfilos y crÃticos durante casi 40 años. Peor para ellos. Yo lo único que sé es que no se han vuelto a hacer pelÃculas de este pelaje, y que el tÃmido reavivamiento de este cine en los 90 (”Twister”, “Volcano”, “Speed 2″…) no le hace ni media sombra a cualquier coloso en llamas de los 70.

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¡Viva las pelÃculas de catástrofes! ¡Viva “El coloso en llamas”! Desde que vi la pelÃcula, veo los edificios altos y los rascacielos con otros ojos.
“El coloso en llamas” es un clásico de las pelÃculas catastróficas que tan de moda estaban en los 70. Una pelÃcula que personalmente me gustó.