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El Golem

“Golem” es un término hebreo utilizado una sola vez en la Biblia para designar a Adán en el momento previo a ser dotado de alma.

Siglo XVI. El rabino Löw (Albert Steinrück) advierte a sus conciudadanos del ghetto de Praga sobre la llegada del infortunio para los judíos. Efectivamente, el Emperador no tarda en promulgar una orden de expulsión al pueblo hebreo. El rabino, siguiendo unas ancestrales consignas numéricas, construye y otorga la vida a una gigantesca y poderosa criatura de arcilla, el Golem (interpretado por el director del film, Paul Wegener), con la que está convencido que terminará la desgracia de su pueblo. Decidido, viaja al palacio del Emperador acompañado del Golem para convencerle que derogue la ley contra los suyos. Una vez en audiencia con el Emperador y su corte, el rabino no recibe más que burlas por su petición. Pero en ese instante, como si fuera el resultado del sortilegio de un nigromante, los muros del palacio son sacudidos por un fuerte temblor, provocando que los pilares estén a punto de ceder y aplasten al Emperador, pero la intervención del Golem sujetándolos hace que todos salven la vida. El Emperador, complacido, promete al rabino cambiar su política persecutoria en el ghetto. Los tiempos felices que se avecinan empero, terminarán pronto, ya que el ayudante del rabino Famulus (Ernst Deutsch) tentará su suerte y utilizará el incontrolable poder del Golem para derrotar al príncipe Florian (Lothar Müthel), un caballero de la corte del Emperador que ha robado el corazón de su amada (Lyda Salmonova).

Realizada en 1920, enmarcamos “El Golem” en la corriente de cine expresionista que dominó esta y otras prácticas artísticas durante los pocos años que fructificaba la República de Weimar, antes del advenimiento del nazismo en 1933. Una buena definición de expresionismo: “El expresionismo ya no ve, tiene visiones. Según Edschmid, la cadena de los hechos: fábricas, casas, enfermedades, prostitutas, gritos y hambre, no existe; sólo existe la visión interior que provocan. Los hechos y los objetos no son nada por sí solos: es necesario profundizar en su esencia, discernir qué hay más allá de su forma accidental” (Lotte H. Eisner, La pantalla demoníaca).

En 1920 cualquier film producido en Alemania respondía a esa búsqueda de la “visión interior que provocan” los objetos y las situaciones de la realidad. Además de “El Golem”, pertenecen a esta época importantes piezas expresionistas como “Las tres luces” (1921) de Fritz Lang o “Sombras” (1923, Arthur Robinson). Pero quizás tenga el film que nos ocupa un componente original que lo aleja de propuestas expresionistas más radicales en la línea de “El gabinete del Dr. Caligari” (1919, Robert Wiene), como es su “expresionismo de mayor ligereza”, sin una distorsión espacial tan radical, con una cualidad pictórica de los planos más clásica y varias escenas rodadas en exteriores mostrados de forma más descriptiva que “expresiva”. La leyenda de tradición hebrea en la que se basa “El Golem” le da también al conjunto un aire romántico propio del XIX, algo por otro lado harto habitual en el arte alemán de Weimar.

“El Golem” transpira gran belleza, incluso me aventuraría a decir que es de los primeros títulos que entiende lo cerca que se encuentra la belleza del horror más absoluto. Como posteriormente reflejaría el cine con las criaturas de Frankenstein o el hombre lobo (la Universal y sus films de terror de los años treinta es deudora de este “Golem” de Wegener), el monstruo no es más que un ser inadaptado, que se rebela cuando se da cuenta que no puede ser humano. En este sentido, el Golem es una criatura que mueve a la piedad más que al miedo, y si no, su final definitivo a manos de un grupo de niños ajenos al peligro que representa acercarse a él, deja fuera cualquier duda; la muerte del Golem es, en su significación poética y su rara belleza, comparable a la escena en que el Frankenstein de Karloff juega con la niña poco antes de lanzarla al lago. En ambos casos, son los niños los que, desprejuiciados, entienden que detrás de la máscara monstruosa se esconde un corazón incomprendido. “El Golem”, que por cierto, al contrario de lo que muchos piensan no sigue la línea argumental de la novel homónima de Gustav Meyrink, se rodó en los estudios UFA el 1920, pero no se estrenó hasta 1926 en Berlín.

Paul Wegener (1874-1948) es el artífice de esta obra clásica de la Alemania expresionista. Era su tercera versión sobre el mito del Golem (la primera desaparecida, de la segunda, realizada en 1914, únicamente se conservan cinco minutos en una cinemateca de Munich), y no hay duda de su autoría en todos los aspectos del resultado final: co-escribió el guión junto con Henrik Galeen e incluso interpretó el difícil papel de Golem, la criatura de arcilla.

Años antes, en 1913, Wegener había dirigido la importante “El estudiante de Praga”, de la que su compañero en el guión en “El Golem”, realizaría un remake en 1926. Wegener había empezado su carrera como actor a las órdenes de Max Reinhardt, fue más tarde en su carrera cuando pasó a la dirección.

La fotografía corrió a cargo de Kart Freund, posterior artífice de la estética de films tan señalados como “Metrópolis” (1926, Fritz Lang), y director en Estados Unidos bajo contrato con la Universal, con clásicos del fuste de “La momia” (1932, con Karloff).

Una curiosidad: Uno de los encargados de maquillar a Wegener en su papel de Golem fue Edgar G. Ulmer, al cual volvemos a localizar también en Estados Unidos, convertido en hábil director de serie B (destacar de su filmografía dos clásicos de cine negro y ciencia ficción respectivamente: “Desviación” –”Detour” en el original inglés-, de 1945, y “The man from planet X”, de 1951).

“El Golem”, que por cierto, al contrario de lo que muchos piensan no sigue la línea argumental de la novel homónima de Gustav Meyrink, se rodó en los estudios UFA en 1920, pero no se estrenó hasta 1926 en Berlín. Su aliento de cuento fantástico, la imaginería de algunos de sus preciosos planos y su testimonio en cuanto a claro reflejo del estado de conmoción en que nadaba Alemania en la década de los veinte, la hacen perfectamente válida hoy en día, a más de ochenta años de su estreno.

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...por Marc Monje ...por Marc Monje


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2 comentarios en El Golem

  1. “El Golem” es un buen ejemplo de expresionismo alemán, aunque la película está un poco sobrevalorada para mi.

  2. Pues yo he visto en algún libro de cine que destacan “El Golem” como una obra maestra.

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