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El Maquinista de la General

En su momento de mayor popularidad, Buster Keaton ganaba 2000 dólares a la semana más el 25% de los beneficios de cada película, se había construido una inmensa mansión llamada Villa Italiana y vivía a cuerpo de rey.

“Buster Keaton permanecerá siempre (…) Keaton corriendo y trepando a un tren de la Guerra Civil en ‘El maquinista de La General’ es infinitamente más excitante que ver a Christian Slater saltar de un helicóptero a un tren a toda velocidad en ‘Broken Arrow’, porque lo que Keaton hace es real, y la cámara captura y preserva su hazaña para la posteridad. En ‘Broken Arrow’ nunca vemos a Christian Slater (o su doble, no importa) saltar del helicóptero al tren. En su lugar hay diversos cortes (de montaje, N.R), y hemos de aguantarnos la incredulidad y asumir que su hazaña se ha cumplido. Lo que significa que no es ninguna hazaña”.

Así, tal y cómo lo describe Anthony Puccinelli, era como actuaba Buster Keaton en sus películas, ¿Actuar he dicho? No, Buster conseguía que cada plano fuera una hazaña, una hazaña real, sin dobles ni efectos especiales sofisticados ni mandangas, el término “actuar” nunca fue suficiente para él.

Desde que el productor Joseph M. Schenk, quien además era su cuñado, lo había descubierto en 1917, Keaton no había dejado de trabajar y ganar popularidad. “El moderno Sherlock Holmes” (1924) o “Las siete ocasiones” (1925) recibieron una extática respuesta del público, enamorado de ese saltimbanqui de rostro inexpresivo. Cuando se aventuró a producir “El maquinista de La General” con Joseph M. Schenck, ambos pusieron sobre la mesa la elevadísima cifra de 350.000 dólares de presupuesto, y toda la libertad y medios del mundo para que Buster hiciese lo que le viniera en gana. Era un premio a toda una carrera donde la máxima había sido invariable: anteponer la libertad creativa al dinero.

A pesar de tener a toda la United Artists a sus pies, Buster siguió arriesgando el físico en las escenas más peligrosas. Saltaba de vagón en vagón, se deslizaba por los techos de su locomotora, corría y saltaba siempre con la misma expresión, el rictus inexpresivo que, como se ha dicho, se convirtió en un arquetipo americano a la altura del rostro Abraham Lincoln. Bueno habría sido que los billetes de 1 dólar llevaran impresos la cara de Buster. Y mejor todavía que su cara se hubiera esculpido junto con la de los presidentes en la roca del monte Rushmore.

La historia que cuenta “El maquinista de La General” es la de un hombre (Johnny Gray) que reparte su amor entre su querida locomotora, la General, y su prometida Annabelle (Marion Mack). El destino querrá que, en mitad de la Guerra de Secesión, Johnny se interne en las líneas enemigas de la Unión para recuperar su General y a su chica, secuestrada en uno de los vagones.

El argumento del film, con guión escrito por Al Boasberg y Charles Smith, proviene de un hecho real acaecido en 1862. Siete espías de la Unión se introdujeron en las líneas confederadas del Sur fingiendo unirse a su causa. Robaron la locomotora apodada La General y con esta destruyeron a su paso puentes, líneas telegráficas y raíles. Desgraciadamente para los espías, los confederados les atraparon cuando tan sólo estaban a treinta kilómetros de su escondite. Al contrario que en la historia real, la aventura de Johnny Gray tiene un final feliz, con el maquinista recuperando su locomotora y a su amada de las manos del enemigo y saboteando además una presa estratégicamente esencial para el ejército contrario. Finalmente, Johnny, que al principio del film había visto cómo rechazaban su petición de alistarse en el ejército sudista, provocando que su amada le tomara por un cobarde, será nombrado teniente por el mismísimo general Jefferson.

Siendo un fanático del mundo ferroviario, mandó construir dos réplicas exactas de La General, exigiendo que funcionaran como lo hacían en 1860, con calderas de fuego y leña, lo que provocó un importante incendio en una de las zonas boscosas en las que rodaron.

El rodaje de la película se alargó hasta las 18 semanas. Keaton se mostró más inflexible que nunca en su idea de lo que debía ser el film. Siendo un fanático del mundo ferroviario, mandó construir dos réplicas exactas de La General, exigiendo que funcionaran como lo hacían en 1860, con calderas de fuego y leña, lo que provocó un importante incendio en una de las zonas boscosas en las que rodaron. Ya he dicho que se trataba de una producción cara, y más teniendo en cuenta que Keaton era un director moderadamente económico, sus films oscilaban entre 200 y 220 000 dólares de presupuesto, cifra claramente inferior al montante invertido en “El maquinista de La General”, y a diferencia de estas 18 largas y cómodas semanas de rodaje, Keaton solía rodar sus películas en no más de ocho, cifra a la que debemos sumar las dos o tres que empleaba para montar el film.

Los 75 minutos de “El maquinista de La General” fueron moderadamente recibidos por el público. Ha sido con el paso de los años cuando se ha estimado que este era quizás el film más sofisticado de Keaton. A nivel de gags, es evidente una preocupación del director por el timing, Keaton lleva las escenas al paroxismo más hilarante y las corta en el momento preciso. Él mismo decía que “la comicidad está basada en la exactitud del ritmo”.

Su film más puro, aquel al que dedicó más esfuerzos, tantos como los de Johnny Gray en su camino siguiendo las vías del tren –metáfora de la línea recta y fija que sigue hasta conseguir su objetivo- que le llevarán a recuperar a su amada Annabelle y a la locomotora. El personaje de Keaton no necesita dar más explicaciones que su visible determinación a hacer lo que sea para lograr aquello que se ha propuesto, es un tipo sencillo, un romántico que no entiende de guerras, ni de Norte ni de Sur, Unionistas o Confederados, de guerra o paz, como dice Marcel Oms: “a Johnny le basta una caída de ojos de Annabelle para empujarle a la acción”.

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4 comentarios en El Maquinista de la General

  1. La mires por donde la mires “El maquinista de la general” es fantástica. Keaton realiza unos gags de lo más ingeniosos.

  2. Una de las escenas que creo que hay que remarcar de “El maquinista de la general” es cuando el tren empieza a moverse y Buster Keaton, se mueve al ritmo de los engranajes. Genial.

  3. Yo recomiendo “El maquinista de la general” a cualquier persona que quiera ver una gran obra del cine mudo con un esplendido Buster Keaton.

  4. Recordad que Buster Keaton en “El maquinista de la general” no sólo es actor, sino director y escritor.

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