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El señor de los anillos

El señor de los anillos

La trilogía de Star Wars (la original: “La guerra de las galaxias”, “El Imperio contraataca” y “El retorno del Jedi”) marcó el background cultural de mi generación (nací en 1976), como también ocurrió en menor medida con otra trilogía, Indiana Jones.

Son sagas que marcaron época. Dejando de lado su calidad, que la tienen desde luego, son recordados como fenómenos sociales que iluminaron nuestra infancia, y no hay periodo donde este tipo de cosas te afecten más que cuando eres niño. Luego vendrían más películas que nos emocionarían, pero el ser contemporáneo del estreno de “El retorno del Jedi”, o de Indiana Jones en “El Templo Maldito” fue algo inolvidable, ser co-protagonista de una celebración planetaria, vivir algo maravilloso justo en ese momento. En la actualidad, podrás criticar el último estreno de Pedro Almodóvar o el nuevo Woody Allen, pero ni meterte con “El retorno del Jedi”, porque en esta película reside la magia de ser niño, tus recuerdos, los momentos irrepetibles de una vida despreocupada y emocionante que jamás volverá. Y lo más importante es que millones de chavales sintieron lo mismo y por ello mantienen una fuerte ligazón sentimental con los mundos urdidos por Spielberg y George Lucas hace más de 20 años.

Dos décadas dan para mucho. Desde el estreno de “La guerra de las Galaxias” quienes por entonces eran niños han crecido, y han nacido nuevas generaciones de espectadores jóvenes que reclamaban otro fenómeno cultural de las características de “Star Wars”, algo que les hiciera sentir como nosotros nos sentimos en aquellos años. Entonces Peter Jackson rodó la trilogía de “El Señor de los Anillos” y la historia se repitió: tres films que de nuevo marcaron la vida de millones de niños y jóvenes. La saga basada en los libros de J. R. R. Tolkien será recordada como lo es ahora la de “Star Wars”, como un acontecimiento de alcance mundial, una nueva pisada del hombre en la Luna. Me alegra comprobar que los niños de hoy día coleccionan cromos de Frodo, Gollum y Sam, los protagonistas de “El Señor de los Anillos”, o esperan con deleite el nuevo estreno de la saga “Harry Potter”, yo hice lo mismo con “Indiana Jones” y “Star Wars”. Desde luego que es importante que tu vida pase por estas etapas donde compartes la magia del entretenimiento con tanta gente.

Creo que de la trilogía de Peter Jackson producida por New Line Cinema quedará principalmente eso: su impacto entre el público joven. Y también permanecerán en los anales, parece ser que por mucho tiempo, el baile de cifras que jalonan el triunfo indiscutible de estos films. Entre los tres (”La Comunidad del Anillo”, “Las dos torres” y “El Retorno del Rey”) gastaron millones de dólares en presupuesto, consiguieron astronómicas recaudaciones en los cines y más beneficios todavía por ventas en DVD y merchandising, suman además 30 nominaciones al Oscar, dos más que la saga más laureada por la Academia hasta ahora, los padrinos de Francis Ford Coppola.

La producción duró tres años, y las películas se filmaron simultáneamente en Nueva Zelanda, tierra natal del director. El plan de producción era casi futurista, un proyecto de unas dimensiones desconocidas diseñado para dar beneficios durante años; no se trataba de filmar una película y luego, a raíz de la buena aceptación del público extenderla a una segunda y una tercera parte, era algo mucho más grande, y la apuesta no carecía de riesgos. Se programaron los estrenos para los meses de diciembre de 2001 (”La Comunidad del Anillo”), 2002 (”Las dos torres”) y 2003 (”El retorno del Rey”), y la respuesta masiva en todo el mundo no dio lugar a la duda: “El Señor de los Anillos” es el principal acontecimiento cinematográfico de lo que llevamos de siglo XXI.

Tarde o temprano tenía que aparecer una lectura cinematográfica “definitiva” de la Tierra Media ideada por Tolkien, un film que hiciera justicia a la importancia cultural que ha tenido la obra del escritor norteamericano hasta ahora. La trilogía de Jackson respeta la distribución literaria en tres partes y ofrece una visión de la historia de Frodo y la insoportable carga de ser el portador del último Anillo que muchos han criticado, por alejarse en ocasiones del espíritu tolkeniano. El film debía ser monumental, como lo era la idea que todo lector de Tolkien tiene en la cabeza, y sólo con un presupuesto como el que ha tenido Jackson, acompañado de tecnología punta para elaborar efectos especiales y un casting atrayente, se podía garantizar que la expectación se mantendría durante estos tres años.

Disfruté del arranque pausado de “La Comunidad del Anillo”, con la entrañable rutina de los hobbits protagonistas (Frodo, Sam, Ferry y Pippin) en La Comarca, su hogar, y la posterior espectacularidad una vez el argumento se pone en marcha. “Las dos torres” se me antojó la más adictiva de la trilogía, con mucha acción, mucho barullo y sin tiempos muertos. Para cuando se estrenó “El retorno del Rey” no poseía ya la misma disposición a dejarme impresionar como con “La Comunidad del Anillo”. Víctima del exceso mismo de tener que enfrentarme por tercer año consecutivo al acontecimiento de un nuevo film sobre Frodo y el Anillo, “El retorno del Rey” resultó más farragosa, reiterativa (otro plano más de Frodo sintiendo la carga y las dudas existenciales…) y aburrida. De hecho, lo peor de la trilogía es el final de la misma, una inagotable procesión de despedidas que no llegan a emocionarme, sabiendo ya que la trama y todo lo importante que debe decirte la película ya está dicho y resuelto, y que lo único que quieren es añadir más y más azúcar al aparatoso pastel. Es, por supuesto, una opinión muy personal, y poco puede decirse ante un film que atrae tantas adhesiones desde todas las edades. Fueron impresionantes las recaudaciones, pero es más espectacular todavía lo rentable que ha sido su paso al DVD, con ventas millonarias. Ante eso, mejor callar y dar gracias porque esta vez, el público no se equivoca.

Una constante en cada película fue el casting, cuya prestancia queda en algunos casos fuera de toda duda. Un placer disfrutar de la autoridad del Gandalf interpretado por Ian McKellen y del Saruman del gran Christopher Lee, además del verdadero héroe del film, un ladrón de planos con el que el espectador se siente seguro y fuera de todo peligro, me refiero al atractivo Vigo Mortensen y su personaje Aragorn. El personaje de Gollum caracterizado por Andy Serkins y una complicada técnica informática, merece mención aparte. Él era el personaje clave, si Gollum cumplía con las expectativas de los fans de Tolkien, la película tendría parte del éxito asegurado, y por supuesto, las cumple.

Tres films que son testamentarios de cómo se hace el cine grande hoy en día. Producciones de una factura perfecta que se aguantan, no nos engañemos, gracias a los avances en efectos especiales. El precio que hay que pagar es el de siempre, unas imágenes de cierta frialdad, un realismo demasiado informático, unas veces te abruman con el despliegue que acontece en la pantalla, otras notas en demasía que todo eso no es real. Es el signo de los tiempos. Como lo es también la cada vez más acuciante necesidad de la industria por crear “obras maestras” de la historia del cine, aunque estas no lleguen a tal consideración. Por ello, cada pocos años, se deben dar un montón de oscars a un film determinado, para que el mundo vea que todavía se crean películas más grandes que la vida. Los 11 Oscars de “El retorno del Rey”, aunque son en sí premios a toda la trilogía en su conjunto, son una borrachera de premios injusta y demasiado previsible.

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...por Marc Monje ...por Marc Monje


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2 comentarios en El señor de los anillos

  1. Peter Jackson supo con la trilogía de “El señor de los anillos”, hacer una serie de películas espectaculares sin caer en la mediocridad.

  2. “El señor de los anillos” no se la debería perder nadie.

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