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El silencio de los corderos

Es quizás la película más influyente de la década de los noventa. “El silencio de los corderos” (y alguna que otra obra a menor escala como “Henry, retrato de un asesino”, 1990, John McNaughton) allanó el terreno para que aterrizara el subgénero de psycho killers en el maistream cinematográfico.

El veredicto de público y crítica con respecto a este film de Jonathan Demme fue tan apabullantemente entusiasta que desde Hollywood primero, y más tarde desde Europa, guionistas y productores empezaron a devanarse los sesos en busca de historias donde el malo fuera un asesino en serie como Hannibal Lecter. “El coleccionista de huesos” (1999, Phillip Noyce), “El coleccionista de amantes” (1997, Gary Fleder), las secuelas de “El silencio de los corderos”, “Ed Gein” (2000, Chuck Parello), “La casa” (2003, Mike Figgis), qué se yo… fueron y continúan siendo docenas de thrillers con psychos como principal reclamo publicitario.

Como era de prever, el fenómeno no tardó en iniciar su decadencia hasta la actualidad, en que la mayoría de films americanos de terror acaban siendo simples películas con asesino en serie, da igual si la historia empieza con fenómenos paranormales, sillas que se mueven, paredes que tiemblan y voces de ultratumba, al final, el culpable será el asesino en serie de turno que más que miedo o repulsa, se ha convertido en un amigo de la familia.

De todos los psycho-serial killers aparecidos como setas en las carteleras de los últimos 15 años, el Hannibal Lecter creado por Anthony Hopkins es el más fascinante. Él es el centro motriz de “El silencio de los corderos”, y gracias a que Hopkins aceptó volverlo a interpretar, fue posible rodar la secuela “Hannibal” (2001, Ridley Scott) y la tercera parte, que cronológicamente se sitúa antes que “El silencio de los corderos”, titulada “El Dragón Rojo” (2002, Brett Ratner). Si bien a la construcción de este villano, psiquiatra superdotado y caníbal, han contribuido también la novela original de Thomas Harris, el guión de Ted Tally y el temple de la cámara de Jonathan Demme en docenas de primeros planos, nada sería lo mismo sin Anthony Hopkins.

Curiosamente, desde Orion Pictures no se pensó en el actor británico como primera opción, y sí se barajaron nombres del calibre de Jack Nicholson, Robert Duvall o Gene Hackman, decantándose la balanza finalmente hacia Hopkins. Después de épocas de ostracismo, con problemas con el alcohol, el reconocimiento que recibió el actor por su Hannibal Lecter le aseguró una madurez profesional repleta de grandes papeles y mejores sueldos.

Hopkins supo cómo cogernos por sorpresa, pocos estábamos preparados para el torbellino de miedos y sensaciones turbias que Lecter desencadenaba en un solo primer plano. Físicamente, este villano no es poderoso, no esperas que se abalance sobre la agente del FBI Clarice Starling y la mate a mordiscos, es más un poder de la mente, un miedo que toca lo más profundo de nuestra sensibilidad lo que lo hace peligroso. Para crear estas convulsiones en el espectador, Hopkins utilizó sutiles tics como el parpadeo de la lengua cual serpiente siseante, o la estudiadísima mirada: Hopkins no parpadea en toda la película.

El juego psicológico de Hannibal Lecter quedaba incompleto si no se escogía a la actriz ideal para ser su oponente. Se pensó en Michelle Pfeiffer, pero fue Jodie Foster la que se llevó el papel de la agente rookie Starling. Su interpretación es otro portento. La actriz sitúa a su personaje al borde del precipicio, es una oponente de suficiente nivel intelectual como para entrar en el juego de Lecter, pero también un pozo negro lleno de frustraciones y temores.

“El silencio de los corderos” es, en verdad, un pacto. Lecter le dirá a Clarice dónde se esconde el asesino al que busca el FBI, Buffalo Bill, si ella le deja bucear en su mente, y le cuenta sus recuerdos de la infancia, las heridas que no ha conseguido cerrar… Clarice tendrá que vender su alma al diablo para conseguir sus objetivos, y nosotros sentimos que si Lecter llega a dominar el alma de Clarice, la agente estará perdida. Por ello este combate no-físico impacta tan profundamente, porque sabemos que, en cada mirada, en cada palabra que ofrece a Lecter, Clarice se juega la vida.

El estreno de “El silencio de los corderos” cayó como una bomba que fue calando pacientemente en las carteleras de todo el mundo, y acabó de explosionar con los cinco Oscars que recibió el film en 1991: mejor actor y actriz (Hopkins y Foster), mejor director (Jonathan Demme), mejor guión adaptado (Ted Tally) y mejor película; el mérito, que un sólo film se lleve los cinco Oscars principales, sólo ha sido igualada por “Sucedió una noche” (1934, Frank Capra) y “Alguien voló sobre el nido del cuco” (1975, Milos Forman).

La onda expansiva del film contribuyó también a afianzar la subcultura de los serial killers, con miles de fans, preferentemente en Estados Unidos, de los asesinos en serie más populares. “El silencio de los corderos” tomaba como referencia a dos de estos criminales reales, Albert Fish (un venerable hombre de 65 años cuyo currículum hasta su detención en 1935 incluía el canibalismo, el sadomasoquismo, prácticas de castración y autocastración y la pedofilia) se utilizó como modelo para crear a Hannibal Lecter, y Ed Gein (que ya había servido para moldear el personaje de Norman Bates en “Psicosis” -1960, Alfred Hitchcock-) Gein se dedicaba a descuartizar a sus víctimas y a hacerse trajes con su piel.

Era por otro lado pintor y amante de los niños, y solía acudir a animar las fiestas infantiles de su barrio disfrazado de payaso, para regocijo de los críos. Fue la referencia para Buffalo Bill, el personaje más flojo del film, la otra cara de la sofisticación de Hannibal Lecter, un asesino dibujado con trazo grueso y simplón. Muchos grupos gays protestaron en su momento ante el estereotipo homosexual que mostraba Buffalo Bill en la parte final de la película.

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5 comentarios en El silencio de los corderos

  1. ¡Felicidades por el documento!

    Sí, es uno de los más influyentes films de la década de los noventa. Una vez has visto la película no puedes evitar pensar en la mirada de ese Hannibal Lecter que tan mal rato nos hizo pasar a muchos.

  2. …calla calla… que todavía veo esos ojos inyectados en sangre que Hannibal Lecter regalaba a la cámara.

    “El silencio de los corderos” es de obligado visionado para entender el cine de los asesinos en serie.

  3. “El silencio de los corderos” es una de las mejores películas de Anthony Hopkins que borda el papel de Hannibal Lecter.

  4. Creo que en “El silencio de los corderos” Anthony Hopkins interpreta el papel de su vida: la del asesino en serie Hannibal Lecter.

  5. Si uno quiere sentir el miedo de una mirada que se ponga a ver “El silencio de los corderos” y que mire atentamente los ojos que pone Anthony Hopkins en el film. Parece cómo si viviera el papel, disfruta haciéndolo.

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