El cast protagonista de “la aparición de un personaje más famosa de la historia del cine” es el siguiente, Joseph Cotten como Holly Martins, y Orson Welles como Harry Lime. Para evocar este “gran momento” con conocimiento de causa es necesario contar los antecedentes. Hasta el instante en que llega la escena, la película queda como sigue.
Holly Martins es un escritor de novelas pulp del oeste, deprimido y sin un euro en el bolsillo, recibe la llamada de un amigo de la infancia, Harry Lime, que le ofrece un interesante y lucrativo trabajo en Viena, Austria.
La Segunda Guerra Mundial se ha finiquitado, y la capital austriaca está tomada por las fuerzas del eje ganador, que tratan de mantener el orden en una ciudad destrozada y corrupta. Martins llega a Viena y hace dos extraños descubrimientos. El primero, que Harry Lime ha muerto, el segundo una mujer, Anna (interpretada por Alida Valli). Al parecer, Harry ha sido misteriosamente arrollado por un coche en presencia de tres hombres, dos de ellos bien conocidos, y un tercero, “El tercer hombre”, a quién se le ha perdido la pista. Martins decide investigar hasta el fondo qué ocurrió con su amigo de la infancia; Anna, por su parte, estaba enamorada de Harry, y Martins se siente atraído por ella, pero ambos no llegan a avanzar en su relación, la sombra de Harry es demasiado alargada para Anna.
Hasta aquí, la película. Ha transcurrido una hora de metraje, Holly Martins sigue con sus pesquisas, y está descubriendo para su asombro que su viejo amigo se dedicaba a negocios sucios y corruptos. Holly sale una noche de la casa de Anna, después de hablar con ella sobre Harry Lime.
Durante la conversación entre ambos, hemos observado como el gato de Anna ha salido por la ventana de la casa, y luego en la calle, se ha refugiado en un oscuro portal, a los pies de un hombre del cual no hemos visto el rostro. Como decimos, ahora Holly camina por las oscuras calles de Viena. Cree que lo están siguiendo, acelera el paso. Se para. Harto de misterios, grita a quién cree que le está espiando que se deje de pamplinas y se descubra. La persona se ha ocultado en un portal. Un vecino del piso justo arriba del portal, alertado por los gritos de Holly abre la luz de su ventana. La luz ilumina a la persona que se esconde en el portal. Vemos al gato de Anna a sus pies, y vemos su rostro. Martins no cree lo que ve, ¡es Harry! Su amigo de la infancia lo mira. La luz del vecino se apaga. Desaparece el rostro de Harry. Holly avanza hacia él, pero un coche se interpone entre ambos. Cuando el vehículo pasa de largo, Harry ya se ha esfumado en las tinieblas de la noche vienesa.
La aparición de Harry Lime dura unos escasos segundos, pero es magia pura. Porque es el momento en que aparece ese tercer hombre del que se habla en todo el film y al que nunca vemos. Porque ese fantasma es Orson Welles. Porque enfrente tiene a Joseph Cotten. Por la mirada, absolutamente mágica de Welles, ese gesto de niño travieso al que acaban de pillar con las manos en la masa, esa disculpa infantil en sus ojos, un “me he pasado un poco últimamente, Harry ¿no?”. Y el juego visual del gato que sale de la ventana de la casa de Anna porque sabe que afuera está su amo Harry; y la cítara de Anton Karas, los planos inclinados, tensos, y las sombras y las ruinas de Viena.
Posteriormente, el film no baja el nivel, y encontramos más escenas de sobras conocidas, como la conversación entre Harry y Martins en la noria del Prater de Viena, un momento de extraña claustrofobia, de tensión latente, donde se nos desvela la verdadera naturaleza del corrupto Harry Lime, y la persecución final en las cloacas de Viena, a la que sigue la poesía (valiente, nada de happy end, en eso insistió Carol Reed) de la última escena en el cementerio, después del entierro de Harry Lime.
El tercer hombre culmina con esta aparición entre las sombras de Orson Welles. Al cabo de los años, debido entre otras cosas al poder evocador que emana este momento, se ha llegado a dar todo el mérito del film al propio Welles, alegando que su influencia fue decisiva en la concepción visual y el barroquismo final de la cinta. Pero desmerecer la tarea de Carol Reed por el simple hecho de que Orson Welles estuviera en el rodaje es una osadía. Fué Reed quién exprimió al máximo el guión de Graham Greene, quién se empeñó en contratar a Welles antes que a Noel Coward para el papel de Harry, y quién se empeñó en que el final fuera del todo menos feliz. Si es verdad en cambio que las líneas de diálogo más famosas del film, pronunciadas por Harry Lime, fueron escritas por el genio de Welles: “En Italia, durante treinta años bajo los Borgia hubieron guerras, terror, asesinato y sangre, pero alumbraron a Miguel Ángel, Leonardo da Vinci y el Renacimiento. En Suiza, han vivido en amor como hermanos durante quinientos años de democracia y paz, ¿y qué han conseguido? El reloj de cuco”.
La película reunió a creadores de la talla de Anton Karas y su cítara (su The third man theme, fué un hit en los años cincuenta), la fotografía de Robert Krasler (ganadora de un Oscar), el argumento original y guión de Graham Greene, y en la producción Alexander Korda y David O. Selznick, presente este último en los créditos porque Korda le cedió los derechos de distribución del film en Estados Unidos, O. Selznick además, recortó once minutos de película. Es imposible olvidar la ambientación del film, su particular lenguaje visual (los planos que no están inclinados se pueden contar con los dedos de la mano), su blanco y negro y la música.
El tercer hombre destila un realismo inédito para la época. La producción –inglesa- filmó todos los exteriores en Viena, consiguiendo una contemporaneidad entre la historia ficticia del film y la historia real de la ciudad que transpira en cada fotograma. Es una Viena oscura, derruida, caótica y corrupta, tan inestable como los propios planos del film. Pero en el momento en que aparece Harry Lime todo estuvo en orden. El plano perfecto, el momento perfecto, y la mirada de Welles, un simple gesto que explica su personaje mejor que cualquier diálogo. Los ojos de Welles, su ligera sonrisa, el control extremo que tiene de su gesto, tendrían que figurar como un apartado especial en los logros más importantes de su carrera.

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