Se trata de uno de los films más polémicos de la historia del cine. Rodada en 1972, “El último tango en ParÃs” es un proyecto dirigido por Bernardo Bertolucci.
El director previamente habÃa realizado y escrito films como “El conformista” (1970) o “La estrategia de la araña” (1970); posteriormente Bertolucci se convertirÃa en uno de los directores italianos más importantes de los últimos treinta años, con trabajos como “Novecento” (1976), la muy oscarizada “El último emperador” (1987) o “El cielo protector” (1990).
La carrera de Bernardo Bertolucci nunca serÃa la misma después de “El último tango en ParÃs”, no sólo por la evidente calidad de la obra, sino por los problemas que tuvo en su paÃs debido a la censura a la que fue sometido el film y a los problemas derivados de ello que tuvo el mismo Bertolucci con la justicia.
Pero, ¿por qué resultó tan escandalosa en su momento esta pelÃcula protagonizada por Marlon Brando y Maria Schneider? ¿por qué es recordada después de tantos años como una obra de oscura morbidez?
El guión de Bertolucci, Franco Arcalli y Agnes Varda (esta última se centró más en el aspecto de los diálogos) cuenta una historia de pasión sexual entre un maduro hombre de negocios americano, Paul (Marlon Brando, el mismo año que interpreta a Vito Corleone en El Padrino), y una joven a punto de casarse, Jeanne. Ambos se encuentran por casualidad en un piso para alquilar en ParÃs e inician una tórrida relación sexual en la que no hay nada que explicar, ni siquiera saben sus nombres, es tan sólo una pasión carnal entre las cuatro paredes de ese apartamento sin amueblar, en el frÃo invierno de la capital francesa.
La polémica estalló instantáneamente con el estreno del film en octubre de 1972. La relación hermética entre la pareja protagonista, la violencia del sexo mostrado en el apartamento de ParÃs, la confirmación de que el sexo puede realizarse no por amor, sino como catalizador de la desesperación del espÃritu y liberación del inconsciente, todo ello fue transformado por el mismo público en más leña para el fuego de la polémica. Pero parecÃa claro que la obra de Bernardo Bertolucci no era una simple pelÃcula de alto contenido sexual, realizada para cobrarse en taquilla la curiosidad morbosa del espectador, sino que ese mismo contenido sustituÃa muchos diálogos, muchas confesiones y explicaciones de los personajes. En “El último tango en ParÃs” el sexo no es únicamente la culminación de una relación entre dos personas mostrada más o menos explÃcitamente, más complejo que esto, es comunicación y diálogo, aunque este sea un diálogo entre dos personas desesperadas y contradictorias, dos seres que no culminan ninguna relación simplemente porque no la han empezado.
“El último tango en ParÃs” pellizcó con fuerza a la sociedad más conservadora que en muchos paÃses estaba inmersa, o a punto de estarlo, en una revolución sexual y de libertades heredada de finales de los sesenta. Para muchos, el simple visionado de las imágenes más explÃcitas del film representó entrar en un nuevo terreno de libertad individual. Durante años, hablar de “El último tango en ParÃs”, al menos en España, era hablar de Sodoma y Gomorra, de lo más fuerte, de lo prohibido. Personalmente, me acuerdo de que en mi infancia (y hablo de los años 80, más de 10 años después del estreno de la pelÃcula), la emisión en la televisión pública socialista del film de Marlon Brando equivalÃa al mandato materno de irme a la cama antes de hora, y ni se me ocurriera pasar por el salón. Ahora pienso en lo exagerado que era todo aquello, y en los distintos efectos que tuvo el film en cada paÃs, en España ya veis, nos pasamos años con los ajos y el agua bendita preparada por si alguien pronunciaba el tÃtulo del pecaminoso film, y en Italia por ejemplo fue mucho peor. Me pregunto qué ocurrirÃa ahora si un film como este (director de prestigio, actor consagrado, film cargado de escenas de sexo) se estrenara en nuestros cines a un nivel comercial. Yo me temerÃa lo peor, como siempre nos quedarÃamos en la superficie, en que es un film poco menos que porno, sin molestarnos en entrar en la sangrante llaga que escuece en cada uno de los personajes protagonistas, y que enciende la llama del sexo mostrado en la pantalla. Sin ir más lejos, la pelÃcula de 2005 dirigida por Ang Lee Brokeback Mountain ha causado en Estados Unidos una polémica caliente caliente por el hecho de que cuenta la relación amorosa entre dos cowboys, y el film se ha vendido por eso, y no por la belleza de esa relación que se enfrenta a una sociedad reticente. El escándalo pesa más que lo que te quiere contar el film, como siempre.
Muchos pensaron que gracias a que el sexo en el film estaba basado en las necesidades espirituales de los protagonistas, es decir, estaba justificado y no era solo pornográfico, pensaron digo que “El último tango en ParÃs” abrirÃa las puertas a un cine para adultos con contenido, una nueva forma de explayarse sobre el ser humano utilizando el sexo (que, repito, en “El último tango en ParÃs” equivale a comunicación, a señales de alarma que despiden dos faros muy lejanos el uno del otro, no es simplemente un acto de amor, o un acto en busca de placer), pero resulta que la historia de Maria Schneider y Marlon Brando fue probablemente de las últimas en hablar al espectador en estos términos. Es un cine difÃcil que no todo el mundo es capaz de hacer, aunque me pasa por la cabeza un film que sà lo consigue: Intimidad, dirigida por Patrice Chereau en el 2001.
Con “El último tango en ParÃs” el mundo asistió atónito al trabajo más arriesgado hasta entonces de un actor ya consagrado, Marlon Brando. Brando bordó una composición difÃcil, con este personaje atormentado cuya esposa se acaba de suicidar. Es un papel muy fÃsico, lleno de matices, y con mucha fuerza y pasión, y como es normal en Brando, el actor no dejó de improvisar en el rodaje, tratando de adaptar las lÃneas del guión a su propia visión del personaje en el momento de interpretarlo delante de la cámara.
Por su parte, la prácticamente desconocida Maria Schneider interpreta a Jeanne, la joven parisina a punto de casarse. Schneider se hizo con el papel después de que fuera ofrecido en primera instancia a Catherine Denueve.
La cuidada estética de las imágenes del film parten de la inspiración del director y de Vittorio Storaro, el director de fotografÃa, y de fuentes como las pinturas de Francis Bacon, presentes de forma directa cuando empieza la pelÃcula, y de forma indirecta en el concepto, muy patente en el film, que sobre el cuerpo y la maleabilidad de la carne tenÃa el pintor. Storaro y Bertolucci pudieron admirar la obra de Bacon al poco de empezar el rodaje en una exposición en Francia.
Un film cerrado en su propio universo que derribó muros sociales. Con “El último tango en ParÃs”, el sexo ya no es el orgasmo, sino el antÃdoto adictivo que cura la rabia, la desesperación y la inseguridad.

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Una de esas pelÃculas que marcan época. Recuerdo como “El último tango en ParÃs” fue todo un escándalo entre mi cÃrculo de amistades.
La escena de la mantequilla de “El último tango en ParÃs” ha pasado a los anales del cine erótico bien hecho.
Yo no habÃa visto la pelÃcula hasta hace muy poquito y me ha gustado muchÃsimo. “El último tango en ParÃs” es una pelÃcula pensada para la mujer.
Bernado Bertolucci sabÃa cuando rodaba “El último tango en ParÃs” que la pelÃcula serÃa todo un escándolo, y lo consiguió.
Yo vi “El último tango en ParÃs” en el cine en 1984, entonces tenia 14 años, luego, hace poco la vi ya en dvd y me gustó.
Hoy pienso que tiene escenas excelentes como la del último tango, me admira de sobremanera el escándalo que tuvo “El último tango en ParÃs” y refleja la hipocresÃa de los que mandaban en aquella época, con su ignorancia y ingenuidad.
He leÃdo tantos comentarios sobre este film, pero ninguno aborda sobre el desenlace de su final, por ejemplo la goma de masticar que lo ataca en el balcón antes de morir, ¿qué significado encierra? saludos