Devoción religiosa y espectáculo pagano. El mensaje de Dios… con miles de extras y millones en presupuesto.
El subgénero bÃblico ha conseguido aunar en su forma más clásica y hollywoodiense (años veinte y cincuenta) estos dos factores antagonistas, la Biblia como mensaje divino al hombre, y la Biblia como espectáculo cinematográfico.
Supongo que desde una mentalidad americana a las grandes historias les corresponden grandes presupuestos, por ello tantas generaciones tenemos un merengue en la cabeza a la hora de pensar en las Sagradas Escrituras, en el que combinamos de forma extraña la rectitud del católico practicante, las imágenes que rellenan los rincones de nuestras iglesias o la ceremonia minimalista de la misa de los domingos, con las aguas del Mar Rojo abriéndose ante un Moisés con las facciones de Charlton Heston, o la crucifixión de Cristo desde la perspectiva del noble Judá en “Ben Hur” (1959).
El matrimonio bastardo entre cine y Biblia empezó en los mismos albores del nuevo medio. “La passion du Chris”, de 1897, de Léar y Basile es considerada la primera producción de carácter bÃblico. En aquellos primeros años, las pelÃculas tienen duración de cortometraje, y en esa coyuntura los mismÃsimos Lumiére y George Mèlies (este último con “Le Christ marchant sur flots”, de 1900) dirigen pelÃculas religiosas.
Hasta la Primera Guerra Mundial, continúa la producción de cortos religiosos, muchos de ellos europeos, como el “Sansón y Dalilah” (1903), de Ferdinand Zecca o el primer mediometraje del subgénero bÃblico, “Quo vadis” (1910-19, Enrico Guazzoni).
La primera etapa de esplendor llega en los años veinte, con la irrupción del eterno especialista Cecil B. DeMille (”Los diez mandamientos”, 1923, “Rey de reyes”, de 1927) y una de las primeras superproducciones bÃblicas, “Ben Hur” (1925), en la que los productores se dejan cuatro millones de dólares de la época. Eran los felices veinte, el cine mudo tocaba techo en cuanto a popularidad y no habÃa lÃmite a la hora de plantear los films como “colossals” de inmensos, mejor dicho, gigantescos decorados, grandes estrellas, presupuestos altos y ejércitos de extras.
Durante su historia, el cine siempre ha respondido a las vicisitudes externas que amenazaban su prosperidad. AsÃ, el subgénero bÃblico de altos presupuestos es la respuesta del medio ante las crisis que originaron las dos grandes guerras del siglo XX y, posteriormente, ante el auge de la televisión.
Después de la Segunda Guerra Mundial, existe una masa de público deseosa de grandes espectáculos de evasión, además de nuevos y deslumbrantes avances técnicos (Cinemascope, Technicolor) que permiten llegar más lejos en la épica de la biblia cinematográfica. Cecil B. DeMille vuelve a aparecer para la ocasión, con una nueva versión de “Sansón y Delilah”, protagonizada por el tocho Victor Mature. El director cuenta con el apoyo incondicional de los estudios Paramount, y definirá el subgénero en 1956, con el remake de su éxito mudo “Los diez mandamientos”, por la que tan sólo recibe un Oscar a los mejores efectos especiales. La pelÃcula sublima la liberación del pueblo hebreo de la mano de Moisés, con el Mar Rojo abierto de par en par, un Charlton Heston enfrentado a Yul Brynner y la desesperada Anne Baxter como Nefertiti, cuyas lÃneas de diálogo incluyen perlas del tipo: “Oh Moisés! Moisés! Testarudo, espléndido, adorable estúpido!”. Hollywood hacÃa suya la Biblia, no hay duda. A las palabras nada bÃblicas de Nefertiti, habrÃa que contrastar el momento, al principio de la proyección, en que aparecÃa en pantalla un serio Cecil B. DeMille para introducir históricamente la pelÃcula, con una ristra de datos y fuentes sobre la vida de Moisés. En los años cincuenta, la Biblia campa a sus anchas por las pantallas panorámicas de todo el mundo, Hollywood husmea en las Sagradas Escrituras y convierte en celuloide toda historia susceptible de ofrecer espectáculo, morbo y lecciones morales, por supuesto “Barrabás” (1953, Alf Sjöberg) y la oscarizada con once estatuillas “Ben Hur” son más ejemplos de ese boyante cine bÃblico que nunca volverá.
El caso de “Ben Hur” fue también paradigmático. El equipo de producción localizó exteriores durante medio año, William Wyler contó con un presupuesto de quince millones de dólares, y se utilizaron más extras que nunca. El resultado fue excelente, no sólo por su espectacularidad (estaba garantizada), sino por el buen hacer de Wyler, que combinó momentos intimistas con la épica más desbordante de forma magistral.
Los grandes y veteranos directores se van apuntando a la moda, quién sabe si por asegurar sus cuentas corrientes a las puertas del retiro, o por la llamada del reto profesional, asÃ, podemos citar a Nicholas Ray y su “Rey de reyes” (1961). Por otro lado, a jóvenes como Kubrick (”Espartaco”, de 1960), que siguen manteniendo la llama del colosal bÃblico más o menos clásico, en unos años sesenta en los que el subgénero vuelve a expandirse por Europa con films como “Los últimos dÃas de Sodoma y Gomorra”, de Francia, o las sangrantes obras de Pier Paolo Pasolini Laviamoci “Ãl Cervello” y la aclamada por la misma Iglesia “El Evangelio” según San Mateo. Los años sesenta abrieron el subgénero a la experimentación de la mano del cine de autor, y posteriormente a la mezcla con otros géneros como el musical. En 1973, Norman Jewison dirige “Jesucristo Superstar”, film en clave musical ópera-rock narrado desde el punto de vista del traidor Judas, que concita adhesiones de jóvenes de la era del acuario que ven la luz divina, y odios de la iglesia más reaccionaria. Roberto Rossellini estrena en 1976 “El MesÃas”, y al año siguiente Zeffirelli termina después de dos años su “Jesús de Nazareth”. En 1977 se da otro ejemplo de desviación del subgénero con “La vida sexual de Jesús”.
Entrada la década de los ochenta, el escándalo sacude cine e Iglesia con “La última tentación de Cristo”, dirigida por el cristiano practicante Martin Scorsese y prohibida en muchos paÃses. Durante esa década y la siguiente, la Biblia se instala en el formato telefilm, y apenas se le verá en la pantalla grande, si bien el iluminado Mel Gibson rescató el subgénero para producir “The Passion of the Christ” (”La Pasión de Cristo” de 2004), un retrato de Jesús hablado en su totalidad en latÃn. El film prometÃa ser un arma letal para quien fuera a verlo.
¡Dios nos coja confesados!

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El cine de temática religiosa siempre ha tenido el éxito asegurado. A los espectadores nos gusta ver historias épicas que mezclen historia, religión y majestuosidad.
Hombre, una pelÃcula religiosa que cuente con el presupuesto adecuado puede dar como resultado una obra maestra con el éxito asegurado.
Algunas de las más grandes pelÃculas rodadas tienen que ver con temática religiosa. El cine bÃblico ha creado momentos inolvidables en el cine. PelÃculas que jamás podremos olvidar y que están en la mente de todos.