Pertenece a la clase de actrices que ya lo eran antes de llegar a los diez años. Creció entre platós, espoleada enérgicamente por su madre, también actriz.
A partir de los veinte años pudo demostrar que tenía carácter, sensibilidad, y que su físico privilegiado no hacía sino florecer con el tiempo.
Los años cincuenta fueron de Elizabeth Taylor, como también lo fueron de Montgomery Clift, Brando y James Dean, la nueva generación de rebeldes, jóvenes con ideas propias, fuerte personalidad, y además, excelentes y concienzudos actores. Los notables papeles de Elizabeth Taylor en el cine no han podido, sin embargo, eclipsar los zig zags de una vida privada que lo ha sido todo menos tranquila. Ocho matrimonios (ella misma se burlaba de esta cifra: “¿qué esperas que haga? ¿dormir sola?”), ingresos en clínicas de desintoxicación, un comportamiento difícil en los rodajes (es sabido que Mankiewicz acabó harto de ella en “Cleopatra”, en 1963) y un tumor cerebral aunque, en lo positivo, Liz es admirada por sus esfuerzos, parece que sinceros, en causas humanitarias como la lucha contra el SIDA.
Nació en 1932 en Inglaterra, y allí vivió hasta que poco antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial, sus padres se la llevaran a Los Angeles, California. La belleza de Liz era, ya de niña, espectacular, y una amiga de la familia les aconsejó que llevaran a la niña a una prueba de pantalla para la Universal. La contrataron enseguida. Debuta con diez años en “There´s one born every minute”, aunque la Universal no le renovará el contrato. Poco antes, por cierto, había sido una firme candidata para interpretar a la hija de Reth y Scarlett en “Lo que el viento se llevó”.
Con la Metro Goldwyn Mayer, en 1943, se convertirá en comparsa de la perrita Lassie en “Lassie, la cadena invisible”, y en 1946 con “El coraje de Lassie”. Liz se estaba convirtiendo en una estrella del cine infantil.
Su primer éxito masivo llega con “National velvet”, donde comparte protagonismo con Mickey Rooney. La película recaudará 4 millones de dólares. Hasta que empieza la década de los cincuenta, la actriz debuta en el musical con “Cynthia” (1947), aunque le doblan la voz en los números cantados, y en 1950 aparece con Spencer Tracy en la comedia típicamente fifties, “El padre de la novia”.
En 1949, con 18 años, filma su primera película de prestigio, “Un lugar en el Sol”, que no se estrenó hasta 1951. Está basada en la obra “An american tragedy”, de Theodore Dreiser. En el film también figura Montgomery Clift, con el que Liz trabará una amistad irrompible hasta la muerte del actor en 1966. Taylor ejercerá de confesor y amiga íntima del torturado Monty.
1954 verá el estreno de “La última vez que vi Paris”, y 1956 es el turno de la monumental “Gigante”, de George Stevens, en la que interpreta a una novia de Kentucky intentando adaptarse a la vida de Texas. James Dean, por supuesto, se encontraba también en el reparto. Los 190 minutos de “El árbol de la vida” le proporcionaron a Liz su primera nominación a los Premios de la Academia, por su interpretación del personaje de Susana Drake.
“No vivo contigo. Habitamos la misma jaula”, era una de las frases que le soltaba Liz a Paul Newman en “La gata sobre el tejado de zinc”, clásico de 1958 basado en la obra de Tennessee Williams. El film recibió seis nominaciones, la de Taylor por su papel de Maggie entre ellas.
En 1960, con “La mujer marcada” (”Butterfly 8″ en el título original), se le concede el Oscar, aunque Taylor cree que se lo dan porque poco antes había padecido una grave neumonía.
Hasta 1963, la filmografía de la actriz sufre un parón. “Cleopatra” representa su retorno a las pantallas, y el ecuador en su carrera. Cobrará un millón de dólares por su trabajo en el film de Mankiewicz, pero las dificultades del rodaje y el desastre económico que significó, ensombrecerán los posibles méritos del film. Su idilio en la pantalla con el Marco Antonio interpretado por Richard Burton se traducirá en un romance fuera de los platós que acabará en boda. La pareja vivirá una relación surrealista, muy indicativa de lo inestable que era la existencia de Liz: se divorciarían en 1974, vuelven a casarse en 1975 y de nuevo divorciados en 1976.
Con “Hotel Internacional”, de 1963, Taylor comprueba cómo la crítica ya no la trata tan bien como antes. Su último papel admirado por todos se produce en el film de Mike Nichols “¿Quién teme a Virginia Woolf?”, formando pareja con su marido Richard Burton. El nombre de Liz vuelve a estar en el candelero y recibe su segundo Oscar. Una tercera y última estatuilla se le otorgaría en 1992 por su labor en la lucha contra el SIDA.
Liz Taylor rodó su último film en 1994, “Los Picapiedra”. Ella es la actriz con los ojos más bellos del cine, protagonista de viñetas inolvidables del cine de la segunda mitad de siglo. Y es, además, una de las mujeres más fotografiadas de la historia, ostentando por ejemplo, el récord de portadas del Life Magazine.

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Elizabeth Taylor es la Cleopatra de las actrices.
Gracias por esta maravillosa biografía.
Elizabeth Taylor es una súper actriz, aunque concretamente con “Cleopatra” no tuvo mucha suerte…
Habéis visto sus ojos, seducen, Elizabeth Taylor deslumbraba en todas sus películas.
Sólo tenéis que mirar “La gata sobre el tejado de zinc” o “La mujer marcada” para comprobarlo.
Definitivamente la mujer más hermosa de todos los tiempos.
Es mi actriz favorita de todos los tiempos, nos sólo por su belleza, sino por su talento artístico. Ahora a cualquiera le dicen bella o bomba sexy. Yo me quedo con la película “La gata sobre el tejado de zinc”, donde compartió roles con el también grande Paul Newman. Ahhhh los ojos de Liz, turquesa, son maravillosos, aunque ya esté muy anciana.
Me ha gustado mucho la biografía de Elizabeth Taylor, el “rostro más bello que Dios ha creado”. Faltan algunas fotos de Elizabeth Taylor para demostrar la magnitud de su belleza. Otra cosa son las grandes películas que ha interpretado, desde “Un lugar en el sol”, “Rapsodia”, “Cleopatra”, “La fierecilla domada”, “Reflejos en tus ojos dorados” y muchísimas más, casi todas muy buenas y pocas regulares.