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Escena final de “La novia cadáver” (”Corpse bride”, 2005, Tim Burton y Mike Johnson)

“Te amo Victor… Pero no eres mío”.

La secuencia de apertura de “La novia cadáver” ya nos da pistas de los momentos finales. Mientras suena otra gran partirura de Danny Elfman, Víctor van Dort (con la voz de Johnny Depp), en su habitación, libera a una hermosa mariposa de una campana de vidrio. Al final de la película, la mujer con la que debe casarse, esa novia cadáver del título (Helena Bonham-Carter), atada a una maldición que obliga a Víctor a desposarse con ella por haber ensayado sus votos matrimoniales en el lugar donde ella estaba enterrada, libera a Víctor de esa carga y le permite casarse con su verdadero amor, Victoria Everglot (Emily Watson), mientras ella sale de la iglesia y se transforma en cientos de mariposas que vuelan libres hacia la brillante luna de la noche. En ambos casos, las mariposas simbolizan la liberación, pero para que eso llegue, antes hay unas obligaciones que nos mantienen prisioneros…

Y “La novia cadáver” es una película de obligaciones. Víctor es obligado a casarse con Victoria sin siquiera conocerla -aunque después se enamore de ella- por el interés de los padres de ambos, los unos, nuevos ricos sin clase, buscando prestigio social, y los otros, nobles de antiquísima heráldica arruinados, sustento económico. Luego, cuando Víctor sin quererlo devuelve a la vida a la novia cadáver, deberá desposarse con ella porque así lo dicta la maldición, mientras un temible timador y asesino de jóvenes a quienes desposa para robarles (Finis Everglot, con la voz de Albert Finney), el mismo que había matado hacía años a la novia cadáver, seduce a los padres de Victoria, creyendo que son ricos, para que le den la mano de su hija. De nuevo, los dos jóvenes obligados a actuar en contra de su voluntad. Finalmente se descubren los planes de Finis, y en la iglesia donde debe casarse Victor con la novia cadáver se producirá el sacrificio de ella: no cumplirá su sueño de casarse (que es la maldición que pesa sobre Víctor), y entenderá que él quiere en verdad a Victoria, pero a cambio se liberará para siempre de su tragedia, la eterna novia muerta en busca de un marido que la quiera. Es un sacrificio, un precioso sacrificio de un personaje que a lo largo del film aprendemos a querer. Una joven que fue engañada al casarse con Finis y luego vilmente asesinada por este; un personaje lleno de amor que sin embargo renunciará a este para que Victor y Victoria sean felices. A veces, los sacrificios más difíciles no son los que uno hace para conseguir su amor, sino para renunciar a él.

La habilidad de Tim Burton y Mike Johnson, directores, y de los guionistas John August, Pamela Pettler y Carolina Thompson radica en saber dotar del necesario lirismo y emotividad a esta trama de engaños y renuncias de ultratumba, mientras ofrecen continuos contrapuntos humorísticos, gracias sobretodo al contraste entre el gris mundo de los vivos y le luminoso y divertido mundo de los muertos. Esta escena final en la iglesia, donde los muertos (personajes diseñados al detalle, nunca te cansas de verlos, y como en Pesadilla antes de Navidad, te dan ganas de ir corriendo a al tienda a comprarte sus versiones de juguete) se juntan con los vivos, ofrece giros constantes desde el drama al humor y viceversa. Los personajes principales se debaten en sus decisiones más dramáticas, mientras el público asistente, los muertos y los vivos, con sus reacciones, son el virado humorístico para que, ante todo, “La novia cadáver” sea, más que nada, una gran comedia. Pero la comedia brilla cuando tiene su otra cara siguiéndole los pasos. Cuando la novia cadáver se transforma en cientos de mariposas, nos emocionamos, pero diez segundos antes estábamos riendo, y quince antes, de nuevo emocionados. Burton sabe que la comedia brilla si se le añade sustancia dramática, y al revés, claro. Una historia como esta sin diversión ni caos, habría sido muy fatigosa de ver.

“La novia cadáver” es una típica historia burtoniana. Nada nuevo bajo el Sol. En realidad, Tim Burton lleva explicando las mismas historias desde su corto de animación “Vincent”, de 1982: personajes principales que se sienten distintos a la sociedad, mientras esta no acepta su diferencia. El Víctor de “La novia cadáver”, podría ser el iluso e incomprendido “Ed Wood”, o el monstruo con buen corazón “Eduardo Manostijeras”, o el Jack Skeleton empeñado en trasladar la ilusión de la navidad a su sombrío mundo de “Halloween”. El mismo Burton lo deja claro: “Siempre me gustaron esos personajes apasionados, con ciertos sentimientos, pero que no eran como los demás los veían”. En este caso, Víctor y Victoria son uña y carne, rechazados por sus padres, viven en su mundo, solos, tristes e incomprendidos. En este sentido, el rostro que mejor ha representado este arquetipo en el cine de Burton, es sin duda ese físico extraño de Johnny Depp, correspondido aquí con el personaje de Víctor, diseñado con rasgos semejantes al actor.

Me pregunto cómo habría funcionado esta misma historia con actores reales, no mucho mejor, seguro, porque lo cierto es que estos personajes construidos y animados de forma artesanal están dotados de alma. Sus gestos, sus movimientos son una extensión de su esencia, desde el mayordomo limpiando altivo las barandillas de la escalera con el plumero, hasta la sonrisa imposible del seco padre de Victoria, pasando por el viejo brujo del reino de los muertos, con esos hilachos como perilla y sus huesos como débiles alambres o el chofer de los Van Dort, enfermizo bonachón de lentos movimientos, rostro hinchado y blanquecino, sacado de alguna fantasía de la Hammer. Aunque posiblemente sea en las miradas donde residen los efectos expresivos mejor conseguidos. Burton citaba como primera regla de la animación el conseguir la expresividad con los ojos, y por ello es un placer observar cada mirada en “La novia cadáver”, hasta llegar al final del film, con la cristalina lágrima que cae del rostro de la novia cadáver.

Burton reivindica la animación artesanal en un tiempo en que la animación por ordenador ha llegado a unas cotas de expresividad inéditas. La técnica stop-motion en “La novia cadáver” iguala, sino supera, a la empleada por el film de “Wallace y Groomit” estrenado ese mismo 2005. El factor físico, casi tangible de estas películas sigue fascinando a las nuevas generaciones. Es una sensación mágica, con unas cualidades espaciales (los personajes están ahí, no son un diseño en una pantalla) que siguen siendo válidas hoy día.
Doce años después de “Pesadilla antes de Navidad”, “La novia cadáver” significa en mi opinión, un peldaño más, aunque aparentemente, “Pesadilla…” fuera un film más explosivo, pirotécnico, lleno de color y ritmo. Ahora, la historia es sencilla, y hay un trabajo muy hondo en cada personaje, con escenas también sencillas pero más emocionales, como el momento en que coinciden por primera vez Víctor y Victoria en el inmenso y vetusto salón de los Everglot, con él tocando una preciosa melodía al piano y el pequeño jarrón con una sola flor encima del instrumento.

Aunque probablemente el éxito de este tipo de films se deba cada vez más a factores extra cinematográficos, como es el marketing y la venta masiva de juguetes relacionados con la película, “La novia cadáver” representa una apuesta por una historia que va a su ritmo, llena de tiempos pausados y lirismo. En el aspecto musical, por ejemplo, hay menos números que en “Pesadilla…” y estos son deliberadamente menos espectaculares. Aquí prima la identificación emocional del espectador.

Me gusta considerar a Tim Burton, más que un director de cine, un cuentacuentos cuyos films nos devuelven una placentera sensibilidad infantil que, seguro, él jamás ha abandonado.








...por Marc Monje ...por Marc Monje


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1 comentario en Escena final de “La novia cadáver” (”Corpse bride”, 2005, Tim Burton y Mike Johnson)

  1. Me encanta “La novia cadáver”. Víctor, el muñequito, ¡es tan lindo! Se parecer un poco, en cierto modo, a Johnny.

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