“Espartaco” se enmarca dentro de la moda de pelÃculas históricas ambientadas en la época romana que triunfaron en los años cincuenta.
Era la medicina de Hollywood para deslumbrar a los espectadores con grandes y espectaculares producciones, tratando de alejarlos de la incipiente absorción del gran enemigo, la televisión. Inmensas pantallas de cine, Technicolor, miles de extras, grandes actores e historias épicas de la Biblia y la Roma de los emperadores.
Cronológicamente, “Espartaco” se rodó en el ecuador de la moda del cine histórico. Hitos como “Los diez mandamientos” ya se habÃan estrenado hacÃa tres años, y se empezaba a intuir un cierto agotamiento de la fórmula, mientras que en Europa se abrÃa la veda para una nueva clase de cine de romanos barato, que trataba de exprimir todavÃa más el filón, hablamos del hoy reivindicado péplum. El film de Kubrick marcó una de las cimas en cuanto a popularidad, pero sobre todo, cuando la curva de aceptación pública del género ya empezaba a descender, “Espartaco” señaló el pico cualitativo. Una pelÃcula que combinó las constantes más épicas y solventes de films como “Ben-Hur”, y dio además unos pocos indicios de la personalidad cinematográfica de uno de los grandes autores de la historia del cine, Stanley Kubrick.
Kirk Douglas fue el verdadero motor de “Espartaco”. Además de protagonizar el film encarnando al esclavo libertador que pone en jaque al Imperio romano, ejerció de productor ejecutivo y tomó algunas de las principales decisiones creativas del film. La pelÃcula se empezó a rodar bajo las órdenes del director Anthony Mann, que se irÃa consolidando como especialista en el género gracias a su trabajo en las producciones de Samuel Bronston producidas en España. Cuando llevaban tan sólo tres semanas de rodaje, Douglas se deshace de Mann y contrata al joven Stanley Kubrick, con quien ya habÃa colaborado en la antibelicista “Senderos de Gloria”, pelÃcula que por entonces estaba prohibida en diversos paÃses.
Kubrick mantuvo una relación difÃcil con Douglas, aunque el proyecto no estuvo en peligro en ningún momento. El principal problema era que el director sentÃa que debÃa aportar más creativamente, y no limitarse a trabajar de forma artesanal. A nivel de guión, Kubrick no cesó en su intento de aportar ideas propias, e incluso figurar en los créditos como guionista, pero Douglas impuso un único nombre: Dalton Trumbo.
El guión de Trumbo partÃa de la novela “Espartaco” escrita por Howard Fase, quien por su parte intentó adaptarla a guión, pero desistió ante sus dificultades para asimilar el formato de escritura para cine. En la época del temible senador McCarthy, Trumbo estuvo en la lista negra de Hollywood, sospechoso de haber participado en actividades antiamericanas de propaganda del comunismo. Su presencia en los créditos del film (en un principio firmó su trabajo con el seudónimo de Sam Jackson) significó la primera ruptura de la lista negra, y un acto de valentÃa por parte del productor ejecutivo Kirk Douglas.
Volviendo al trabajo de Stanley Kubrick, si bien no pudo dar el pucherazo que deseaba en el guión, sà tomó decisiones importantes en el set de rodaje. Despidió a la actriz alemana Sabina Bethmann y contrató a Jean Simmons, trató de darle un toque intelectual al film, alejándolo de las simples aventuras tÃpicas del género (”Espartaco” es un film intimista en muchos pasajes), y restó muchas lÃneas de diálogo con tal de abordar las secuencias de una forma mucho más visual.
Ya he destacado que Kirk Douglas interpretó al esclavo rebelde Espartaco. Se trata de un personaje histórico, y los hechos que narra la pelÃcula ocurrieron alrededor del 73 a.C. Lógicamente Hollywood no se ciñó a los hechos reales al 100%. Por ejemplo, Espartaco no fue el único rebelde, el lÃder solitario de aquella revolución de esclavos que querÃa llegar al sur de Italia para regresar a sus hogares, sino que muchos fueron los que, al mismo tiempo, encabezaron la rebelión; por otro lado, el Espartaco real llegó a formar parte del ejército romano, aunque desertó y como castigo fue convertido en esclavo.
A la interpretación de Douglas (siempre enérgica, si algo tuvo este actor es el más transparente Ãmpetu por la vida en sus mismos ojos), se le sumó la de un grupo de secundarios irrepetible: Peter Ustinov (que ganó un Oscar por su papel en el film), un Charles Laughton en su salsa, disfrutando como un crÃo, John Gavin. Tony Curtis y Lawrence Olivier. Los dos últimos protagonizaron la que se ha convertido sin duda en la escena más famosa de la pelÃcula: ¿conchas o caracoles?
Con el reestreno treinta años después de “Espartaco”, se añadió una escena censurada en su momento en la que Olivier, que interpreta al romano Craso, trata de seducir en el baño al joven y bello Tony Curtis (Antonio en la pelÃcula), con el famoso comentario de si Antonio prefiere las “conchas” o los “caracoles”. Curiosamente, al tener que doblarse de nuevo los diálogos de la escena, se recurrió al mismo Tony Curtis (¡tres décadas después!) para dar de nuevo la voz a su personaje, y a Anthony Hopkins, que se encargó de las lÃneas de Lawrence Olivier, fallecido dos años antes del reestreno.
Factores como la banda sonora contribuyeron a hacer del film un acercamiento original al género histórico, con el trabajo difÃcil, personal, a la vez que épico, del compositor Alex North, nominado al Oscar por su score.
En el área técnica no se reparó en nada. Por más tono intimista que se le quisiera dar, “Espartaco” tenÃa que ser un gran espectáculo, y a ello contribuyó la utilización del formato Super Technirama, que permitÃa obtener un negativo más ancho de lo normal, y un sonido de seis pistas (el tercer film en la historia en incorporar este sistema), para que las grandes batallas y la música de North aplastaran al espectador.
Un rodaje que se alargó hasta casi los 170 dÃas, con 10000 personas empleadas (8000 extras en la batalla final, rodada durante 12 semanas en España), 12 millones de dólares en presupuesto (en la época, uno de los films más caros hasta entonces), y con una recaudación el primer año de 13 millones, “Espartaco” es, como solÃa pasar con aquellas pelÃculas, una montaña de cifras sin fin. Un cine fruto del trabajo de muchos seres humanos, miles de horas, problemas y sufrimientos, pero que en este caso no caen en el vacÃo espectáculo pseudo bÃblico.
“Espartaco” es un canto a la libertad, a la lucha por obtener lo que se desea mediante el riesgo y el esfuerzo, una historia contada a ritmo de increÃbles secuencias en el campo de batalla, pero también de momentos de pura emoción, como son los momentos en que Douglas está junto a su amada interpretada por Jean Simmons, o las últimas imágenes del film, que en su momento convirtieron el comedor de mi casa, en alguna Semana Santa perdida en el tiempo, en un mar de lágrimas.

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El rodaje de “Espartaco” estuvo cargado de tensión y conflictos hasta acabar con Kirk Douglas y Kubrick peleados sin hablarse, fue tales las discusiones que su amistad se acabo.
Kubrick entró en el rodaje de Espartaco una vez ya habÃa empezado y en un principio tenia la intención de suprimir las secuencias filmadas por Anthony Mann. Suerte que nos las elimino ya que para mi no tienen desperdicio.
El dÃa de su estreno en 1960 se cortaron 14 minutos a “Espartaco” y cuando volvió a proyectarse en 1967 censuraron 23 minutos y no fue hasta 1991 cuando se restauraron los dos cortes los cuales contenÃan una escena en el baño donde Craso intenta seducir a su esclavo Antonino. Aquà os dejo el dialogo:
C: ¿Robas, Antonino?
A: No, amo.
C: ¿Mientes?
A: No, si puedo evitarlo.
C: ¿Has deshonrado alguna vez a los dioses?
A: No, amo.
C: ¿Te reprimes de todo vicio para respetar las virtudes morales?
A: SÃ, amo.
C: ¿Comes ostras?
A: Cuando las tengo, amo.
C: ¿Comes caracoles?
A: No, amo.
C: ¿Consideras moral comer ostras e inmoral el comer caracoles?
A: No, amo. Claro que no.
C: Cuestión de gustos, ¿no?
A: SÃ, amo.
C: Y el gusto no es lo mismo que el apetito, y por tanto no se trata de una cuestión de moralidad, ¿no es as�
A: PodrÃa verse de esa manera, amo.
C: Es suficiente. Mi toga, Antonino.
C: Mi gusto incluye… tanto los caracoles como las ostras.