Parece que ahora todo el mundo se acuerda de Fernando Fernán Gómez por su maldita frase “¡a la mierda!” pronunciada ante las cada vez menos pudorosas cámaras televisivas.
Un artista de más de ochenta años, posiblemente el hombre de cine más completo de España, acaparador de premios, admirado internacionalmente y todavÃa en activo a su edad, se ha visto reducido a una única frase, “¡a la mierda!”, “¡a la mierda!”, “¡a la mierda!”.
La trayectoria de Fernando Fernán Gómez se extiende desde la posguerra en España hasta el siglo XXI. Es actor de cine y teatro, director, guionista, dramaturgo y escritor de novelas de éxito. También ha trabajado en la radio y hasta en óperas. ¿Hombre del Renacimiento? Seguro que si.
Nace en 1921 en Lima, Perú, aunque se traslada a España siendo todavÃa un párvulo. Estudia filosofÃa y letras, pero pronto decanta todo su tiempo al teatro. Como actor, su descubridor fue Jardiel Poncela.
El debut en el cine le llega de la mano de Gonzalo Delgrás, que le dirige en Cristina Guzmán (1943). A partir de este momento, Fernán Gómez se concentra en una sólida filmografÃa en la que, en estos primeros tiempos, suele interpretar a españoles sencillos enfrentados a distintos avatares y desgracias. Films destacados serán en 1944 El destino se disculpa, en 1947 Botón de ancla de Ramón Torrado y en 1948 La miel es mucha, de José Luis Sáez de Heredia.
La década de los cincuenta se inaugura con Balarrasa, de José Antonio Nieves Conde, director de la importante Surcos, y El último caballo, de Edgar Neville.
El alcance artÃstico de Fernán Gómez no conocerá fronteras. 170 pelÃculas como actor, y una carrera como director que se inaugura en 1953 con Manicomio, en colaboración con Luis MarÃa Delgado. Dirigirá un total de 27 pelÃculas, entre ellas al menos dos que destacan de entre lo mejor de la historia del cine español, dotando siempre a sus obras con una combinación de una cierta ironÃa y el pesimismo fruto de una vida difÃcil y nada agradecida.
Pronto Fernán Gómez abandonará los papeles de hombre común para enfrentarse a personajes complejos que requieren de un trabajo más profundo en la interpretación.
Trabajará en los setenta con Saura (Ana y los lobos, 1972) y, en una interpretación contenida y magistral, en El espÃritu de la colmena, de VÃctor Erice, quien supo filmar el rostro del actor de una manera espléndida, dotando de poesÃa el más mÃnimo gesto.
Su faceta de dramaturgo le proporciona satisfacciones como Las bicicletas son para el verano, que luego será adaptada para el cine. De hecho, Fernán Gómez ha declarado en ocasiones que la escena puede llenarle más que sus trabajos con la cámara.
En la década de los ochenta le empiezan a llover los reconocimientos en forma de premios, como la Medalla de Oro de las Bellas Artes en 1981, el Premio Nacional de Teatro en 1984, o el Premio Nacional de CinematografÃa en 1989.
Su labor como novelista culminará en 1987 con El mal amor, finalista del Premio Planeta de literatura. Stico, film de Jaime de Armiñán de 1984, le proporciona el premio a la interpretación en el festival de BerlÃn. En 1986 dirige la entrañable El viaje a ninguna parte, crónica de las andanzas de un pobre grupo de cómicos que recorren el paÃs representando sus espectáculos; el film está rodado con evidente cariño, y en él destila el amor del director por el mundo del teatro. En 1989 consigue otro éxito detrás de las cámaras con El mar y el tiempo, descripción del complicado panorama que encuentra el protagonista en España, después de haberse exiliado durante años a Argentina.
Las nuevas generaciones de cineastas, aprendices de cineasta y cinéfilos de los noventa descubren a Fernán Gómez gracias a Belle Epoque. La pelÃcula de Fernando Trueba gana un Oscar y el actor consigue el Goya por su interpretación, uno más de los seis premios de la Academia Española que se ha llevado durante su carrera.
El abuelo (1998, José Luis Garci), no es concebible sin su impactante figura con la barba rubia. El film de José Luis Cuerda La lengua de las mariposas (1999) parte de un guión excelente en el que Fernán Gómez interpreta con aplomo y mucho corazón, a un profesor republicano finalmente detenido por los nacionales.
En los últimos años, el actor se ha dedicado a aparecer en diversos films como secundario, robando por momentos el protagonismo de los demás actores; recordemos sino la huella que deja en Todo sobre mi madre (1998), de Almodóvar, o en El embrujo de Shangai, de Trueba (2002).
En el 2000 dirige Lázaro de Tormes, que como muchas de sus obras, no consigue unos números destacables en taquilla. Ese mismo año se convierte en el primer hombre de cine en ingresar en la Real Academia Española, un premio a su faceta de escritor, guionista y dramaturgo.
Con una salud progresivamente mermada, sigue empeñándose en dedicar el otoño de su vida al trabajo. En el 2004, por ejemplo, estrena una adaptación de la segunda parte de El Quijote, titulada Morir cuerdo y vivir loco.
Cascarrabias declarado, figura reverenciada, reflexiona sobre el paso del tiempo (”cada vez le van doliendo a uno más trozos del cuerpo”) y aguanta cada vez con menos paciencia las entrevistas. Su gran mérito no consiste únicamente en haber tocado tantas teclas en el mundo del arte, sino en haberlas tocado tan bien, mostrándose inflexible en sus ideales y su personalidad. Muchos desearÃamos haber vivido la mitad de cosas que ha vivido este hombre, pero efectivamente, muchos le recordarán por una sola frase, “¡a la mierda!”.

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La interpretación de Fernando Fernán-Gómez en “El viaje a ninguna parte” es muy buena y recordemos que él es quien la dirige, a parte que la historia esta basada en la novela escrita por él mismo.