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Grupo Salvaje: Escena del combate final

1913, México. El viejo Pike (William Holden), un criminal buscado durante decenios por la ley, acaba de acostarse con una prostituta mexicana. Algo que él ha hecho docenas de veces en su vida, hoy tiene un significado especial. Hoy será la última vez.

Para Pike y sus tres amigos Dutch (Ernest Bognine) y los hermanos Gorch (Ben Johnson y Warren Oates), hoy será la última vez de todo. Porque son criminales, no tienen moral ni ética, han matado a innumerables inocentes en toda su carrera fuera de la ley y muchos se han quedado en el camino al intentar detenerles, pero hoy, cuando salgan del prostíbulo, darán el último coletazo, luego morirán.

En los últimos días, Pike había planeado dar su último golpe, pillar el dinero y cambiar de vida ahora que las piernas empiezan a fallar y ya no es tan fácil montar el caballo y salir al galope después de desvalijar un banco. Pero algo ha ocurrido, un miembro de la banda, Ángel (Jaime Sánchez), ha sido apresado por el despiadado cacique de la zona, y se lo han llevado a su fortaleza llena de fieles soldados, donde el déspota pasa los días emborrachándose entre prostitutas y decadencia. Quizás Pike podría olvidarse de Ángel, sería lo lógico en él, pero hay algo que ha cambiado en su mecanismo de acción. Hay que salvarle, matar a esos cerdos y morir con ellos. ¿Redención? Eso habría que pensar, pero Pike no sabe lo que significa esa palabra. Es viejo, su amigo y segundo jefe del grupo Dutch también, y quizás el subconsciente busque una última chispa que de sentido a sus vidas. Pero no vivirán para contarlo y lo saben.

Pike sale del prostíbulo, Dutch y los demás le esperan fuera. Dutch sonríe, el muy canalla sabe lo que su amigo piensa, un baño de sangre con nuestra sangre, pero no hay nada más que hacer en este mundo de locos en el que unos crápulas como nosotros ya no son nadie. Los tiempos han cambiado. Moriremos matando, antes de que nos maten en vida. ¡Qué imagen la de Pike cargando el rifle! Lo está haciendo por última vez, es un plano general normal y corriente, pero sabemos que lo está haciendo por última vez.

Los cuatro avanzan por la calle del pueblo, la gente los mira, en el aire se respira que algo grave va a suceder. Llegan a la fortaleza. El pequeño gran dictador ríe en plena juerga con sus subalternos. ¿Queréis a Ángel, verdad? Lo coge, el chico está herido por todos los lados, lo han torturado, pero han tenido la crueldad de dejarlo vivo. Lo coge y lo lleva ante Pike y los demás, ¡aquí lo tenéis! Y le raja la yugular de un navajazo. La sangre brota del cuello del chico. Silencio. Nadie se atreve a moverse. Y finalmente… fuego, Pike y los suyos empiezan a disparar a todo el que se mueve. Al dictador, a sus soldados, docenas y docenas van cayendo.

Pike entra en una habitación, sigue disparando, los hermanos Gorch acaban cayendo, Pike se gira, hay una mujer, no la mata, pero al volver la vista de nuevo la mujer le dispara, “¡puta!”, y Pike la mata sin contemplaciones. Pasan los minutos, la masacre continua, tiros de uno y otro lado. Solo quedan Pike y Dutch, heridos pero todavía matando. Detrás de ellos hay un niño oculto con un rifle, Dutch cae, el niño dispara a Pike. Muere. Cesa la batalla. Innumerables cadáveres pueblan la fortaleza. El niño sonríe.

Esta es la escena más impactante de uno de los westerns más importantes de todos los tiempos, Grupo Salvaje, film dirigido por Sam Peckinpah. Es una obra crepuscular, sus protagonistas son viejos lobos que van a morir, y se rodó en una época, 1969, en que, justamente, el western era un viejo lobo a punto de morir. “Intentaba contar una simple historia de hombres malos en tiempos que están cambiando (…). Lo extraño es que uno siente la pérdida de estos hombres cuando llega el final”, decía el mismo Peckinpah, director de otros duros films como Pat Garret y Billy the Kid (1973), o La cruz de hierro (1977). Y ciertamente esta escena consigue combinar la carga violenta con el aliento poético de la pérdida de unos malos hombres buenos de manera extraordinaria. Nunca un western había sido tan violento. Nunca tan gore, con planos de sangre brotando de los soldados, sin compasión, con la misma dureza en la visualización de la muerte del dictador que la de Pike.

La sangre por un lado, por otro la poesía de estos hombres que van derechos a redimirse. Cuando acaba esta escena viene otra igualmente maravillosa, con el hombre que les ha perseguido durante todo el film, el que fue compañero de andanzas de Pike en su juventud, Deke Thornton (Robert Ryan) y que ahora está del lado de la ley, entrando en la fortaleza y encontrándose a su amigo muerto. Él sale del lugar, se sienta, y comprende porque lo han hecho, y en su mirada (las miradas de Holden y Ryan en todo el film son de antología) vemos que hubiera dado lo que fuera por estar con ellos. En lo técnico, la escena ha sido estudiada en infinidad de ocasiones. En primer lugar, Peckinpah utiliza el montaje para expresar la violencia y tragedia de lo que está sucediendo; muchos planos con la imagen ralentizada se combinan con rápidos insertos de disparos y soldados que caen. En un momento determinado, la caída de un soldado desde un tejado se parte en tres planos ralentizados que se intercalan con otras imágenes de la matanza, creando una muerte en tres tiempos. Algunos directores como Tarantino han bebido de Peckinpah, de su tratamiento de la violencia y de su montaje.

Sam Peckinpah es un especialista en maximizar escenas, en sublimar el clímax de la película y alcanzar un nivel superior de expresión. Esta es una de las escenas más impactantes del western, quizás la más violenta, pero es ese exceso de sangre y pólvora lo que resalta por contraste la tragedia de los personajes, y por extensión, nos ofrece la clave del mensaje del film. Viviendo en el caos y la violencia, la única forma de salvarse, es entrar en el centro de ese caos, apretar un botón y que todo salte por los aires, empezando por uno mismo.

Una recomendación en cuanto al visionado de Grupo Salvaje es la de acudir al montaje del director que se editó hace pocos años. 144 minutos de cine tal y como lo concibió Sam Peckinpah, un hombre que no dudo habría acompañado también a Pike hasta la fortaleza del dictador con su rifle cargado. Listo para morir.

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...por Marc Monje ...por Marc Monje


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4 comentarios en Grupo Salvaje: Escena del combate final

  1. Este final es sobrecogedor, lleno de violencia, que a manos del talento de Sam Peckinpah se convierte es una escena memorable.

  2. A mi no para de emocionarme el final cada vez que veo “Grupo Salvaje”.

  3. Es espectacular el final de “Grupo Salvaje”, desde el amanecer, el camino hacia el fuerte y finalmente el tiroteo, ¡impresionante! Peckinpah hizo un magnifico trabajo en “Grupo Salvaje”.

  4. Muy bueno el reportage, narra a la perfeccion esta magnifica escena de “Grupo Salvaje”.

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