
Del IIEC sobresalieron nombres como el de Carlos Saura. Saura se dio a conocer con su película Los Golfos (1960), donde refleja la frustración de los jóvenes españoles. La película tenía influencias del cine extranjero, lo que era una novedad en la España cerrada a la realidad de entonces.
Pero el cine español vivía por aquel entonces a merced de la Junta de Clasificación, y películas interesantes como la de Saura quedaban desestimadas por su contenido y no recibían ningún tipo de subvención. Este sistema servía de presión para que los cineastas solo se centraran en los enfoques del gusto del régimen del dictador (historias de santos, toreros y coplistas).
Este férreo proteccionismo debilita al cine español; solo podemos citar algunos grandes éxitos como las famosas (y tantas veces repuestas en la televisión), Marcelino, pan y vino (1954) de Ladislao Vadaja, y El último cuplé (1957) de Juan de Orduña que convirtió a Sara Montiel en una diva.
Más ejemplos de la política proteccionista de la dictadura de Franco los vemos en la instauración de la cuota de pantalla, que obligaba a las distribuidoras a ofrecer una película española por cada cuatro extranjeras, y a las exhibidoras a proyectar un día de película española por cada cuatro extranjeras.
Ésto refleja los esfuerzos en vano del régimen por potenciar el cine español. Sin embargo, en realidad otras medidas del franquísmo fueron las que habían debilitando a nuestro cine y seguían haciéndolo (obligación de doblaje, censura, subvenciones selectivas…), pero la dictadura no podía permitir dar rienda suelta a algo tan peligroso como el cine, que no es otra cosa que un medio artística de expresión.
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