Se dijo que ella fue “el más ilustre regalo de Suecia a Hollywood”. Ingrid Bergman emigró a Hollywood para convertirse en estrella y sobre todo, actriz. Al contrario que muchas otras, nunca antepuso lo primero a lo segundo.
El golpe de suerte providencial que a uno puede (o no) presentársele una vez en la vida, le llegó a Bergman en 1936. En su Suecia natal ya se había hecho con un hueco de cierto renombre, y acababa de estrenar “Intermezzo” con bastante éxito, pero lo que la futura protagonista de “Encadenados” (1946, Alfred Hitchcock) no sabía era que en Hollywood, David O´Selznick había visto el film, y estaba decidido a traerse a Ingrid a Estados Unidos junto con los derechos para rodar la versión americana de “Intermezzo”, con la propia Bergman repitiendo el papel.
Antes de su aterrizaje en Hollywood, Bergman se comprometió a rodar cuatro films en Alemania, de los que sólo terminó uno, debido al repudio de la actriz al creciente clima de recorte de derechos y libertades auspiciado por los nazis.
En 1939 se estrenará la esperada “Intermezzo” de la Metro Goldwyn Mayer. Para Bergman empezaba una frenética década, con América rendida a su magnetismo y a la sinceridad que desprendían sus interpretaciones. La actriz no tardaría en mostrar su inquietud y versatilidad en obras como “El extraño caso del Dr. Jeckyll y Mr. Hyde”, de Victor Fleming, con Spencer Tracy en el conocido doble papel.
En estos primeros años su descubridor en América, David O´Selznick, intentó adaptar los puntos “negativos” de Bergman para hacer de ella una estrella tópica del establishment de Hollywood, pero la actriz se negó a falsear su imagen con cambios de nombre o excesos de maquillaje. Después de algún que otro enfrentamiento, O´Selznick, rendido a la tozudez de la sueca, dio un giro de 180 grados a su idea y presentó a la Bergman como lo que era, una actriz natural, sin maquillajes, falsos currículums o una vida palaciega de cuento de hadas.
En 1942 ni la misma actriz sabía que aquel proyecto caótico titulado “Casablanca” en que la habían metido, se convertiría en la película más “clásica” de todos los tiempos. Allí estaba junto a Humphrey Bogart, protagonizando una historia que ninguno de los guionistas implicados sabía cómo terminar, besando a un personaje que quizás, al final del film, no acabaría quedándose con ella. Pero de las dificultades y los tropiezos emanó el talento de director, guionistas y reparto, y “Casablanca” cambió el rumbo de las carreras de todos los implicados, Bergman incluida.
En 1943 Bergman recibió una nominación al Oscar gracias a “Por quién doblan las campanas”, dirigida por Sam Wood. Al año siguiente rueda la conocida “Luz de gas” (George Cukor) y en 1945 “Recuerda” (Alfred Hitchcock), donde estaba guapísima como doctora, vistiendo una procedente bata blanca, pelo recogido y unas más que procedentes gafas; ambos films son producto de la moda del cine freudiano que invadía Hollywood por aquellos años. Con “Luz de gas”, por cierto, Bergman consiguió su primer Oscar.
Encadenados está en lo más alto de su filmografía. Su papel es extraordinario, una mujer en decadencia, borracha, hija de un ex capo nazi, obligada a prostituirse y obtener información para el gobierno americano, aunque ella lo haga en verdad por el amor que siente por el agente que la acompaña a Brasil (Cary Grant), donde debe cumplir su misión. La escena del larguísimo beso con Grant en el apartamento de Rio de Janeiro contiene una carga erótica sin igual, el mismo Hitchcok diría que, con ese beso, lo que realmente estaban haciendo los personajes era acostarse.
En 1948, recibe su cuarta nominación a los premios de la Academia por “Juana de Arco” (Victor Fleming), y trabaja por última vez con Hitchcock en la excelente, aunque siempre denostada, “Atormentada”, donde la actriz realiza un trabajo realmente enfermizo.
1949. Segundo giro importante en la vida y carrera de la actriz. Decidida a despegarse de la comodidad de Hollywood, viaja a Italia para rodar “Stromboli” con el director neorrealista Roberto Rosellini. Ambos se enamoran y no tardan en casarse. La actriz, que hasta entonces estaba casada con el doctor Lindstrom y tenía una hija, Pia, tuvo que sufrir a causa de su atrevida aventura italiana los peores varapalos de su carrera.
En América llegó el escándalo, Ingrid Bergman liada con Rosellini en Italia y su pobre familia abandonada a su suerte. La Motion Pictures Association la presionó para que negase los rumores, pero ella les ignoró, y hasta algunos senadores hicieron declaraciones de rechazo a la actriz.
Ante el terremoto sensacionalista, Bergman se refugió definitivamente en Italia, actuando en films de su marido como “Europa 1951″ (1951) o “Te querré siempre” (1953), magníficas cintas todas ellas. Ingrid demostraba al mundo que es posible dar un giro a la vida por amor, y también dejaba clara su prestancia artística, consiguiendo memorables interpretaciones en una coyuntura cinematográfica que no tenía nada que ver con los lujos de Hollywood. Pero en Estados Unidos, nadie quería saber nada de ella. Con Rosellini tuvo gemelos, Islota e Isabella, la Isabella Rosellini que todos conocemos.
En 1956 rompe con Rosellini y vuelve a América para recuperar todo lo perdido. Su público la vuelve a aceptar, y consigue su segundo Oscar con “Anastasia”.
Su carrera transcurrirá a partir de “Anastasia”, rodada en Inglaterra, entre Europa y Estados Unidos. Hasta el ocaso de su carrera destacan “Indiscreta” (1958, Stanley Donen) y “Sonata de Otoño” (1978), una de sus interpretaciones más sentidas, en palabras del director del film, el también sueco Ingmar Bergman. El último destello de grandeza de la actriz lo debemos buscar en la miniserie “Una mujer llamada Golda” (1982), por la que recibe un Emmy póstumo.
Ingrid, recién separada de su tercer marido en 1975, descubre que tiene cáncer y es operada. Aunque intentó seguir trabajando, el 29 de agosto de 1982, día de su cumpleaños, fallece en Londres a los 67 años, después de que sus amigos le ofrecieran una pequeña fiesta en el hospital.
La suya fue una vida de difíciles decisiones y grandes riesgos que mucha gente no entendió. En sus palabras “no tengo arrepentimientos. No habría vivido mi vida de la manera que lo hice si iba a preocuparme de lo que la gente dice de ti”.

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La vida de Ingrid Bergman es como el guión de una película. No hay más que leer la biografía de Ingrid Bergman para darse cuenta.
Según la lista realizada por el American Film Institute, la actriz Ingrid Bergman es la cuarta estrella más importante en la historia del cine. Por algo será.
Sólo es necesario repasar la filmografía de Ingrid Bergman para entender el por qué está en la cuarta posición.
Está muy bien la biografía de Ingrid Bergman.
Es justa esa cuarta posición para Ingrid Bergman en la lista que comentáis. Recordad que a los dieciocho años Ingrid Bergman fue elegida entre cientos de aspirantes para estudiar en la Real Escuela de Teatro dramático.