Sin Jean Harlow no habría existido Marilyn Monroe. Grace, la persona que ejerció de madre forzosa y primera mentora de Marilyn, estaba obsesionada con que la adolescente todavía llamada Norma Jean siguiera los pasos de la rubia platino más famosa hasta entonces, la espectacular Jean Harlow.
Y con ese objetivo en mente le cambió el aspecto, peinado y maquillaje a la inocente Norma y sentó las bases para el futuro estrellato de Marilyn Monroe.
Harlow fue el precedente de la Monroe, además de una excelente actriz de comedia y drama en los primeros años del cine sonoro, y una verdadera bomba sexual succionadora de hombres y aglutinadora de escándalos y rumores morbosos. Su vida terminó precipitadamente cuando contaba tan sólo con 26 años y había actuado en una veintena de películas.
Antes de que fuera la reencarnación del glamour más carnal, Jean Harlow se llamaba Harlean Carpenter y había nacido en Kansas City en 1911, en el seno de una familia de clase media. Rebelde por naturaleza, a los 16 años se fuga de su hogar con un empresario hijo de un millonario, la boda llegará en 1927 y la pareja se instala en Chicago.
Pronto decidirá convertirse en actriz, viaja a Los Ángeles con su marido y se cambia el nombre por el de Jean Harlow. Sus primeros papeles son de corte cómico, y podemos verla en algunas comedias de Stan Laurel y Oliver Hardy.
En 1929 se divorcia y un año después conoce al magnate y aventurero Howard Hughes quien queda boquiabierto por el erotismo que desprende Jean, y después de acostarse con ella decide emplearla en el film de 1930 “Ángeles del infierno”, el primer paseo de Harlow por el mundo de la fama.
En 1931 no para de trabajar y aparece en la emocionante “Luces de ciudad” de Charles Chaplin, en “El enemigo público” de William A. Wellman junto a James Cagney, y en el film de Frank Capra “La jaula de oro”. La Metro Goldwyn Mayer ya tiene a la joven promesa en el punto de mira y decide no dejarla escapar, contratándola en 1932. Paul Bern, un romántico intelectual y buen tipo (lo llamaban “Padre Confesor”) amigo de Irving Thalberg tendrá mucho que ver en la consecución de este contrato, finalmente Jean se casará con él ese mismo año. Bern era 22 años mayor.
El matrimonio se alargará lo que dure la vida de Bern, que se suicida cuatro meses después en el cuarto de baño de la pareja, mientras Jean había ido a visitar a su madre. La muerte del “Padre Confesor” es uno de los escándalos más sonados del Hollywood clásico. Parece seguro que Bern estaba deprimido y frustrado por no poder complacer a Jean sexualmente debido a su impotencia, se dice que para sus prácticas en la cama, el pobre Paul utilizaba un gran pene falso con el cual intentaba suplir sus carencias. La mayoría de versiones sobre el suicidio coinciden en señalar que Bern era incapaz de seguir el inagotable ritmo sexual y las fantasías alocadas de Harlow, y no parece haber otra causa de su muerte distinta a esta. El cadáver estaba envuelto en Mitsouko, el perfume favorito de Jean, y en una nota que Bern escribió antes de volarse la cabeza de un disparo, escribió: “Mi muy querida. Desgraciadamente esta es la única salida para reparar el daño que te he causado y borrar mi humillación. Te amo, Paul” y en una postdata: “Piensa que la última noche fue una comedia”.
La voracidad sexual de la actriz está corroborada por quienes tuvieron la suerte (o no) de llevársela a la cama, como el mismo Clark Gable, quien simplemente se despegó enseguida que pudo de ese ciclón devora hombres y con quien Harlow rodó un total de seis películas, William Powell o Charles Chaplin, el cual tuvo que cortar de raíz su relación con Jean, temeroso de las habladurías que estaban empezando a provocar.
Volviendo a la escena del suicidio, aquella noche antes de que llegara la policía, se personaron en la habitación los dos máximos responsables de la Metro, Louis B. Mayer e Irving Thalberg, quien en un principio ocultó la nota de suicidio a la policía, temeroso de que el escándalo ensuciara el nombre de su estrella. A pesar de las medidas tomadas, el suicidio del pobre marido de Jean Harlow fue uno de los temas más cotilleados en la década de los treinta, un drama extraño y morboso. Groucho Marx, fanático de la belleza de la actriz, sacó su clásica nota de humor: “Ojalá hubiera podido acostarme con Jean Harlow. Era maravillosa. El tipo que se casó con ella era impotente y se suicidó. Yo habría hecho lo mismo”.
Siguiendo con la carrera de Jean, “La pelirroja” de Jack Conway (1932), le reportará una posición definitiva de privilegio y popularidad. En 1933 exhibe sus buenas condiciones para la comedia en “Cena a las ocho”, de George Cukor, también en ese año rueda “Tu eres mío”, de Sam Wood y se casa en terceras nupcias con Harold Rosson, de quien se divorciará dos años más tarde.
En 1936 vuelve con Jack Conway en “Una mujer difamada”, después de ser la primera actriz de cine que aparece en la portada del magazine “Life”.
Mientras, en 1937 anda rodando “Saratoga”, Jean es ingresada de urgencia en un hospital por complicaciones en el riñón. El problema se agrava rápidamente y la actriz muere poco después. La película en la que trabajaba se terminará igualmente, utilizándose una doble en las escenas que le quedaban por rodar.
La actriz que mejor besaba según James Stewart murió cuando su carrera estaba en lo más alto. Era ambiciosa, la cámara se derretía al verla y -buscad si no alguna foto suya- la naturaleza la había dotado de un cuerpo espectacular. De no haber fallecido tan pronto, Marilyn habría tenido una seria competidora.

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Jean Harlow se convirtió en un símbolo sexual en la década de 1930, fue apodada “Rubia platinada” y en sus primeras películas mayoritariamente eran destinadas a mostrar su sex appeal.