No hay director de tan ejemplar dominio de la pluma como José Luis Garci, el poeta de la imagen. Su sentimiento narrativo y sensibilidad estética han traspasado fronteras avecinando, en numerosas ocasiones, el éxito en la ceremonia de los Oscar.
A raíz de diez años como presentador en el programa “Qué grande es el cine” de La 2 de TVE, nadie duda hoy en día de su gusto y saber por el buen cine. Admirador de los grandes y devorador de protervos mayoristas, nunca dudó en criticar constructivamente cada una de las obras que pasaron por su programa. En la calidad está el gusto.
José Luís Garci nació en Madrid el 20 de Enero de 1945. De procedencia austríaca, obtuvo una buena educación hasta comenzar de empleado administrativo en un banco a los veinte años. Su afición por la gran pantalla le empapó de una cultura cinematográfica que plasmó posteriormente en revistas como “Signo”, “Reseña”, “SP” y “Cinestudio”, en calidad de crítico.
Su evolución profesional siempre estuvo ligada a la literatura. Escribió y publicó relatos de ciencia ficción en revistas nacionales; títulos como “Bibidibabibidibú”, “Adam Blake” o “La Gioconda está triste” son conocidos por la mayoría de sus incondicionales. Ha recibido laureles como el premio Puerta de Oro de Relatos o el galardón por Mejor obra literaria del Círculo de Escritores Cinematográficos. También colaboró como ensayista y llevó a cabo una monografía de cine de ciencia ficción en la enciclopedia Buru-Lan.
En 1968 comienza a dedicarse profesionalmente a la escritura de guiones. Lleva a cabo proyectos junto a directores consagrados de la época de posguerra. Con Antonio Jiménez Rico escribe “El Cronicón”, 1970, con Pedro Olea “No es bueno que el hombre esté solo”, y con Eloy de la Iglesia, entre otros, “Una gota de sangre para morir amando”, ambas de 1973. También escribe para televisión en el programa “La Cabina”, dirigido por el conocido Antonio Mercero.
Sus primeros cortometrajes, de carácter documental, se remontan a situaciones cotidianas dentro de su propia vida española de clase media. El primero que perpetró fue “Al fútbol”, seguido de una pequeña visión sobre el mito de Marilyn Monroe y su influencia sexual en “Mi Marilyn”, y “Tiempo de gente acobardada”. Todos tuvieron una buena acogida en las salas del país lo que facilitó en 1978 el excelente recibimiento de su primer largo, “Asignatura Pendiente”, convertida pronto en la película talismán del cine español, y ganadora de un Goya a mejor director. Indudablemente este madrileño entró en el mundo del cine por la puerta grande. La crítica siempre le ha definido como la perfecta representación de la España en la que se rodaba, una transición hacia la democracia de la que mucha gente comenzaba a aprender su significado y repercusiones.
Nadie duda de la merecida ovación que Garci colecciona dentro del mundo cinematográfico. Partiendo de su talento para la escritura, formalmente es un estudioso de la técnica por naturaleza. Resulta graciosa la disparidad de opiniones que genera el estilo tan definido de Garci. Sus películas, cargadas de palabra y significado, largos diálogos imprescindibles de escuchar, lentas imágenes y dilatados planos, resultan extremadamente magníficas para algunos y encarecidamente lentas y aburridas para otros.
Qué mejor manera de viajar a los sentimientos y esperanzas de los españoles de finales de los setenta que haciéndolo mediante la vía radiofónica. Las consultas y consejos que los periodistas ofrecen cada noche, dicen mucho de una sociedad maniatada por el franquismo recientemente liberada. Así lo comprobamos con “Solos en la madrugada”, 1978.
“Volver a empezar” se puede definir como un pistón que bombea a cada instante sentimentalismo puro y duro. Ganadora del Oscar en 1982 a Mejor película de habla no inglesa, fue la primera película española que consiguió este galardón. En ella se narraba la historia de un profesor de universidad en California, recientemente gratificado con el premio Nobel de literatura, que vuelve a su ciudad natal, Gijón, a empezar una nueva etapa de su vida.
Dejó de lado por un momento sus historias diarias, íntimas y existenciales para introducir a su público en una intrigante trama policíaca primero en “El Crack”, sin más detenimiento, y después en “El Crack 2″, 1983, donde Alfredo Landa da vida a un detective que busca a la hija de un terrateniente de León. Según transcurre la trama irá descubriendo líos amorosos y demás telas que le probarán para dejar el caso. A pesar de ser una de sus obras más queridas no obtuvo premio alguno, tuvo que conformarse con los aplausos y felicitaciones del gran público.
Tras “Sesión Continua”, 1984, pasaron siete años en los que Garci se dedicó a otras prioridades, la televisión y las editoriales sobre cine, (que llevaba a cabo con su editorial Mickel Odeón, de igual nombre que su posterior productora de cine) hasta crear “Canción de Cuna”, 1994. Todas ellas cautivaron, una vez más el gusto de críticos americanos y fueron nominadas a mejor película de habla no inglesa, quedándose tan sólo en eso, en una nominación.
Esclavo del sentimentalismo, la tradición y su mirada nostálgica, vuelve a encauzar sus fábulas hacia la creación de “El Abuelo”. Basada en un relato de Benito Pérez Galdós, el desgastado pero espléndido Fernando Fernán Gómez interpreta a un aristócrata que vuelve de América a su pueblo natal por la muerte de su hijo. Con el pretexto del antiguo concepto de honor, seña indispensable para el hombre y sus progenitores, se ve embaucado por la progresión de un país plenamente democrático e intencionadamente igualitario, que le deja dos nietas de diferente sangre. Es una bellísima historia llevada a cabo con total rigor y dedicación; No se escatimó en presupuesto para conseguir exactamente esto, lo que su autor quería. Lástima que la crítica no pudo demostrarle su satisfacción por la obra ante la gran aceptación de “Todo sobre mi madre”, de Pedro Almodóvar. Los resultados fueron, un único Goya, el de mejor actor protagonista y la decepción de su director al ver la cosecha de Almodóvar, diez en total.
En 1995 editó el primer número de la revista cinematográfica “Nickel Odeón”, que edita José Luis Garci y dirige el crítico Juan Cobos.
La imagen en blanco y negro, las profundas miradas sollozantes o el envolvente humo de los cigarrillos al más puro estilo americano de finales de los 50, se ve perfectamente reflejado en “You´re the one”, 2000. Una sencilla trama que camina por impetuosos paisajes norteños acompañada de una magistral banda sonora que completa ese recuerdo a la época dorada de Hollywood.
Costumbrista como es él, dos años más tarde, presentó la película “Historia de un Beso”. Fue criticada una y otra vez por su dedicación a lo rural, la simpleza de su drama y sobre todo por el gran paralelismo que tenía con “You´re the one”.
Un recurso bien afincado en las perspectivas de trabajo de Garci es circunscribir al espectador en un escenario teatral. Películas como “Canción de cuna”, “El abuelo” o “Ninette” recogen en su argumento la magia de los bastidores para mirarlo a través de la cámara de cine.

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