buscar
Espanol flagIngles flag

Tiempo estimado de lectura 4:32 min. rellotge
Judy Garland

“El mago de Oz” (1939, Victor Fleming) es la película que todos querríamos que vieran nuestros hijos con una permanente mueca de asombro.

La fantasía, el colorido y la magia que el cine podía ofrecer antaño se encuentra en la odisea de Dorothy y el camino de ladrillo amarillo. Pero igual que un día averiguamos que los Reyes Magos son los padres, también acabamos enterándonos de que Dorothy se llamaba en realidad Judy Garland, una niña prodigio de talento innato para el canto y el baile que actuaba desde los seis años, cuya vida recorrió el lado más oscuro del brillante camino de ladrillo amarillo.

Ver una fotografía de Judy Garland en 1969, a las puertas de su muerte, es acongojante. Su rostro arrugado, seco, casi desdentada con tan sólo 47 años, “vieja, vieja, vieja”, como se lamenta Kenneth Anger en su libro “Hollywood Babylon”; un cuerpo abusado, manoseado por una industria del espectáculo (los mánagers y el estudio que la contrató a los 13 años, la Metro Goldwyn Mayer) que indujo a una adolescente a consumir drogas para mantenerse en pie durante jornadas inhumanas de rodaje, drogas para poder dormir las escasas horas de sueño de las que disponía, drogas para poder levantarse por la mañana y más drogas para controlar su tendencia a engordar.

Con 25 años ya le habían practicado electroshocks y sesiones de psicoanálisis para solucionar sus problemas psicológicos fruto de una carrera tan estresante como precoz. Luego llegaron el alcohol, las depresiones, estancias en hospitales, divorcios en cadena e intentos de suicidio. Demasiado, y demasiado pronto. Cuando Judy era ya una mujer de 20 años, los estudios la obligaron a continuar siendo la infantil Dorothy del camino de ladrillo amarillo; su contrato era específico, si Judy dejaba de ser Dorothy, no cobraba. Las consecuencias de esta infame presión pertenecen a la leyenda negra de Hollywood, y lo único cierto es que, finalmente, Judy Garland murió sentada en el retrete, atiborrada de somníferos y con la vida destrozada.

Es el precio que pagó por el estrellato esta pequeña niña de Minnesota, aunque por lo menos nos dejó un buen número de musicales llenos de vida y docenas de maravillosas canciones. Judy Garland (que entonces se llamaba Frances Ethel Gumm) ya actuaba con sus dos hermanas como The Gumm Sisters, contando tan sólo con seis años. En 1935 ya posee un buen currículum de radio y escena, y llama la atención de la Metro Goldwyn Mayer, que la contrata sin hacerle siquiera pruebas de cámara, un caso único en la historia del cine. Judy rodará con el estudio de Louis B. Mayer casi toda su filmografía, en un contrato que no se romperá hasta 1950.

La encantadora Judy, con 14 años, en 1936, firma también un contrato discográfico con Decca, aunque posteriormente también grabará para Capitol. Su carrera al olimpo del showbussines estaba en marcha. En 1939 se estrena “El mago de Oz”, su film más importante. Con 17 años, Judy alcanza el estrellato, estampa sus huellas en el Hollywood Walk of Fame y recibe un Oscar especial por su trabajo, del que sobresale su memorable interpretación de la canción “Over the rainbow”. Será en este momento cuando el estudio la acribilla con cláusulas en su contrato que la impiden engordar un gramo, o cambiar mínimamente su voz. Le recetan phenobarbital para controlar su apetito, y pronto oscuras ojeras aparecerán periódicamente bajo sus ojos.

Su carrera prosigue formando pareja con Mickey Rooney en diversos films de corte patriótico, que alegran la vida de la América de la Segunda Guerra Mundial. Títulos como “Los hijos de la farándula” (1939), “Armonías de juventud” (1940) o “Girl Crazy” (1943) son la receta perfecta para el aburrimiento del americano medio.

En 1944, casada por cierto desde 1941, Judy actúa en la emocionante “Cita en San Luis”, donde conoce, se enamora y finalmente se casa con su director, Vincente Minnelli; juntos tendrán una hija, la futura estrella Liza Minnelli. Es “Cita en San Luis” un musical con preciosos momentos de intimismo y dulzura, y piezas clásicas del repertorio de Garland como la bulliciosa “The trolley song” o la bonita “The boy next door”.

En 1948, Judy vuelve a actuar bajo las órdenes de Minnelli más la música de Cole Porter en “El pirata”, extravagante musical que no digerió demasiado bien el público de la época, ya fuera por su barroquismo, o por ver a una Judy menos infantil y más sensual y picarona con el aventurero saltarín Gene Kelly. En 1950 el estudio se deshace de Judy sin piedad. La actriz no puede solventar sus problemas con las anfetaminas (hay que decir que este tipo de drogas eran recetadas por los médicos de Hollywood como simples medicinas, sin pensar en las consecuencias adictivas), sufre alucinaciones y cambios de humor repentinos que afectan el transcurso normal de los rodajes en los que participa.

En un momento bajo como este, despreciada por los estudios que tanto la habían presionado, Judy vuelve a los escenarios en un exitoso tour al que le siguen docenas de singles y varios Lp de éxito, entre los que destaca el “Judy at Carnegie Hall”, con el que obtiene cinco Grammies. Su retorno triunfal a la música lo une en matrimonio con el manager Sid Luft, con quien tiene dos hijos, Lorna y Joey.

En 1954 regresa al cine con el éxito y la nominación al Oscar por “Ha nacido una estrella”, producida por la Warner. A finales de los cincuenta, ingresa de nuevo en un hospital, y siete semanas después vuelve a girar por los escenarios en su tercer comeback. En los años sesenta, Judy alterna los rodajes de cine (en “Vencedores y vencidos”, de 1960, obtiene un nominación de la Academia a la mejor actriz secundaria) con los platós de televisión al frente de su propio espacio en la CBS, “The Judy Garland Show”, que desgraciadamente sólo se mantendrá en antena dos temporadas (1963 y 1964), acosado por la competencia que a la misma hora representaba la serie “Bonanza” de la NBC.

Llegado 1968, Judy se encuentra casi arruinada, psicológicamente destrozada, cancelando conciertos e incumpliendo contratos, y desengañada por tantos doctores y psiquiatras que no habían hecho nada bueno con ella. El 15 de julio canta por última vez en un local del Greenwich Village de Nueva York. Seis días después muere en Londres por sobredosis de somníferos.

Una carrera truncada, un talento explotado, maltratado y finalmente malgastado por una industria que, como Saturno, acaba devorando a sus propios hijos.

1 Estrella2 Estrellas3 Estrellas4 Estrellas5 Estrellas (Valora el reportaje)
Cargando ... Cargando ...



...por Marc Monje ...por Marc Monje


Enlaces Patrocinados:



Otros Reportajes:


Los más comentados:



Publicidad


Publicidad




PortalMundos Factory, S.L. | 2000 - 2008 | Hosting Profesional por isyourhost.com isyourhost.com