Siendo el western más popular de todos los tiempos, en los últimos lustros se ha tratado a “La diligencia” de forma inmerecida, situando en el punto de mira crÃtico sus elementos más tópicos y la previsible lÃnea argumental.
Junto a westerns de mejor y más moderna ingestión para las nuevas generaciones como los de “Peckinpah” u obras más allá de todo juicio como “Centauros del desierto”, de John Ford, parecerÃa como si “La diligencia” quedara como una pieza a archivar en el desván de las obras que no dan la talla ante el paso del tiempo y la presión de la modernidad. Comprobemos entonces si este viaje por Monument Valley rodado en 1939 merece ser rescatado del trastero y la naftalina.
Una diligencia camino a Lordsburg en una ruta peligrosa, decididamente poco recomendable, infestada de indios con ganas de brega. Los pasajeros son un vendedor de whisky, Lucy, joven esposa de un oficial, Dallas, prostituta que ha sido expulsada de su ciudad por la liga de mujeres decentes, “Doc” Boone, médico de vez en cuando y borracho a tiempo completo, Hatfield, jugador, Gatewood, banquero que se ha largado de su oficina con todas las nóminas y por último, Ringo Kid, un fuera de la ley de turbio pasado en busca de venganza. El viaje es tenso y las relaciones entre los pasajeros fluyen entre conflictos y tensiones. Finalmente los indios de Gerónimo atacan, pero por fortuna aparece el Séptimo de CaballerÃa en el último minuto para salvar a la diligencia.
Otro western más, la historia de siempre. Trillado quizás, pero nada más lejos de la verdad, el problema es que lo que en “La diligencia” era radical novedad, fue copiado después hasta la saciedad en docenas de westerns más modernos, asà que el original apareció finalmente tópico y demasiado naiff para las posteriores generaciones. “La diligencia” es un western tan olvidado y erosionado por el tiempo como crucial y revolucionario, nadie deberÃa dudar en colocarlo entre los tres más importantes de la historia.
En primer lugar, “La diligencia” es el punto de partida del western moderno, cuando las pelÃculas del Oeste dejaron de ser historietas de indios y vaqueros para adentrarse en la psicologÃa de los personajes por un lado (western psicológico) y en un análisis de la historia americana, en la que el director o guionista se posiciona crÃticamente. El segundo punto de cambio importante con respecto al western visto hasta 1939, año del estreno del film, es su atrevido mensaje, mérito ex aequo de John Ford y de uno de sus guionistas favoritos, Dudley Nichols (”La fiera de mi niña”, de Hawks, “El delator”, del mismo Ford).
El choque de personalidades que se da en el interior de la diligencia parte de la condición arquetÃpica de los personajes para llegar a conclusiones de alto calado moral. Los modelos de comportamiento clásicos (la puta, el héroe, el egoÃsta, la joven virginal) colisionan y se centrifugan unos con otros en el interior de la diligencia, en una forzosa mezcla de elementos tópicos de los que se extraen nuevas y profundas lecturas morales. Ringo Kid (John Wayne) y la prostituta Dallas (Claire Trevor) por ejemplo, se enamoran siendo ambos desechos sociales, un prófugo y una puta, lo peor, pero los dos dan finalmente una lección de ética a los demás personajes, y Ford está claramente con ellos. En este sentido, es curioso que el Ford de esta época, el de “La diligencia”, pero también el de “Las uvas de la ira”, fuera un director con un ideario tan izquierdista, siempre a favor del pobre y el marginado y señalando con el dedo al privilegiado que los desprecia, conociendo posteriormente, en la etapa final de su carrera, los dudosos postulados conservadores de los que muchos le acusan.
Por primera vez, el western se olvidaba de los machotes cowboys, reyes indiscutibles hasta entonces, y giraba la vista hacia las mujeres (Dallas), los conflictos entre clases sociales e incluso centraba uno de los más largos momentos climáticos del film, en algo tan poco western como un parto.
Muchos habréis leÃdo que Orson Welles vio cuarenta veces “La diligencia” antes de realizar “Ciudadano Kane”, él era un rookie en la industria del cine, y el film le sirvió para tomar conciencia del poder expresivo de la cámara y la luz. La verdad es que dudo que fueran cuarenta, pero lo que sà es cierto es que el lenguaje visual de “La diligencia” está muy presente en la ópera prima de Welles, sobre todo en el sabio uso de la profundidad de campo (prácticamente inédito hasta entonces), que jerarquiza la importancia y sensaciones de los personajes dentro del cuadro.
Momentos de poderÃo visual hay muchos en el film. La primera aparición de John Wayne vale su peso en oro, se acerca a caballo en plano general, para, zoom directo a su primer plano, sin paliativos, contundencia y garra expresiva para introducir a Ringo Kid, el personaje central de la trama. Luego encontramos la complejidad de la luz (la citada secuencia del parto), con mucha más oscuridad de lo normal, en contraste con la luz natural de los exteriores. Finalmente el ataque de los indios a la diligencia, una borrachera de acción, ritmo, saltos de eje, tiros y velocidad, un combate a la altura del de “Alexander Nevsky” (Sergei M. Eisenstein, 1938) que adecuadamente culmina todo el film.
Nada es tópico en “La diligencia”, son los imitadores los que la han convertido en tópica. Incluso la proverbial aparición, hoy tan de cajón, del Séptimo de CaballerÃa para salvar a los protagonistas de los indios no se habÃa utilizado hasta entonces de esa forma, ni tampoco el conocidÃsimo paisaje del Monument Valley, primera vez que servÃa de escenario para un western de Ford, ni John Wayne, el hombre-western por definición, habÃa sido todavÃa protagonista (al menos en la época sonora) de un film de Ford, aunque a partir de entonces las carreras de ambos correrÃan en paralelo, y Wayne se instalarÃa gracias a “La diligencia” en el estatus de fama que de verdad le correspondÃa.
Republic pictures, el pequeño estudio dedicado a seriales y producciones de serie B que tenÃa bajo contrato a Ford se puso patas arriba con el éxito de “La diligencia”; un Oscar a la mejor banda sonora (canciones populares americanas del siglo XIX) y al mejor actor secundario (Thomas Mitchell, el médico borracho) premiaron en su dÃa esta obra capital, aunque serÃa con el paso de los años cuando su importancia se harÃa cada vez más evidente, por más que muchos sigan condenándola al trastero y a la naftalina.

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Ford es el antes y el después en el genero del western y “La diligencia” es una buena muestra de ello.
“La diligencia” para mi es el mejor western de la historia. John Ford supo crear toda una serie de diferentes personalidades que describe con perfecta precisión en cada personaje.
¡”La diligencia” un peliculón!
“La diligencia” es un clásico del western y aunque no contenga incontables efectos especiales, demuestra como se hace una pelÃcula.