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La Guerra de Vietnam y el Cine: Una fuente de inspiración


“¿Cuál es el fin que justifica esta matanza? ¿Cómo salvaremos Vietnam si lo destruimos en combates?”
James Reston (The New York Times)

En 1959 Washington estaba convencido de que se acercaba una gran conspiración comunista desde el Sudeste asiático, y que había que hacer algo al respecto. De ese modo, cuando se instauró la República de Vietnam del Sur, con el presidente Diem a la cabeza, Estados Unidos apoyó el nuevo estado y la creación de una policía anticomunista. Pero el nepotismo del nuevo líder y la marginación religiosa que sentía la comunidad budista sirvió para que se iniciara la contestación política del Frente Nacional de Liberación (con el grupo guerrillero Vietcong) y de los propios budistas. El gobierno de Diem reprime a los budistas, pero se emiten por todo el mundo las famosas autoinmolaciones a lo bonzo de algunos monjes en Saigón y se enciende la mecha definitiva de la guerra entre los gobiernos de Vietnam del Norte, comunistas, con Ho Chi Minh a la cabeza, y Vietnam del Sur. La falta de un gobierno fiable en el Sur, aunque Diem era “colaborador” con Washington provocó la implicación directa de Estados Unidos en la contienda anticomunista, con el envío de tropas en 1963. La contienda fue una sangría continua, un trauma nacional del que Estados Unidos todavía no se ha recuperado. La táctica de contención y desgaste seguida por los Estados Unidos, confiados en que su superioridad les daría un triunfo seguro, significó su perdición en las difíciles tierras selváticas del sureste asiático.

A pesar de los malos augurios que pronto llegaron a Washington, está claro que se quería llevar el conflicto hasta sus últimas consecuencias, ya que en 1969, siete años después del primer envío de tropas, habían en Vietnam medio millón de soldados estadounidenses, más que en ninguna otra ocasión. Las hostilidades que habían empezado bajo el gobierno demócrata, cesaron con los republicanos de Nixon en la Casa Blanca; en 1973 se firma un armisticio, y en 1975 se produce la retirada total de Estados Unidos al sur del paralelo 17. Se firma la paz entre los dos Vietnams, con la rendición del Sur. Los balances fueron tremendos. Del bando norteamericano hubieron 58 000 muertos, 1300 desaparecidos y 300 000 heridos, 10 000 de ellos parapléjicos; del bando norvietnamita las víctimas subieron a los 2 000 000, con un 40 % de víctimas mortales perteneciente a la población civil.

Como guerra que se extendió durante interminables años y que afectó de forma tan profunda a ambos bandos, la acción del cine ha sido profunda y sigue analizándose en la actualidad, por lo mucho que nos informa sobre qué tipo de sociedad produjo tal derrame de sangre y qué clase de consecuencias tuvo la confrontación para las siguientes generaciones.
Podríamos decir que el cine basado en el conflicto de Vietnam se ramifica en tres géneros. El cine de propaganda, el documental y el cine a posteriori, una vez terminada la guerra.
En primer lugar, el de la propaganda, es decir, el cine que se rodó contemporáneo al conflicto, estaba diseñado para hacer hervir el patriotismo de ambos bandos y para justificar que el conflicto continuara. Por parte norteamericana, podríamos citar el film dirigido por John Wayne en 1968 “Boinas Verdes”, cuyo paternalismo y justificación de la guerra provocó protestas en todo el país, aunque no era de extrañar que un tipo con la fama de fascistoide de Wayne fuera quién estuviera detrás del proyecto. Por parte norvietnamita, el film “Hona-Binh”, de 1969, es un ejemplo de cómo se contrarrestó la propaganda cinematográfica made in USA. Ambas propagandas sin embargo coincidían en el mensaje que se daba a sus respectivos pueblos en la retaguardia: vale la pena el sacrificio.

Infinidad de documentales han detallado muchos aspectos del conflicto vietnamita, ofreciendo una explicación complementaria a la que dio la televisión, manipulada en la mayor parte de las ocasiones por los intereses del gobierno. Destaco de entre innumerables films, el tremendo documental, titulado “Four hours in My Lai”, de 1989, que detalla una de las barbaridades más diabólicas que tuvieron lugar en aquellos días, se trata de la matanza llevada a cabo por tres compañías del ejército norteamericano en la aldea de My Lai. Las tropas, al mando del teniente William L. Calley Jr. mataron, violaron y torturaron salvajemente a los habitantes del lugar. 350 personas murieron, la mayoría ancianos, mujeres y niños. El documental nos ofrece entrevistas en My Lai con supervivientes vietnamitas, y con algunos soldados de las tres compañías, a quienes vemos obligados a llevar toda su vida el peso de tal inenarrable acción.

Tanto los documentales rodados a posteriori del conflicto como el cine de ficción de temática vietnamita, por lo menos en Estados Unidos, ha servido para abrir heridas mal cicatrizadas de una sociedad que no ha podido asumir la sinrazón del conflicto al cabo de tantos años. La sociedad norteamericana contemporánea a la guerra tuvo que dividir su conciencia en un doble conflicto, el exterior, con sus soldados luchando contra un enemigo invisible al que parecía imposible vencer, y el conflicto interior, con su descreimiento progresivo con respecto a un gobierno que les había metido en un conflicto lejano e innecesario. Algo así ocurre hoy día con Irak, por un lado están las tropas que tratan de sobrevivir en Bagdad, por otro un gobierno que las ha metido allí por sus propios intereses, ¿qué pensar? ¿defender a tu país, tus soldados, aunque sabes que eso significa defender una guerra injusta, o atacar esa misma guerra aunque eso signifique olvidar la cantidad de compatriotas que están arriesgando su vida? Ese conflicto interno en Estados Unidos, esa brecha social, fue la razón de tantas manifestaciones históricas en Washington y otras ciudades, muchas de ellas reprimidas brutalmente por las fuerzas del orden. Cassius Clay, el posterior Mohamed Alí, resumía muy bien en una frase el estado de la conciencia de todo un país cuando el campeón se negó a alistarse en el ejército y manifestó: “No voy a la guerra de Vietnam porque ningún vietnamita me ha llamado negro”.

De una filmografía a posteriori sobre el tema que supera los 400 títulos, podríamos destacar los films “El Cazador” (1978, Michael Cimino), “Apocalypse Now” (1979, Francis Ford Coppola) y “Platoon” (1986, Oliver Stone), por cuanto todas parecen coincidir en reflejar la mentalidad de una sociedad herida y traumatizada por una guerra sin sentido, y porque sobretodo nos enseñan que el verdadero conflicto, la verdadera guerra, está en el interior del ser humano.
Otros films destacables dentro de este subgénero bélico: “Acorralado” (1982, Ted Kotcheff), “Desaparecido en combate” (1984, Joseph Zito), “La chaqueta metálica” (1987, Stanley Kubrick), “Jardines de piedra” (1987, Francis Ford Coppola), “La colina de la Hamburguesa” (1987, John Irvin), “Good morning Vietnam” (1988, Barry Levinson), “Nacido el 4 de julio” (1989, Oliver Stone) y “El cielo y la tierra” (1993, Oliver Stone).








...por Marc Monje ...por Marc Monje


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