“La loba” será uno de los films que borren aquel lugar común que decía que el Hollywood más lujoso, el del melodrama sudista con grandes actores y mucho capital no podía conseguir de ningún modo obras excelentes en un punto medio entre el clasicismo y la modernidad.
Esta obra de William Wyler es, cierto, un producto clásico de una temática clásica en la cultura norteamericana de rancio abolengo, pero en este caso con un importante toque de modernidad reflejado en una puesta en escena en que la mayoría de personajes son aborrecibles para el espectador y donde el planteamiento en cuanto a imagen y fotografía responde a un vanguardismo sorprendente en una película de estas características.
Este curioso contraste clásico-moderno parte de una obra teatral escrita por Lillian Hellman, autora de renombre (recordar y recomendar la película “Julia”, de 1977, con Jane Fonda, basada en la autobiografía de Hellman, Pentimento) que compartió su vida nada menos que con Dashell Hammett. La obra se titulaba “The little foxes”, con un argumento que giraba alrededor de una rica, dominadora y expeditiva mujer sureña (Regina en la película, interpretada por Bette Davis) dispuesta a todo con tal de entrar en el boyante negocio del algodón en el año 1900, incluso a dejar morir a su marido enfermo del corazón, patriarca de la familia que se niega a participar en el lucrativo sector. La representación de “The little foxes” en Broadway es un éxito, y pronto Samuel Goldwyn decide traspasarla a la pantalla grande, sirviéndose mayoritariamente de los mismos actores que la estaban representando en Nueva York.
Si bien, en un principio Tallulah Bankhead tenía que afrontar, como ya había hecho en Broadway, el papel protagonista de la pérfida Regina, en el último momento se decidió otorgárselo a Bette Davis, que con 32 años tenía que caracterizar a una cuarentona de arrugas bien asentadas. Davis, bajo contrato de la Warner, entró dentro de un trueque por el cual ella era cedida a Goldwyn para “La loba” y éste hacía lo propio enviando a Gary Cooper a la Warner.
A un plantel de actores en el que, además de Bette Davis en este, su papel de mantis religiosa por definición, también destacaban los dos debutantes Dan Duryea (interpretando al primero de sus clásicos secundarios amorales y repugnantes… ¿sería este hombre así en la realidad?) y la bonita Teresa Wright, de 23 años, que dejaría buenos recuerdos cinco años más tarde en “La sombra de una duda” de Hitchcock.
Los estudios se plantearon “La loba” como un melodrama sudista de lujo en la tradición que va de “El nacimiento de una nación” (1915, David Wark Griffith) hasta “Jezabel” (1938, como en “La loba”, William Wyler dirigiendo y Bette Davis protagonizando) y “Lo que el viento se llevó” (1939, Victor Fleming). Para este menester se le otorgó al proyecto un presupuesto holgado, un buen director de maneras clásicas, William Wyler, y un director de fotografía, Gregg Toland que no iba a poner el piloto automático como sí habían hecho otros operadores a las órdenes de Wyler; Toland animó al director a correr riesgos visuales, de este modo se utilizaron lentes anamórficas para conseguir una profundidad de campo en la que Wyler situaba a los personajes dramáticamente, en primer o segundo término según la expresividad que deseara crear en el plano.
Mis recuerdos de “La loba” pasan siempre por estas composiciones en plano general que Toland sublimaría mano a mano con Orson Welles en “Ciudadano Kane”, como la imagen de Horace (Herbert Marshall) en su lenta agonía en primer término sentado en su habitación, y su esposa Regina al fondo del encuadre, siempre acechando, como loba alrededor de la presa.
Dejando de lado la prestancia de Wyler y Toland, nada sería igual en “La loba” si no fuera por Bette Davis. El rictus de desprecio que empieza por los ojos que miran por encima a cualquiera que se cruce en su camino y se transmite después a cualquier extremidad de su cuerpo, accionada siempre por la actriz debido a un motivo concreto, calculando perfectamente el efecto que desea transmitir al espectador. Davis estudió al personaje de Regina viendo primero de todo la representación de “The little foxes” en Broadway, donde Tallulah Bankhead ejercía de una Regina malvada y sin tonos grises, tal y como Davis la imaginaba, un personaje diabólico sin resquicios de humanidad. William Wyler no estuvo de acuerdo en un principio con la agresividad que imprimía Davis a su interpretación, él deseaba suavizar a Regina, darle algún toque de bondad y un cierto sex appeal para que todavía hubiera atracción mutua entre ella y su marido enfermo, pero finalmente tuvo que rendirse ante el personaje radicalmente negativo creado por Bette Davis.
El estreno de “La loba” en 1939, uno de los años con mayor densidad de películas importantes en la historia del cine, resultó ser un triunfo. Desgraciadamente, en los Oscar Goldwyn y los suyos se las prometían muy felices con sus ocho nominaciones, pero, en uno de los fracasos más sonados vistos en una ceremonia de premios de la Academia, la película quedó con el casillero a cero.
Lillian Hellman escribiría una segunda parte de su obra, que recogía la historia de la familia Hubbard años antes de la acción que se recoge en “La loba”, cuando el matrimonio Regina y Horace Hubbard era todavía joven, con ella tan puerca y él tan rendido, bueno y débil como años después. La obra se llamó “Another part of the forest”, y se adaptó al cine en 1948, bajo la dirección de Michael Gordon.
Elegante panteón de verdugos y víctimas en medio de la opulencia de una gran familia sureña. Ese ansia de una mujer, representante del capitalismo salvaje de la burguesía del sur, por obtener más dinero y más poder, está representada en el mismo título del film, La loba, el animal que aúlla porque debe dominar a las demás bestias, la que despedaza a sus víctimas sin saciar su hambre, la que en la noche, eliminados todos sus enemigos, se queda, finalmente, sola.

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La sutileza de los diálogos, la uniformidad de las actuaciones, el dinamismo de los encuadres, la dramatización… “La Loba” cuenta con la capacidad de envolverte de principio a fin.
“La Loba” técnicamente es extraordinaria, las interpretaciones son maravillosas yo destacaría la de Bette Davis y Herbert Marshall. Ahora bien quien busque en “La Loba” un melodrama romántico que recuerde que se encontrará con una denuncia social.
“La Loba” es una drama familiar que aborda el tema de las ansias de poder y si se puede tomar como una denuncia social. La ambientación en Estados Unidos de 1900 al igual que toda la película es maravillosa.
Para el papel de Regina en “La Loba” Bette Davis no fue la primera actriz a quien consideraron para el papel, la primera fue Tallulah Bankhead, que había interpretado con mucho éxito el papel en Broadway.
Durante el rodaje de “La loba” hubo diferentes cambios en un primer momento el marido de Regina aparecía como enfermo de sífilis y no de una enfermedad cardíaca.
Sí, Tallulah Bankhead fue la primera a considerar para el papel de Regina, pero cuando Bette Davis no accedió en un principio ha hacer el papel se propuso a Miriam Hopkins. El odio entre Hopkins y Davis era muy grande desde que una había tenido una relación con el marido de la otra, así que ya os lo podéis imaginar. Después del rodaje de “La Loba”, Bette Davis fue nombrada presidenta de la Academia.