Se trata de una de las pelÃculas más ignoradas de Alfred Hitchcock. En primer lugar, es el último film producido en su Inglaterra natal, pocos meses después, ya estarÃa iniciando el rodaje de Rebeca en Hollywood, y es por ello que Posada Jamaica tiene colgada desde siempre la molesta etiqueta de film transitorio entre dos etapas.
Otro de los motivos que han contribuido a que crÃticos y público ignoren la pelÃcula es el mismo género en el que se enmarca: las aventuras ambientadas en un pasado histórico. Junto a esta, Atormentada (1949) y Valses de Viena (1933) nunca han sido tomadas en serio, aduciendo que Hitchcock no es un director adecuado para filmar periodos históricos. Las tres desmienten esta afirmación; de Valses de Viena poco puedo decir porque no la he visto, Atormentada por su parte, resulta ser un uso y abuso del experimento con los planos-secuencia que Hitchcock realizó el La soga (1948) para envolver una historia enfermiza de odios y pasiones en la Australia de 1831, una curiosidad en la filmografÃa del director, y uno de mis fetiches personales; y Posada Jamaica es un gratificante film de piratas asesinos y jueces locos, rondando el 1819, cuyo argumento es el siguiente: Mary Yellen (Maureen O´Hara) viaja a la Posada Jamaica, situada en la costa de Cornualles, que regentan sus tÃos, con la intención de quedarse allà durante un tiempo. La posada sirve como refugio de un grupo de piratas, capitaneados por el propio tÃo de Mary, que se dedican a provocar naufragios en los acantilados de la costa para saquear los barcos y asesinar a las tripulaciones.
Uno de los miembros del grupo de piratas Jem Traherne (Robert Newton) -que resulta ser también un oficial británico en labores de espÃa -, es acusado por sus compañeros de haberse quedado con parte de un botÃn. Cuando están a punto de lincharle, Mary acude a rescartarlo y ambos huyen hacia la mansión del juez de la región, Sir Pengelton (Charles Laughton), para pedirle ayuda. Pronto descubrirán que el juez es quién verdaderamente controla a los piratas sicarios, y que pretende engañarlos a todos y largarse con un valioso botÃn.
Se trata de una narración de aventuras impropia de Hitchcock pero no por ello poco satisfactoria. Ante todo, creo que es un film adictivo, ideal para quienes hayan disfrutado en algún momento de su vida, con los personajes más rudos de La isla del tesoro de Stevenson o incluso de Capitanes Intrépidos de Kipling , una historia intensa y divertida en la que, además, convergen algunos puntos cinematográficamente destacados que harÃamos mal en pasar por alto:
El personaje de Sir Pengelton: Hitchcock contó con la presencia de Charles Laughton para interpretar a esta suerte de Nerón de Cornualles, un juez rico y seboso, cuya posesión más amada es un caballo al que, cual emperador demente, deja trotar por las lujosas estancias de su mansión. No tiene moral, trata a las mujeres como caballos, y es capaz de pronunciar frases como esta: ” la belleza bien vale la muerte de algunos hombres “.
Pecando de un grosero histrionismo que nada tenÃa que ver con el clásico “villano elegante” de Hitchcock, Laughton arropó al juez con su hipervólica personalidad, y de paso, le dio unos cuantos dolores de cabeza con su divismo y su inconstancia laboral al ordenado, metódico y tranquilo director.
El Guión:
Escrito a cuatro manos por Sydney Gilliat, la ayudante de Hitchcock Joan Harrisson, su esposa Alma Reville (habituales ellas dos en la filmografÃa del inglés) y el escritor J. B. Priestley, guarda el guión de Posada Jamaica un equilibrio, que luego Hitchcock se encargará de subrayar visualmente, entre dos espacios muy diferenciados en los que transcurre la mayor parte de la acción: la oscura y bulliciosa posada, y los barrocos salones de la mansión del juez.
Uno de los problemas en cuanto al guión, de los que se arrepentÃa Hitchcock, se lo comentó a François Truffaut en el famoso libro de entrevistas, el director decÃa haberse equivocado al desvelar la condición de traidor de Sir Pengelton al poco de aparecer este por primera vez en la pelÃcula. El secreto tendrÃa que haberse aguantado hasta el final, como si ocurre en muchas pelÃculas del director, jugando asà con la segura sorpresa del espectador cuando se desvelara la verdadera condición del juez.
Piratas:
La banda de impresentables corsarios ladrones y asesinos es presentada por Hitchcock de forma inequÃvocamente negativa. En este sentido, los piratas y el juez forman una de las más detestables alineaciones de “malos” en el cine de Hitchcock.
Uno de los piratas, llamado Salvation, está interpretado por el fascinante Mister Memory de 39 escalones (1935).
Rodada ente septiembre y mediados de octubre de 1938, Posada Jamaica es una obra a descubrir. No desvela ninguna clave de su autor, pero si en cambio demuestra como el género de aventuras de corsarios, en manos de Hitchcock, adquirÃa una negrura, una amoralidad a todos los niveles, impensable en cualquier film de Errol Flynn.
Fue en todo caso, una digna despedida de su paÃs de origen, donde Hitchcock habÃa rodado una consistente filmografÃa que no harÃa sino expandirse como el aceite en el Hollywood que aguardaba impaciente la llegada del mago del suspense.

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Alfred Hitchcock crea con “Posada Jamaica” un suspense finÃsimo, con un toque siniestro que te envuelve, junto a esto, el trabajo de los actores es excelente. Una brillante pelÃcula del Hitchcock británico.
“Posada Jamaica” es fascinante, sugestiva, con una atmosfera llena de cinismo y perversión por la cual van surgiendo toda una galerÃa de personajes memorables.
Hitchcock es un genio.
“Posada Jamaica” es Hitchcock puro. Una muy buena pelÃcula y la última de su etapa británica. Contiene toda una serie de elementos como el amor o el suspense que sabe juntar perfectamente con toques de humor y ironÃa. “Posada Jamaica” te engancha de principio a fin.
Es una pelÃcula bien construida, Hitchcock creó un guión sólido y bien estructurado para “La Posada Jamaica” y además está llena de buenas interpretaciones.