Nathan Oliver, un prestigioso novelista, aparece muerto en el faro de Combe Island, una isla muy particular, retiro vacacional para personas con altas obligaciones en la sociedad británica, a la que sólo pueden acceder, además, los nacidos en la isla -como era el caso de Oliver- y los descendientes de la familia propietaria de sus tierras. Entre ese reducido grupo de favorecidos y los trabajadores de la isla se encuentra un posible asesino. Pero la investigación no va a ser, de ninguna manera, fácil, ya que todo el mundo tenía motivos para odiar al escritor, un hombre engreído que intentaba imponer su voluntad y utilizaba las desgracias ajenas para tramar los argumentos de sus novelas, sin importar el daño que pudiera hacer. Ante la cercana visita de un importante político a la isla, y el indudable renombre del fallecido, el encargado de resolver el caso será el Comandante Adam Dalgliesh y su equipo, la inspectora Kate Miskin y el sargento Francis Benton-Smith. El problema surgirá cuando, una vez iniciada la investigación, todos se tengan que enfrentar, además de a la realidad de un asesino entre ellos, a la amenaza de un peligroso virus que les obligará a permanecer en cuarentena.
El faro es la última novela de una de las Grandes Damas del Crimen, P. D. James, o lo que es lo mismo, Phyllis Dorothy James, una venerable señora de 88 años nacida en el mismísimo Oxford. Si nadie lo ha estudiado todavía, creo que sería un tema interesante para reflexionar: ¿por qué las mujeres son tan buenas escritoras de novelas de detectives, y si son británicas y de cierta edad avanzada, suelen ser aún mejores? El caso de P. D. James es además muy curioso. Si vemos una foto suya, es una adorable ancianita; si leemos algunos datos de su biografía, nos sorprenderemos, ya que a los 29 años empezó a trabajar para los servicios de seguridad británicos y a los 48 obtuvo un cargo en el Departamento de Policía del Ministerio del Interior, experiencias que le permitieron adquirir un profundo conocimiento de la metodología policial y de medicina forense. Todo ello lo plasma en sus novelas y consigue una descripción tan realista de los asesinatos que, en algunos casos, hasta cuesta seguir leyendo.
La gran figura de las novelas de P. D. James es Adam Dalgliesh, comandante de Scotland Yard cuyo prestigio le hace ser requerido para casos de especial trascendencia social. La gran novedad es que este policía es, además, poeta, aunque en muy pocas ocasiones se atreve la autora a recrear la poesía de su personaje; más bien, es la continua referencia por parte de los que le rodean a este hecho lo que nos permite conocer esta parte de su vida. Junto a Dalgliesh, están tomando cierta estabilidad los personajes de Kate Miskin, inspectora detective, la persona en la que más confía Dalgliesh, pero que se tiene que enfrentar a un mundo profundamente masculino como el de la policía; el sargento Francis Benton-Smith, otra referencia a las “minorías” ya que es un anglo-indio, culto, guapo, educado, que no termina de ganarse la confianza de sus compañeros; y Piers Tarrant, antiguo miembro del equipo, que aquí reaparece brevemente al principio. Ha sido, quizás, en las dos o tres últimas novelas cuando P. D. James ha “humanizado” un poco a sus personajes y la verdad es que yo, personalmente, lo agradezco. Antes eran demasiado fríos, duros y, en algunos momentos, implacables. Ahora, tal vez porque Dalgliesh ha decidido casarse o porque Kate Miskin parece que inicia una relación sentimental, todos son algo más simpáticos, lo que es mucho más agradable también a la hora de leer una novela.
En fin, no quiero extenderme tampoco mucho más porque lo interesante sería que leyérais El faro o cualquiera de las novelas de P. D. James. En ellas descubriréis a una autora que escribe muy bien, que ofrece temas y actitudes sorprendentes en una mujer de su edad. Aunque si os remontáis a cualquiera de sus primeros libros, podréis comprobar que P. D. James siempre ha estado por delante de su época. Con la cara de abuelita ideal que tiene…
[P. D. JAMES, El faro. Bruguera Editorial, Barcelona, 2006, 526 páginas]
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