Sophia Simeónidis es una frágil mujer de unos 50 años que vive en un caserón en los suburbios de París. Acostumbrada a su tranquila vida, muy diferente a la de años atrás, cuando era una reconocida cantante de ópera (nunca fue “la Simeónidis, pero tenía sus incondicionales), dos hechos van a trastocarlo todo: el primero y más inquietante es la aparición de una haya plantada en su jardín; el segundo incluso va a terminar por ayudarle, ya que a la casa junto a la que comparte con su marido se mudarán cuatro hombres muy peculiares: Marc Vandoosler y su tío, un ex policía acusado de corrupto, Mathias y Lucien.
Pues sí, se trata de la novela que nos presenta a “los tres evangelistas”, personajes que aparecían en la ya comentada Sin hogar ni lugar y que tanto me habían gustado. En Que se levanten los muertos vamos a conocer cómo terminan viviendo juntos estos tres historiadores (prehistoriador, medievalista y especialista en la Primera Guerra Mundial) y el origen de su llamativo apodo que, para pesar de todos ellos, casi termina confundiéndose con sus verdaderos nombres.
El argumento de la novela está muy bien: después de aparecer la haya en el jardín, la mujer queda hondamente preocupada, aunque no consigue que su marido le haga mucho caso. Es por ello que, una vez que se instalan los evangelistas en la nueva casa, Sophia Simeónidis decide ofrecerles una importante suma de dinero si cavan en el lugar en el que se encuentra el árbol para descartar macabras sorpresas. Marc, Lucien y Mathias, tres hombres “con el agua al cuello”, aunque todavía sin ahogarse, aceptan, le demuestran que no pasa nada y comienzan una gran amistad con ella y con Juliette, la mejor amiga de Sophia, propietaria de una casa vecina y de un restaurante. Pero poco después Sophia desaparece, así que los tres se verán implicados en su búsqueda.
La intriga evoluciona de una manera ágil y nada predecible. Además, Fred Vargas es tremendamente amena en su forma de escribir. Sus personajes son también divertidos e interesantes, con una mención muy especial al viejo Vandoosler y a sus tres evangelistas, que hacen parecer a la Historia como una dedicación apetecible (y lo dice una de Historia Moderna, que no es que tenga ganas de meterme con el gremio). En Que se levanten los muertos también nos encontramos con una serie de personajes de origen griego y una descripción del carácter griego, en contraposición con los franceses, que está muy bien: lo mismo es estereotipada, pero funciona.
La verdad es que no voy a seguir porque, seguramente, terminaría por contar el libro. En lo que sí me reafirmo es que Fred Vargas es de lo mejor de la novela policíaca actual. Y que me encantan estos cuatro protagonistas. Creo que después de esta novela y de Sin hogar ni lugar no volvemos a tenerlos en otra nueva, lo cual es una pena. Fred, queremos más “evangelistas”, por favor.
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