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Liv Ullmann

Es una de las grandes divas de la época dorada del cine de autor Europeo. Musa, esposa y cómplice de Bergman. Una mujer fuerte, que ha sabido expresar las emociones más profundas con su cara, su pluma y su cámara.

A pesar de ser Noruega, Liv Ullmann nació en el Tokio imperial un 16 de diciembre de 1938. Enseguida las tensiones políticas que llevaron a la Segunda Guerra Mundial propiciaron su traslado, junto con el resto de su familia a Noruega, la patria de sus padres. Allí se crió y vivió hasta los 17 años, cuando se fue a Londres a estudiar arte dramático. Volvió a Oslo, donde actuó en multitud de funciones en el teatro Rogaland. En poco tiempo obtuvo un papel protagonista, encarnó a la pequeña Ana Frank, en la obra de teatro inspirada en el diario de la pequeña judía asesinada por los nazis. El Teatro Nacional Noruega no tardó en percatarse de su potencial y la fichó. Interpretó a las grandes heroínas de las obras de Shakespeare: Julieta (”Romeo y Julieta”) y Ofelia (”Hamlet”), también prestó su físico a Juana de Arco y a Margarita, la protagonista femenina de “Fausto”. Durante esta etapa combinaba papeles en grandes tragedias clásicas con interpretaciones más vanguardistas y austeras, por ejemplo en obras de Bertolt Bretcht.

Ullmann triunfaba sobre el escenario, pero el celuloide se le resistía, sólo había conseguido participar de secundaria en algunas producciones noruegas. Desde pequeña había deseado ser actriz de cine, sobre todo quedó fascinada con el séptimo arte a los 13 años, cuando vio la película “Humberto D” del neorrealista italiano Vittorio de Sica. La historia del anciano vagabundo conmocionó a una niña acostumbrada a tenerlo todo y a disponer del cariño de sus padres.

Dio el salto al cine gracias a su parecido físico con su amiga Bibi Andersson, actriz sueca habitual de las películas de Ingmar Bergman. El director quedó tan impresionado con el parecido entre ambas actrices que le propuso que protagonizara junto a ella su nueva película. Se trata de la obra maestra del director sueco, “Persona”, en la que Ullmann interpreta a una actriz teatral que pierde, de repente, la capacidad de habla. Andersson encarna a la enfermera que la cuida. El parecido físico es notable, sin embargo los personajes no podían ser más distintos; mientras una es muda e imperturbable, la otra es verborréica e inestable. A partir de esta película, Ullmann se convirtió en la musa de Bergman, aunque éste siguió colaborando con sus otras actrices habituales como Harriet Andersson o la propia Bibi Andersson.

Su siguiente película fue “La Hora del lobo”, dirigida también por Bergman, en ella la actriz era la ingenua mujer de Max Von Sidow, que a su vez hacía de pintor con un mundo interior de lo más tenebroso. 

Liv Ullmann se convirtió en una persona de vital importancia en la vida de Bergman; poco después de conocerse iniciaron una relación sentimental. Se casaron y tuvieron una hija, Linn. Fue protagonista en nueve películas del director sueco. Además de las ya citadas “Persona” y “La hora del lobo”, la pudimos ver en “Cara a cara”, “La vergüenza”, “Pasión”, “Gritos y susurros”, “El huevo de la serpiente”, “Escenas de un matrimonio”, o “Sonata de Otoño” en la que compartía pantalla con una anciana, aunque enérgica, Ingrid Bergman, en la que fue la única vez que la protagonista de “Casablanca” actuó para su compatriota y tocayo Ingmar. Liv también actuó bajo las órdenes de Bergman en el teatro, por ejemplo en la obra “Seis personajes en busca de autor”, de Pirandello.

Sus actuaciones se suelen caracterizar por la sobriedad con la que encarna a los personajes, en el dominio de los silencios y una sutilísima expresividad facial, como no podía ser de otra forma al estar acostumbrada a trabajar con un director, Bergman, en cuyas películas encontramos los más bellos y expresivos primeros planos de la historia del cine (con permiso de Dreyer). También participó en películas de otros directores, aunque con menor éxito. A pesar de ello, son destacables películas como “La papisa Juana” de M. Anderson, “Un puente lejano”, de Richard Attenborough, o “Los emigrantes” de Jan Troell.

En los años 70 estuvo dos veces nominada al Oscar a la mejor actriz por “Los emigrantes” y por “Cara a cara” de Bergman (cuya distribuidora en España pícaramente rebautizó “Cara a cara, al desnudo” para tratar de atraer a más público a las salas en plena época del destape). Estas nominaciones hicieron que le llovieran ofertas para trabajar en Hollywood. Ella misma reconoce que las películas que hizo en la meca del cine no son demasiado buenas, pero que le sirvieron para ganar dinero y se divirtió mucho haciéndolas.

En el 77 publicó su libro de memorias “Senderos” y en los 90 su segunda parte titulada “Opciones”. En 1984 otro libro llegó a las librerías “Decisión”, donde demostró su buen hacer en la escritura. Toda su experiencia como actriz le valió a la hora de ponerse tras la cámara. Debutó como directora en 1992 con la película “Sofía”. Después ha dirigido “Cristina de Lavrans”, film basado en la trilogía de Sigrid Undset. En estas películas ya demostraba su capacidad, pero realmente se consagró gracias a “Confesiones privadas” (1997), guionizada por Bergman, quien también le cedió el guión, a todas luces autobiográfico, de “Infiel”. También ha dirigido “La casa de muñecas”, donde cuenta con la actuación de actores de Hollywood como Kate Winslet, John Cusack o Tim Roth.

Ullmann decidió dejar de actuar después de protagonizar la última película de Bergman, “Saraband”, una especie de segunda parte de “Secretos de un matrimonio” aún así nunca descartó volver si se lo hubiera propuesto el maestro sueco.

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