Si tuviéramos que destacar un movimiento cinematográfico de la segunda mitad del siglo XX que verdaderamente haya movilizado a cineastas de peso y que haya tenido una influencia más allá de su propia contemporaneidad, este podrÃa ser sin duda la Nouvelle vague.
A finales de los años cincuenta, un grupo de crÃticos de la revista cinematográfica Cahiers du Cinema dejaron la pluma de lado para empezar a dirigir sus propias pelÃculas. Estos crÃticos-directores fueron principalmente François Truffaut, Jean Luc Godard, Claude Chabrol y Eric Rohmer, a los que se les sumaron otras personalidades fuera de la revista que también contribuyeron a la consolidación del movimiento, como Alain Resnais o Louis Malle.
Los cineastas enmarcados en la Nouvelle vague, propugnaban un cine más directo y libre, en el que lo importante no era el presupuesto elevado o los formalismos a cumplir para llegar a la taquilla, cine directo en el que estaba bien visto coger la cámara y cuatro bártulos más e ir a rodar por las calles de ParÃs, muchas veces sin iluminación artificial, y con unos medios a veces cercanos a lo amateur. Ser uno de estos cineastas implicaba también, como se ha dicho de Godard: “enseñar sus experimentos fracasados con tanto gusto como los exitosos”, arriesgarse y captar la vida con naturalidad, despreciando el artificio como método narrativo académico, y agarrándose a este como método de subversión y riesgo. Se suscita la admiración por determinados cineastas del sistema de estudios de Hollywood (Hitchcock, Hawks…), reivindicando su personalidad como creadores, su autorÃa que les ha sido negada por aquellos que miden el cine por recaudaciones y éxitos. La pelÃcula es del director. El director como autor. Las temáticas, por otro lado, se basan en muchos casos en la herencia del thriller americano, y expresan la soledad o el romance con connotaciones trágicas. Se analiza a la sociedad con dureza y desde su terreno, en la calle, fuera del calor de los focos, los cables y la disciplina del estudio.
“Los 400 golpes”, de 1959, es el primer film importante de François Truffaut, y junto a otras obras como “Ascensor para el cadalso”, rodada en 1957 por Louis Malle, o “Al final de la escapada” (1960) de Godard, un modus operandi de la Nouvelle Vague. El protagonista tiene doce años y se llama Antoine Doinel (interpretado por Jean-Pierre Léaud). La pelÃcula nos habla de su soledad, de la distancia con unos padres incapaces de lidiar con sus debilidades y bajezas, de la incomprensión del mundo adulto con respecto a los niños. En un momento dado, Antoine roba junto con su amigo René una máquina de escribir, pero es descubierto por su padre y pasa una noche en la cárcel, junto con prostitutas y gente de extraño pelaje, para más tarde acabar en un correccional, del que finalmente escapa. La pelÃcula termina con la huida de Antoine hasta que llega a una desierta playa con el inmenso mar, que él tanto deseaba ver, y la incertidumbre de una huida que se nos antoja inútil.
Antoine Doinel es la imagen de François Truffaut en su infancia, los recuerdos, la huella de la vida y personalidad del director están en este personaje que volverÃa a retomar en una serie de films que abarcan veinte años.
“Los 400 golpes” fue concebida inicialmente como un cortometraje de veinte minutos, pero finalmente se ahondó en la historia hasta llegar al largo, con un guión escrito por Marcel Moussy, partiendo del argumento de Truffaut. El estilo directo, descarnado, buscando la verdad en cada fotograma, no es tan rupturista como el de un Godard, pero coinciden en, por ejemplo, un montaje vivo y a veces muy rápido, aunque Truffaut mostrarÃa más ánimo de ruptura estética en otras obras de la época, como “Jules y Jim” (1962).
La ruptura, en todo caso, del film de Truffaut está más en la temática, en el desencanto tremendo de sus imágenes realistas, en Antoine vagando por las calles de la gran ciudad, en las sensaciones que provoca ese final frente al mar. El éxito de la pelÃcula en Francia fue clamoroso, y François Truffaut ganó el premio a la mejor dirección en Cannes ese mismo 1959, a pesar de haber sido declarado “non grato” en el festival con anterioridad, debido a las crÃticas del director a la pujante comercialidad del evento. “Hago las pelÃculas que me hubiese gustado ver cuando era joven”, dijo en una ocasión Truffaut, y no hay que dudar de ello, ante un film tan personal e Ãntimo como este, aderezado además con diversas referencias cultas a creadores que posiblemente Truffaut admiró en su juventud, como Jean Vigó, mÃtico director de “Cero en conducta” (1933) y “L’Atalante”, de 1934.
De cómo fue visto el film en España, mejor evocar la letra de una bonita y nostálgica canción de Luis Eduardo Aute: “Recuerdo bien aquellos ‘400 golpes’ de Truffaut, y el travelling con el pequeño desertor, Antoine Doinel, playa a través, buscando un mar que parecÃa más un paredón. Y el happy-end que la censura travestida en voz en off sobrepusiera al pesimismo del autor, nos hizo ver que un mundo cruel se salva con una homilÃa fuera del guión”.
Posteriormente, la filmografÃa de François Truffaut tuvo muchos puntos álgidos y curiosas desviaciones; de “Jules et Jim” a la ciencia ficción de Ray Bradbury en “Farenheit 451″, del experimento del cine dentro del cine en “La noche americana” (1973), a la poesÃa y dureza de la vida conyugal de Gérard Depardieu y Fanny Ardant en “La mujer de al lado” (1981).
Aunque muchos dirán que las imágenes que todos conservamos en la retina, son las de Antoine Doinel y su huida hacia el mar, probablemente porque todos llevamos algo de Antoine en nuestro interior, todos hemos sido incomprendidos de niños, y todos hemos querido huir de algo y ser un poco más libres.

Enlaces Patrocinados:
Otros Reportajes:
Los más comentados:




Estás en:


Estás en:


Luis Eduardo Aute escribió a principios de los ochenta una canción dedicada al mundo del cine, esta canción es un homenaje a la Nouvelle Vague y la primera pelÃcula que se menciona es precisamente “Los Cuatrocientos Golpes” de François Truffaut.
“Los Cuatrocientos Golpes” de François Truffaut es una pelÃcula reconocida por cualquier cinéfilo, son pocos los que no la reconocen como una gran obra. La vida de Antoine Doinelle está tratada con una sensibilidad extrema, la capacidad narrativa que tiene Truffaut es inmejorable. Es una pelÃcula imprescindible, perfecta de principio a fin.
Yo destacarÃa de “Los 400 Golpes” la escena final, da escalofrÃos. Toda la pelÃcula es un poema transformado en pelÃcula.
Estoy totalmente de acuerdo, François Truffaut tiene la capacidad de narrar la pelÃcula como su fuese una obra literaria, con “Los 400 Golpes” es capaz de conmover, perturbar, enternecer…