Con ácida ironÃa Luis GarcÃa Berlanga luchó contra el conformismo que huÃa de las censuras franquistas y un estilo de cine repetitivo y carente de interés.
La industria cinematográfica de los años 50 en España era pasiva y distante. Los directores y productores de cine, eran pocos los que habÃa, preferÃan acomodarse a este momento de posguerra española evitando temas polémicos o monopolizando argumentos foráneos a nuestra sociedad. La ausencia de pretensiones por contar, por la cultura, por el arte, llegaron a convertirse en la caracterÃstica más significativa del cine español. Gracias a influencias extranjeras se organizó una generación con ganas de impulsar una evolución del cine español preocupados por mostrar a sus coetáneos la España del momento. Una realidad social que hasta entonces se habÃa ocultado. Esta generación estuvo impulsada por dos cineastas: Juan Antonio Bardem y Luis GarcÃa Berlanga.
La valiosa ayuda de Juan Antonio Bardem a lo largo de la historia cinematográfica de Berlanga siempre fue constante, en forma de director como de guionista, haciendo de sus filmes comunes obras considerablemente admisibles teniendo en cuenta el panorama que los rodeaba. Asà comienzan los años 50 con la ópera prima “Esa pareja feliz”. Abandonaron los grandes escenarios y las ostentosidades del mundo del celuloide para que fuera posible crear una pelÃcula con tan bajo presupuesto. La historia cuenta las dificultades económicas que tiene que soportar un matrimonio en la España de posguerra franquista. Ella, Carmen, vive ilusionada pensando que la fortuna llamará algún dÃa a su puerta y asà es, pues un buen tiempo una marca de jabones les concede el seudónimo de pareja feliz; la fama les hace llegar regalos, agasajos de cualquier tipo, apetitosas cenas, etc.; hasta que Juan, su marido, cansado de tanta patrañera felicidad decide abrir los ojos de su pareja y aceptar con frescura la cruel realidad.
Inserto en la filmografÃa de Berlanga siempre se concentra el sabor amargo de una España demolida, maniatada económicamente y desnutrida culturalmente. Aprovecha los momentos difÃciles de la sociedad española para desarrollar sus conflictos fÃlmicos. La polÃtica hace presencia una y otra vez reivindicando una realidad carente de derechos sociales y crÃticas a la alta burguesÃa. Quizá su fama se debe en gran medida a la capacidad que tenÃa Berlanga para esquivar el control del organismo, aunque también es cierto que casi todas sus pelÃculas rodadas en tiempos franquistas fueron censuradas de algún modo. Sus primeros incidentes surgieron en la exhibición de “Bienvenido Mr. Marshall”, 1952, donde se muestra la realidad histórica del aislacionamiento al que quedó sometida España por la autarquÃa franquista ante el programa de ayuda a Europa para combatir los quebrantos de la II Guerra Mundial. Es un cómico retrato de un pueblo castellano ilusionado por la llegada de las ayudas americanas. Con alegrÃa transforman el pueblo en el tÃpico andaluz, que no falten los toros y el flamenco, con el fin de conseguir un mayor beneficio. El final todos lo sabemos. Los americanos pasan de largo y la desilusión se queda acompañándolos junto con los vanidosos adornos que condimentan la plaza de Villar del RÃo.
Las alabanzas de la crÃtica fueron innumerables, consideraban la pelÃcula como un puro acto de renovación y originalidad lejos de ceñirse a la estructura tÃpica de las obras de la época. Este cóctel de sátira y comedia lleva impregnado en el guión la esencia de dos grandes; su compañero, Bardem y Miguel Mihura.
Un año más tarde estrena su tercera pelÃcula, “Novio a la vista”, 1954. Fue un proyecto prudente y eficaz cuyo fondo se erigÃa sobre el pilar de la taquilla, aunque finalmente no fue asÃ. Trabajar al servicio del productor Benito Perojo ya era un premio en sà mismo; no era fácil lidiar con un profesional de tal talante sin ser de reconocido prestigio y calidad. Luis GarcÃa Berlanga ya lo era, a pesar de su sensibilidad libertaria y agitadora forjó un hueco en el panorama del cine español transcendiendo a nuestros dÃas como el valenciano que recreó los sueños utópicos de muchos españoles de posguerra.
“Novio a la vista” pasa rápidamente inadvertida entre el público y pronto es olvidada. Tuvieron que pasar tres años de inactividad de este realizador hasta que estrenó la divertida “Calabuch”, 1956. Un gran éxito que acabó compartiendo ovaciones y premios en Venecia junto a “Calle Mayor”, nuevamente Berlanga y Bardem coinciden en el triunfo.
En 1957, “Los jueves milagro” sobresalta a la crÃtica. La sátira contra la iglesia narra una serie de acontecimientos piadosos que San Dimas convierte en maravillas. Jueves tras jueves se repite un falso milagro para potenciar la popularidad de un balneario y fomentar las ganancias.
La opinión del director acerca de la legalidad de la iglesia en unos años 50 es más que aterradora aunque tras censura y censura el proyecto final quedó bastante pulimentado. Cabe destacar, no sólo en esta obra, sino en toda la trayectoria profesional de Berlanga, el espléndido trabajo de puesta en escena de sus personajes, caricaturizándolos cada cual más y creando una atmósfera de diálogos que resultan ser una parodia abiertamente ingeniosa.
Uno de los primeros reconocimientos a nivel internacional llegó con “Plácido”, 1961; la magistral combinación que hizo de diálogos, imagen y música, conformó un guión que le llevó a la nominación por mejor pelÃcula extranjera en los Oscar. A partir de esta fecha los premios y reconocimientos fueron creciendo en dÃgitos y laureles.
Esta comedia española cargada, una vez más, de ironÃa benéfica, fue uno de sus mayores éxitos junto con “El verdugo”. Ambas fueron rodadas en base a unos magnÃficos planos secuencia que mostraban la realidad más esperpéntica de una España cansada de abusos y devenires burgueses eco de una guerra pasada.
La primera vez que Berlanga y el guionista Rafael Azcona trabajaban juntos fue recreando la comedia negra “El Verdugo”, 1963 . Pepe Isbert, Nino Manfredi y Emma Penella transmiten al espectador esa situación de divagación de un hombre que se ve obligado a ejecutar la pena de muerte diariamente sometido a unas sórdidas circunstancias de bienestar social, económico y polÃtico. Animadamente a pesar de ser un filme en blanco y negro, el final desprende sabor a vida y color.
Como todo aquello que sube, vuelve a bajar; y lo mismo ocurrió con la opinión de la crÃtica y el público. Tras unos años 60 cargados de éxitos, Berlanga no volverÃa a cautivar a su público hasta 1978, con “La escopeta nacional”. (Antes ofreció tÃtulos como ” La Boutique”, “Vivan los Novios” o “Tamaño natural”.)
Situaciones absurdas e incluso ridÃculas pero cargadas de mensaje, son los cimientos que, hasta el momento, Berlanga utilizó en todas sus obras. Tiene varias razones para justificarlo, por un lado la censura, por otro, el reclamo del público y por último, las ganas por contar la realidad de su paÃs. Por fin llegaron unos años 70 en que la libertad comenzó a capturar aire y, según la crÃtica, Berlanga, acostumbrado a salvar las censuras y prohibiciones de la dictadura, extrañamente, no supo desenvolver su sarcasmo como lo habÃa hecho hasta el momento.
“La escopeta nacional” tuvo sus secuelas: “Patrimonio Nacional”, 1981, y “Nacional III”, rodada en 1983. La trilogÃa comienza en tiempos franquistas y va desentrañando el camino que la aristocracia tomó de manera obligada hacia la democracia; con todas las dudas desatinadas y quebraderos de cabeza que esto les produjo.
En 1987 Verónica Forqué obtuvo el Goya a Mejor Interpretación Femenina en “Moros y Cristianos” 1987, iniciando asà una nueva etapa de victoria cinematográfica. En 1993, la diversión de “Todos a la cárcel” arrasó con el Goya a Mejor Director y Mejor PelÃcula. En 1999, este director valenciano presentó “ParÃs Tombuctú” y dio la oportunidad, bien aprovechada, a Juan Diego para llevarse el Goya a mejor interpretación masculina de reparto.

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Para mi Luis GarcÃa Berlanga ha sido un renovador del cine español de la postguerra.
Felicidades por el reportaje.
Las pelÃculas de Luis GarcÃa Berlanga están llenas de sátiras y ironÃa, fue tan hábil como director que supo burlar la censura de la época sino mirar “Los jueves Milagro”.