Nadie pone en duda que M. Night Shyamalan es uno de los referentes fílmicos de la última década. Desde que dejó a medio mundo boquiabierto gracias a las travesuras narrativas que puso en práctica en El sexto sentido, este realizador nacido en la India en 1970 pero criado en un barrio pijo de Philadelphia, Estados Unidos, se ha convertido en uno de los chicos de oro de la industria de Hollywood. Sin embargo, como en sus películas, parece que no todo es agua clara a la hora de evaluar su cine. Mientras algunos le consideran un genio de la pluma y la cámara, heredero de los grandes narradores del Hollywood clásico, otros le achacan su debilidad por las trampas de guión y un sentido vacuo de la parafernalia visual. Vamos, que los que no los soportan, lo acusan de ser un simple prestidigitador al que se le ven los ases debajo de la manga. Por su parte, los que caen embelesados con cada una de sus fábulas sobre el miedo y el terror, parece que cada vez tienen menos argumentos para defenderse contra el evidente encasillamiento en el que parece estar aposentado Shyamalan. Que si enigmáticos peligros, que si la sorprendente (y cada vez más predecible) vuelta de tuerca final, que si familias en peligro, que si musiquillas inquietantes, que si rimbombantes movimientos de cámara. En fin, M. Night Shyamalan, ¿genio o farsante? ¿Chico prodigio o mago de feria? ¿Prodigioso creador de cuentos sobre las raíces del miedo o estafador equipado con trucos vistosos y mediocres? ¿Esperáis con ansia su nueva película, El incidente, protagonizada por Mark Whalberg, o ya os habéis cansado de sus misterios y engaños?
En El incidente, nos volvemos a encontrar con los habituales ingredientes de la fórmula Shyamalan: el miedo a lo desconocido, familias en crisis, un toque apocalíptico, la vulnerabilidad del entorno cotidiano, adultos con niños… En este caso (como casi siempre) todo comienza sin previo aviso. Parece surgir de la nada. En cuestión de minutos, en las principales ciudades de Norteamérica se producen casos de extrañas y escalofriantes muertes que desafían cualquier explicación. ¿Qué está causando este repentino y total colapso del comportamiento humano? ¿Es algún nuevo tipo de ataque terrorista, un experimento fallido, una diabólica arma tóxica, un virus fuera de control? ¿Se transmite por el aire, a través del agua… cómo? Para Elliot Moore (Mark Whalberg), profesor de ciencias de un instituto de Filadelfia, lo más importante de todo es encontrar el modo de escapar de este misterioso y letal fenómeno. Aunque él y su mujer Alma (Zooey Deschanel) están atravesando una crisis en su matrimonio, se ponen en camino, primero en tren, luego en coche, acompañados de Julian (John Leguizamo), un amigo de Elliot que es profesor de matemáticas, y Jess (Ashlyn Sanchez), la hija de éste, que tiene ocho años de edad. Se dirigen a Pennsylvania, donde esperan estar a salvo de los horribles y cada vez más frecuentes ataques. Aunque muy pronto queda claro que nadie está seguro en ninguna parte.
Puede que hace unos años, este enigmático planteamiento nos hubiese parecido sugerente, sin embargo, después de las archiconocidas maniobras que su director llevó a cabo en Señales, El bosque y La joven del agua, la cosa empieza a parecer demasiado manida. ¿Recordáis la primera vez que visteis El sexto sentido? ¿El shock provocado por el giro final? ¿El enganche y la inquietud que provocaba aquello de “en ocasiones veo muertos”? Entonces, Shyamalan destacaba por su sobrio sentido del suspense y la intriga, su deslumbrante dominio de todos los aspectos de la puesta en escena (encuadre, planificación, fotografía…), y su sensibilidad a la hora de afrontar la cara más vulnerable del ser humano. El protegido, para muchos su mejor película hasta la fecha, convirtió a Bruce Willis en un héroe que basculaba entre el cómic y la realidad. Con este filme, el director de origen indio llevó hasta las últimas consecuencias uno de los principios básicos del cine fantástico: mantenerse siempre en la cuerda floja entre la realidad y la fantasía. Entonces llegó Señales, con el santurrón (¿o diablo?) Mel Gibson, y empezó a hacerse evidente la fascinación de Shyamalan por las tramas de resonancias religiosas. La cosa empezaba a ponerse fea. Fue con El bosque cuando los defensores y detractores del director radicalizaron sus posturas. Para los fans, Shyamalan había construido el testimonio definitivo acerca de la fabricación del miedo, mientras los oponentes acusaban al director de repetirse más que el ajo, cada vez con menos gracias y más arrogancia y ambición. Finalmente, La joven del agua no convenció a nadie. Y punto.
Ahora, con El incidente, Shyamalan aspira a reconciliar a todos aquellos que vieron en él, cuando realizó El sexto sentido, a un tipo con una visión refrescante del género fantástico. ¿En qué bando estáis vosotros? ¿Os fascina el imaginario del director de El protegido o ya os habéis cansado de sus jugarretas? ¿Cuál es vuestra película favorita de las que ha dirigido? ¿Le daréis una nueva oportunidad con El incidente?
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