Uno de los casos más singulares de la historia del cine. Con 40 años rueda su primera pelÃcula y se convierte en la traca sexual de toda América.
No habÃa nadie como ella, probablemente porque nadie se atrevÃa a llegar tan lejos en cuanto a provocación, recochineo ante el aparato censor de Hollywood (el Código Hays), glamour y sexo, mucho sexo.
Mae West era todo esto pero, atención, con mucha inteligencia. Esta mujer siempre supo dónde se encontraba y dónde querÃa llegar, su vocabulario era rápido, construÃa réplicas afiladas ante cualquiera que intentara quedarse con ella, controlaba su carrera como le venÃa en gana y se creó calculadamente una imagen de vamp devora hombres de tal efectividad que, actualmente, uno se siente pequeño e insignificante ante el carácter arrollador que desprendÃa su figura. Era más que una mujer objeto, porque los objetos están inanimados, puedes manipularlos aquà y allá, haces lo que te place con ellos, en cambio Mae habÃa venido al mundo para dominarte, exprimir la poca virilidad que pudieras tener y despedirte luego con una frase que te dejara deprimido como unas cuantas semanas.
No, Mae West nunca fue una mujer objeto. Ya desde su carrera teatral previa a rodar su primer film, aprendió que si quieres que las cosas salgan bien y tú seas el máximo beneficiario, has de currártelo tú mismo, y siguiendo este credo, pronto escribió sus propios libretos con gran éxito. Sus obras más rutilantes estuvieron acompañadas de la lógica y previsible respuesta de ira de las áreas más conservadoras del paÃs, todavÃa muy trogloditas ellas como para tragar una pieza teatral como Drag, que hablaba de la homosexualidad sin trampa ni cartón, o Sex, por la que arrestaron a Mae, hecho que ella aprovechó para montar un gran espectáculo publicitario que le abrió las puertas de Hollywood.
En la meca del cine empezó trabajando bajo contrato de la Paramount, primeramente como secundaria en “Night after night”, de 1932, dirigida por Archie L. Mayo. El público tuvo los ojos y oÃdos bien enfocados, y apreciaron a aquella rubia que se lucÃa con frases antológicas: ante una chica que le comenta: “Dios, qué diamantes más encantadores”, ella responde “Dios no ha tenido nada que ver con eso, nena”.
En su segunda tentativa en Hollywood, She done him wrong, Mae ya ficha como protagonista absoluta con un sueldo de 130000 dólares. Coincide en el reparto con un joven Cary Grant, al cual Mae habÃa descubierto un dÃa en las instalaciones de los estudios. Cary estaba tomándose un respiro de un rodaje, al verlo, Mae le preguntó a un jefazo de la Paramount: “¿Quién es?”, “es Cary Grant, está rodando “Madame Butterfly”", a lo que ella añadió: “por mà como si rueda “Blancanieves”. Si sabe hablar, me lo quedo”. Posteriormente ambos mantendrÃan una duradera amistad.
She done him wrong se basaba en una obra escrita anteriormente por Mae, y tenÃa toda la carga picante que se le suponÃa a un libreto procedente de su imaginación. A partir de entonces, Mae escribirá todos los guiones de sus pelÃculas, algo inusitado en aquella industria dominada totalmente por el género masculino.
Las iras de la Legión católica de la Decencia, el roce constante con el Código Hays y los conflictos con el público estrecho de miras hicieron que la carga polÃticamente incorrecta de los films de Mae fuera mermando en favor del uso de hábiles dobles sentidos en el diálogo, entre los que ella se movÃa como pez en el agua.
Mae West creó frases que la mayorÃa de nosotros serÃamos incapaces de pronunciar por pudor. A Mae, tanto en sus pelÃculas como en la vida, se le escuchó decir:
“Cuando soy buena, soy muy buena, pero cuando soy mala, soy mejor”.
“¿Eso que tienes en el bolsillo es una pistola o es que estás contento de verme?”.
“Creo en la censura, al fin y al cabo me ha hecho rica”.
“Escribà esa historia yo misma. Era acerca de una chica que perdió su reputación y nunca la echó de menos”.
“¿Dices que hay diez hombres esperándome en la puerta? Manda a uno a casa, estoy cansada”.
Incluso el tÃtulo de la autobiografÃa que publicó en 1959 tenÃa guasa: Dios, no tengo nada que ver con esto.
En el año 1936, Mae es la actriz mejor pagada de Hollywood, y trabaja con directores de la talla de Raoul Walsh (en “Klondike Annie”) y Henry Hathaway (”Go west young man”).
En 1943, después de rodar “The heat’s on”, en la que aparece Xavier Cugat, decide tomarse un respiro ante la presión de la censura y volver a Broadway en olor de multitudes.
Su regreso al cine se producirá tres décadas después, en 1970, con “Myra Breckinridge” (por la que se lleva 350 000 dólares de sueldo) y “Sextette”, de 1978, en la que aparece gente tan dispar como George Raft, Ringo Starr (que se sorprendió al ver que en el plató todo el mundo alucinaba con Mae mientras que a él, todo un Beatle, no le hacÃan caso) y Alice Cooper.
Aunque suya es la frase “El matrimonio es una gran institución, y yo no estoy lista para una institución”, estuvo casada de 1911 a 1942 con Frank Wallace, en una relación conyugal llevada casi en secreto para no manchar la imagen de la diva.
Fue una actriz adelantada a su tiempo. Era lista, sabÃa venderse y alterar a los bienpensantes. Sus andares sobre aquellas vertiginosas plataformas eran dignos de ver; en la Segunda Guerra Mundial se popularizó el nombre de Mae West para denominar los chalecos salvavidas hinchables, que recordaban a los grandes pechos de la actriz, y a mediados de los sesenta los Beatles la homenajearon situando su imagen en el collage de fotos que forma la portada del “Sgt. Peppers Lonely Hearts Club Band”, aunque ella en un principio se negó, ya que no querÃa formar parte de una banda de lonely hearts (corazones solitarios).
Es inútil esperar que nazca otra actriz como ella porque eso es imposible. Si apareciera hoy en dÃa, Mae West serÃa igual de escandalosa y ofensiva para la sociedad. Estaba, como ya he dicho, varios pasos por delante del resto del mundo.

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