Escondido tras el objetivo de “Casablanca”, Michael Curtiz dirigió otras aventuras maestras de gran fama mundial imprescindibles en cualquier videoteca del mundo.
Nació en Budapest el 24 de diciembre de 1886. Comenzó sus estrenos como Mihály Kertész (su verdadero nombre era Manó Kertész Kaminer), y murió al otro lado del océano con el nombre de Michael Curtiz, en Hollywood el 10 de abril de 1962. Encauzó su vida como actor y director en su país natal, Hungría. Tras varios años de bohemia vida, a los 17 se incorporó en un circo y hociqueó el mundo del teatro y diferentes variedades artísticas hasta convertirse en director junto a M. Stiller y V. Sjöström.
Sus primeros trabajos en cine no fueron muy conocidos fuera de las fronteras húngaras, pero pronto se convertiría en uno de los directores precursores de la época dorada del cine clásico de Hollywood. Comenzó a rodar a finales de los años 20. Los primeros títulos de su filmografía fueron “La mariposa de Oro”, “El arca de Noé” y “Bajo la luna de Texas” pero la dedicación exclusiva durante más de 35 años sembró tras sus pies más de cuarenta películas.
En 1933 dirigió “Los crímenes del museo”, película de la que se deduce una influencia claramente expresionista. Los destellos alemanes en este film no sólo se enfatizan por la temática terrorífica y la arraigada dramatización de los actores sino el juego con luces y sombras que despertaría en Curtiz una técnica depurada para posteriores trabajos. A muchos les sonará esta moderna trama por la nueva adaptación de 2005 “La casa de cera” del director Jaime Collet-Serra; donde unos jóvenes son atraídos hacia un museo en el que años atrás un trabajador murió en un incendio. El resto lo descubrirá una periodista indiscreta.
Con otros trabajos despachadamente exprimidos en dos años y heterogéneos como “Por el mal camino”, “Matando a la sombra”, “Hembra”, “El agente británico”, “Casino de París” e “Infierno negro”, enlaza su primer gran éxito internacional “El Capitán Blood”, 1935. Una trepidante historia de aventuras protagonizada por el que sería a partir de entonces su actor fetiche Errol Flynn. Ya desde joven este actor sufría de vitalidad y rebelión (en su juventud fue expulsado de todos los colegios de Australia) así que no le significó gran esfuerzo encarnar el papel de un pirata que surca los mares del Caribe en busca de tesoros. Y así prosiguió su carrera junto a este director, en este caso, acercando aventuras y más aventuras a un público anonadado con la gran pantalla, las trepidantes escenas de acción, una banda sonora espectacular y unas escenas de estudio que no pasarían inadvertidas ante los ojos de millones de personas como si de decorados de cartón piedra se tratase. (Claramente las técnicas han evolucionado a grandes pasos y ahora tales esfuerzos nos parecen ridículos). Con todo y con eso fue galardonada con tres Oscar de la Academia a mejor guión adaptado (obra basada en la novela del mismo nombre de Rafael Sabatini), mejor director y mejor película.
Aprovechando el gran tirón que supuso para el director y su fabuloso elenco de actores, “El Capitan Blood” (donde destacaban Errol Flynn y su afiliada fémina en más de siete títulos con Curtiz, Olivia de Havilland) siguió promocionando y alimentando de su estilo otros títulos más tardíos como “El halcón del mar” de 1940. Pero antes prefirió destacar en la dirección de otra aventura en tierra, la historia de Sir Robin de Locksley, ladrón de ricos, amparo de pobres, conocida como “Robin de los bosques”, 1938. Ganadora de dos Oscar, uno a mejor dirección artística y el otro a la mejor banda sonora, esta película se declaró clave para la historia del cine de aventuras, no sólo por su calidad técnica y dramática sino porque además fue la primera en introducir el uso del Technicolor en la gran pantalla. Las amplias gamas tonales con marcados contrastes sorprendían a un público novel en cuanto al colorido que, sin duda alguna, acompaña la alegría y fantasía de su protagonista; un vital y enérgico Errol Flynn de mallas verdes y extrema confianza en su puntería.
Unos años más tarde, en plena II Guerra Mundial, la industria del cine había caído por su propio peso, la falta de inversiones, las dificultades de las calles y los riesgos físicos, entre otros, empacaban al cine en un arte cada vez más pobre y reducido pero Curtiz seguía conquistando éxitos a pies del inmortal Hollywood. Así se introduce en el mundo histórico para retratar, con cierta libertad, el delirante amor entre Isabel I y el distinguido Conde de Essex, interpretados por Bette Davis y su predilecto Flynn en “Las vidas privadas de Elizzabeth y Essex”. Ese mismo año, cambia de registro para deleitarnos con “Dodge, ciudad sin ley”, un western donde ansía poner justicia en la ciudad de Dodge, controlada por un cacique y su banda de pistoleros.
Un año más tarde, 1940, sin descanso, estrena “Oro, amor y sangre”, “El halcón del mar”, “Camino de Santa Fe” y “Lobo de mar”. Obras de gran éxito ante la crítica y su público pero supeditadas a la que sería para muchos la capilla sixtina del 7º arte y para otros el comienzo de una gran amistad. “Casablanca”, 1942, a la que siempre se consideró como su principal destreza.
Si bien esta obra fue ganadora de tres Oscar, a mejor película, mejor director y mejor guión, el mejor premio que pudo tener fue el irse convirtiendo con el paso del tiempo en una de las obras más valoradas, admiradas y recordadas de la historia del cine. Algunos opinan que es una clara lección de honor, amor y lealtad y otros simplemente confían en la maravilla que Curtiz supo aprovechar acompañado de los más grandes, Humphrey Bogart e Ingrid Bergman, y un guión creado sobre la marcha entre todos los guionistas de la Wagner.
Sin duda alguna este éxito le atiborró de una energía que desgastaría con numerosas obras en poco más de diez años que le iban introduciendo en sus últimos coletazos. “Pasaje a Marsella”, “Alma en suplicio”, “Noche y día”, “Vivir con papá”, “Flamingo Road”, “Música en el alma”, “El rey del tabaco”, “La fuerza de las armas”, “El hombre de bronce”, “Un conflicto en cada esquina”, “Navidades Blancas”, “No somos iguales”, “El barrio contra mí”, “El rebelde orgulloso”.
En 1960, sorprende con “Las aventuras de Huckleberry Finn”, un film que a todo joven le encanta a pesar de ser de generaciones posteriores. En este caso Curtiz da vida a un joven que huye de su casa, sin madre y de padre alcohólico su única salida es marchar en una barca por el río junto a su futuro amigo Jim.
Sin duda alguna Michael Curtiz nos ha dejado un cúmulo de obras y joyas cinematográficas que ya forman parte de la historia del cine clásico. Sin un determinado estilo y tocando todas las bandas posibles en cuanto a géneros (aventuras, dramas, western, terror), ha conseguido la admiración de la crítica y del público y, aún hoy sigue recibiendo halagos y cariño de los partidarios del cine antiguo.

Otros Reportajes:
Los más comentados:
The Rocky Horror Picture Show (10)
Cine de catástrofes: Años 70 (9)
Al Pacino (9)
a 2001: Una Odisea del espacio (8)
Yo, el Vaquilla (8)



Estás en:



Sí, hizo varias obras maestras pero yo creo que una vez un director rueda una película como “Casablanca” ya puede retirarse. Es una película preciosa que marcó una época.
Un compañero me dejó hace un par de semanas la película “Las aventuras de Huckleberry Finn” de Michael Curtiz y la recomiendo. Es una forma de redescubrir al director de “Casablanca”.