Michael Moore, escritor, productor, guionista y director es posiblemente la persona en el mundo que más veces ha pronunciado el nombre de Bush, el azote de los buitres republicanos y la chispa de aviso a la acomodaticia conciencia de los demócratas.
“Lo sorprendente de Michael Moore no son ya sus manipulaciones, sino su éxito. El que centenares de miles de personas salgan de las salas encantadas por haber sido mentidas durante dos horas es un misterio al que he renunciado a encontrar explicación. Moore no apela a la realidad, ni a la lógica, ya que hace acusaciones mutuamente incompatibles, con la ventaja de que Bush no tiene asà escapatoria. Apela a los sentimientos”. Esta sentencia, apuntada por un periodista de un diario digital conservador, es un buen ejemplo de lo que piensan en general los detractores del nuevo vikingo de los mass media americanos.
Él es el hombre encargado de canalizar los sentimientos de incomprensión y hastÃo de millones de americanos ante un gobierno alejado de los verdaderos problemas del paÃs. A partir de ahÃ, pensar que sus dos principales obras cinematográficas, “Bowling for Columbine” (2002) y “Fahrenheit 9/11″ (2004), a las que cabrÃa sumar su decisiva ópera prima “Roger & me” (1989) y su segunda obra que no he tenido el placer de ver, “The big one” (1998), pensar, como digo, que los documentales de Moore son una manipulación porque apelan a los sentimientos me parece de lo más demagógico. Más demagógico que el propio Moore.
Para empezar, Moore no es un polÃtico, sino un tipo que propone una pelÃcula. Y una pelÃcula siempre está dirigida a mover sentimientos; sea documental o ficción, un film es una realidad parcial (la realidad del propio autor, su punto de vista) cuyos resortes van en una sola dirección: la afectación del espectador por la vÃa del sentimiento, asà que… ¡claro que apela a los sentimientos. Por otro lado, criticar su descarada militancia, o el por qué Moore en “Fahrenheit 9/11″ obvia tal o cual tema (por ejemplo, se burla de que paÃses como Holanda o Marruecos formen la coalición con Estados Unidos en la guerra de Irak, pero no cita a sus dos principales aliados, Gran Bretaña y España, quizás para no quitarle todo el pastel de la culpa a su enemigo George W. Bush) me parece ciertamente inútil. En un meeting de campaña electoral, no se le pregunta a un polÃtico por qué no habla de la guerra en el Congo y sà lo hace del conflicto iraquÃ.
Un meeting, como la pelÃcula de Moore, es un terreno acotado a una idea subjetiva y unidireccional –la del partido que lo organiza- que no admite debate. Y Moore, como Rajoy o Zapatero ante los suyos, lleva su pelÃcula a donde quiere, y habla de Bush desde la perspectiva que él elige ¿cómo sentirse manipulado entonces por “Fahrenheit 9/11″ y no por la campaña electoral de un partido polÃtico? ¿No excluyen ambos casos las opciones contrarias a su pensamiento? ¿Por qué es reprobable que Moore deje bien claras sus preferencias polÃticas si también lo hacen los propios polÃticos?
Igualmente, todo hay que decirlo, hay que dudar que los republicanos siquiera vayan a ver cualquiera de sus pelÃculas, por lo cual, la manipulación simplemente no existe, porque los que las ven, ya son partÃcipes de antemano de las tesis del director. Moore edifica el discurso que él quiere, amasando la información de tal forma que ese discurso salga beneficiado, potenciado. “Bowling for Columbine” o “Fahrenheit 9/11″ no son noticiarios objetivos, sino documentales “de militancia”, o como se quieran llamar, opiniones personales en forma de pelÃcula, y eso es algo que muchos parecen no entender.
Además de dirigir, Michael Moore ha escrito, entre otros, dos libros ya millonarios, “Estúpidos hombres blancos” y “¿Qué han hecho con mi paÃs, tÃo?”, produjo y dirigió el popular espacio televisivo de los 80 “TV Nation”, además de dos temporadas de “The awful truth”.
Hablemos ahora de sus tres principales documentales: “Roger & me” (1989): relata las dificultades que tuvo Moore para poder hablar con el presidente de General Motors Roger Smith, a raiz del cierre de una fábrica de la compañÃa automovilÃstica en Flint (Michigan), debido al cual miles de personas perdieron su puesto de trabajo. Flint es la ciudad de nacimiento de Moore, y como Baltimore para John Waters, es un caldo de cultivo ideal y conocido para que el autor investigue sobre el terreno los diversos temas de sus pelÃculas. En esta ocasión, los abusos de las grandes empresas, en el caso de “Fahrenheit 9/11″, el sistema de reclutamiento de nuevos soldados para las Fuerzas Armadas.
En su época, “Roger & me” fue el documental de mayor recaudación en la historia de Estados Unidos, gracias a sus beneficios, Moore fundó el Center of Alternative Media, donde se dan facilidades de producción a directores noveles y se participa en diversas causas sociales.
“Bowling for Columbine” (2002): El boom de su autor es un emocionante y sobrecogedor paseo por la América de la Asociación Nacional del Rifle. Moore dispone las principales bazas con las que cuenta (una visita al mall donde se vendieron las balas a los chicos que luego perpetraron la matanza en la escuela de Columbine, y una patética entrevista a Charlton Heston) de forma inteligente, apelando, sÃ, directamente a los sentimientos del atónito espectador. En España nos sorprendimos de la estupidez de esa sociedad retratada en “Bowling for Columbine”, sin quizás reflexionar y preguntarnos qué ocurrirÃa aquà si el permiso de armas funcionase como en Estados Unidos. El documental le valió el Oscar en dicha categorÃa y un emocionante parlamento en la ceremonia de entrega de las estatuillas, que puso a Moore -el personaje- en primera lÃnea mediática.
“Fahrenheit 9/11″ (2004): Polémica y posiblemente injusta ganadora de la edición de 2004 del festival de Cannes (jurado presidido por Quentin Tarantino, el cual le aseguró al propio Moore que la Palma de Oro se la habÃan concedido por los méritos cinematográficos de su obra, dejando de lado su discurso polÃtico). Más reposada y menos humor. Las relaciones de los Bush con la familia Bin Laden y la inmoralidad de la guerra de Irak. Cocinada y lista para servir a los pocos meses de que se celebren las elecciones estadounidenses. Los demócratas deben estar contentos, aunque dudo que les guste lo que Moore dice de ellos en la cinta. Para el recuerdo, el estudio que Moore efectúa con lente microscópica y paciencia de ornitólogo del rostro, las reacciones y los más sutiles gestos del presidente más estúpido de la historia de Estados Unidos.

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Yo nunca habÃa oÃdo a hablar de Michael Moore, hasta que vi “Bowling for Columbine”, creo que el documental/pelÃcula es muy arriesgado y nos muestra otra cara de Estados Unidos.
Michael Moore es un director muy polémico por la forma que tiene de tratar los temas en sus pelÃculas o por las criticas que hace sobre la sociedad americana, en “Fahrenheit 9/11″ hace una dura critica a la Administración Bush.
En “Fahrenheit 9/11″ Moore da en el blanco al tratar un tema tan delicado por los americanos, porque sucedió y que ha traÃdo consigo los atentados del 11 de septiembre de 2001, la invasión de Iraq y la relación de George W. Bush, y la familia de Osama bin Laden.
Pues ahora le ha tocado el turno al sistema de salud de los Estados Unidos, en el documental “Sicko”, Michael Moore investiga las compañÃas farmacéuticas americanas y la corrupción que hay en la oficina para la Administración de Drogas y Alimentos (FDA).
Pero en todas las pelÃculas documentales de Moore sea “Fahrenheit 9/11″, “Sicko”, “Bowling for Columbine”… han ido acompañadas de criticas, ya que se ha acusado a Moore de mostrar información falsa o de forma distorsionada.