Es probablemente “Muerte en Venecia” la pelÃcula por la cual queda definida la obra del director italiano Luchino Visconti.
Mal favor le hacemos entonces al inmenso legado cinematográfico de este hombre si obviamos la equivalente o mayor importancia de films como “El Gatopardo” (1963), “Rocco y sus hermanos” (1960), “Obsesión” (1943), “La terra trema” (1948) o “Senso” (1954). Empezó Visconti enmarcando su trabajo en los cánones del neorrealismo (caso de “La terra trema”, por ejemplo), para posteriormente realizar grandes producciones de época de suntuosa presencia y paciente ritmo (”El Gatopardo”, “La caÃda de los dioses”, de 1969) donde podÃa cultivar sus obsesiones de madurez: el paso del tiempo, los cambios en la sociedad, la juventud frente a la decadencia de la vejez…
Si bien la carrera de Visconti es, a poco que nos interesemos en él, mucho más que “Muerte en Venecia”, cabe preguntarse por qué este es el film que más aceptan las nuevas generaciones. Hay algo en su estilo visual, en la música, y sobre todo en la temática, con una escandalosa relación homosexual nunca consumada, que encaja bien con los gustos contemporáneos en cuanto a cine de autor. Y quizás también tenga que ver lo bien construido que está el film, pocos diálogos y muchas sugerencias, imágenes muy contemplativas, y una cierta atemporalidad del conjunto. “Muerte en Venecia” es como un poema de bellos versos que aquà son planos con un ritmo interno perfecto, como la lenta imagen brumosa de las aguas de Venecia con la que se inicia la proyección.
Visconti inició el proyecto de filmar “Muerte en Venecia” a rebufo del éxito que habÃa cosechado con su anterior obra “La caÃda de los dioses”. Se trata de una adaptación de la novela de Thomas Mann “La muerte en Venecia”, escrita en 1911, aunque también extrae diálogos de otra obra de Mann, Doctor Fausto.
La anécdota narrativa del film es totalmente esquemática y no da lugar a perderse en ningún momento en vericuetos argumentales. Gustav von Aschenbach (Dirk Bogarde) es un famoso compositor de música clásica en el ocaso de su carrera y de su vida. Considerando que quizás haya completado el ciclo de su obra musical, viaja a Venecia para reflexionar en el otoño de su existencia. AllÃ, alojado en un hotel de lujo, coincide en diversas ocasiones con una distinguida familia de vacaciones con la que no llega a cruzar palabra. Silvana Mangano interpreta a la distinguida madre del grupo, mientras que uno de sus hijos, Tadzio (Björn Andersen), es quien enseguida se convierte en el centro de las furtivas miradas de Aschenbach. Pronto el veterano artista se obsesiona con la belleza del adolescente Tadzio, y busca coincidir en todo momento con su familia, para asà poder gozar de la cercanÃa de su presencia. Coincidiendo con una epidemia de cólera que asola los barrios de Venecia, Aschenbach cae gravemente enfermo, mientras que su exclusiva dedicación a encontrar algún canal de comunicación con Tadzio destroza toda su racionalidad. En la última escena de la pelÃcula, Aschenbach muere sentado en la playa, mientras contempla la inalcanzable figura de Tadzio adentrarse en el mar.
“Muerte en Venecia” es un film que no admite salvación para quienes se empeñan en alcanzar la belleza, en poseerla. La frase de Thomas Mann extraÃda de Platón “Quien ha contemplado la belleza con sus propios ojos está consagrado ya a la muerte” es el triste leif motif de la pelÃcula. Nos describen a Aschenbach como un hombre que basa tanto su vida como su obra en el poder de la razón por encima del desorden de los sentidos. Mediante algunos flashbacks (muy poco acertados, rompen el maravilloso ritmo de las imágenes del que he hablado al principio), Visconti nos muestra las discusiones que el compositor tenÃa con un colega músico, Alfred (Mark Burns), acerca del predominio o no de la razón (defendida por Aschenbach) sobre la experiencia sensorial (la base del arte según Alfred). Estos flashbacks sà son de gran utilidad para observar que Gustav von Aschenbach vive en un mundo que siempre ha intentado ordenar intelectualmente, sin esperar ni buscar sorpresas. Su mente ha catalogado la vida y la ha encorsetado en unas lÃneas de comportamiento que jamás han sido violadas. Pero cuando aparece la figura del bello Tadzio, el orden vital del artista se ve absolutamente corrompido. La simple contemplación de los agradables rasgos del joven desemboca en una pendiente decadente que culmina cuando un patético von Aschenbach se maquilla y se tiñe el pelo para aparentar más juventud delante de Tadzio. Luego, cuando está sentado agonizante en la playa, con la silueta de Tadzio recortada en el sol a la orilla del mar, el tinte del pelo le resbala por la cara y su grotesco rostro maquillado adquiere su más decadente expresión. Es el punto más bajo del caos en el que se ha sumido este defensor de la razón humana. El artista contempla la belleza, y esta misma, lo lleva a la muerte.
La vida de von Aschenbach se viene abajo cuando ve por primera vez a Tadzio. La pasión es destructiva porque te venda los ojos, y cuando por fin puedes ver, es demasiado tarde y tu vida se ha convertido en confusión sin fin, y te miras al espejo y eres el viejo enfermo que habÃas olvidado que eras. Mientras, el objeto de tu admiración sigue ahà delante, incorruptible, intocable, y te mueres sabiendo que ya no puedes hacer nada por evitarlo.
“La aventura que emprende (…) contiene elementos capaz de turbar a Aschenbach y de romper su equilibrio y su conducta. Se trataba, pues, de algo que habÃa que contar delicadamente, con una delicadeza que no podÃa deslizarse nunca hacia lo turbio”.
Luchino Visconti.
Todo el proceso de obsesión por parte del artista con Tadzio es narrado con una elegancia que huye de lo retorcido, como se encarga de explicar el propio Visconti. Es el juego plano (Aschenbach mira) contra plano (Tadzio que lo ignora) el único lenguaje de la pasión de Aschenbach, un juego sin diálogos, sin certezas, no sabemos en ningún momento de qué habla la familia ni el propio Tadzio, son, como he leÃdo del crÃtico Rafael Miret Jorba, naturalezas muertas, óleos de perfectas proporciones, elegantes y bellos con los que es imposible comunicarse. Pero Aschenbach es el sufrimiento y la impotencia de alguien que quizás se haya negado la pasión en su juventud, y que ahora que quiere, ya es demasiado tarde. Las convulsiones tremendas en las que se ve sumida el alma del músico son espléndidamente exteriorizadas por Dirk Bogarde.
Y está Tadzio, niño-objeto cuya inacción acaba resultando cruel. Viendo la tortura que se auto infringe Aschenbach, uno querrÃa que Tadzio reaccionase, pero nada turba su andrógina expresión, su despreocupada frialdad. Björn Andersen interpretó a Tadzio con 15 años, en un papel que marcarÃa su vida para siempre. Actualmente este sueco reniega de su participación en la pelÃcula, harto de que la gente quiera ver en él al sÃmbolo gay que en su época fue este personaje.
Es una Venecia vieja, húmeda e insana la de Visconti, pero también de una extraña belleza, con la fotografÃa de Pasqualino de Santis y el famoso adaggio de la quinta SinfonÃa de Gustav Mahler (compositor en los que se basan algunos de los aspectos del personaje de Aschenbach) que adorna en diversas ocasiones el transcurso del film. Una Venecia donde la belleza, definitivamente, se cruza con la muerte.

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La pelÃcula es una magistral adaptación de la novela “La muerte en Venecia” del escritor alemán Thomas Mann. “Muerte en Venecia” aunque solamente fue nominada a un Oscar, para mi es una pelÃcula impecable.
“Muerte en Venecia” es una buena pelÃcula, llena de buenas interpretaciones, buen argumento y un tema a tratar la homosexualidad y la mentira, pese a esto “Muerte en Venecia” me pareció demasiado pretenciosa y un poco densa. Hay momentos en que los planos no tienen sentido o planos fijos que parecen no tener fin, la utilización del zoom la encuentro demasiado acentuada. pero no todo es malo en la pelÃcula los juegos temporales con el espectador están fantásticos o algún que otro dialogo que te invita a la reflexión sobre el arte, pero de aquà a llamar “Muerte en Venecia” como cine de calidad…
Hablar de “Muerte en Venecia” es hablar de polémica, ya que es un film polémico que siempre ha sido tema de discusión entre los aficionados al cine, unos encuentran “Muerte en Venecia” como una obra maestra de Visconti y otros como un film decadente y fallido.
“Muerte en Venecia” tengáis una opinión o otra no se puede dudar que es un pelÃcula fascinante.
Para mi “Muerte en Venecia” esta cargada de momentos de gran belleza, como las imágenes acompañadas por la perfecta música del Adagietto de la 5ª SinfonÃa de G. Mahler. Hay una gran fuerza poética en cada uno de los planos que los carga de gran fuerza visual.
La puesta en escena es barroca y perfecta, toda la ambientación está marcada por la obsesión y técnicamente es impecable. Visconti es un genio.