Desde sus inicios, en la industria del cine, tanto directores como guionistas o productores han visto en los niños algo más que esas figuras angelicales que despliegan ternura y bondad. Dándole la vuelta a este perfil, en la gran pantalla nos encontramos con otros niños malévolos que son capaces de los más terroríficos y siniestros actos. Estos angelitos han dado argumentos para desarrollar historias en todos los géneros. Desde hilarantes comedias con numerosas secuelas hasta oscuras películas de terror, los niños malos (pero malos, malos) han servido siempre para reventar la taquilla.
Actualmente en cartel y abandonando el tono habitual de comedia, José Corbacho y Juan Cruz nos presentan en ‘Cobardes’ a Guille, un niño más o menos normal que descubre que gana puntos frente a sus compañeros haciéndole la vida imposible a Gabriel. Pero el perfil de este malo protagonista, un niño aparentemente bueno y normal, es un estereotipo que se repite en otros papeles que hemos podido ver en pantalla.
Sin duda, el abanderado de este subgénero es Macaulay Culkin que es Henry en ‘El buen hijo’. Un verdadero mal nacido que no para de hacérselo pasar mal al bueno de Elijah Wood. Pero para personificar al demonio en la Tierra, los productores de ‘La Profecía’ pensaron en la blanquecina carita de ángel de Harvey Stephens para interpretar a Damien. Y no se equivocaron, porque pocos son los que no recuerdan a este niño con el número 666 grabado en su piel.
A estos hijos de Azazel les hemos podido ver también paseando en grupo en títulos como ‘El pueblo de los malditos’ o la horrorosa ‘Cromosoma 3’. Y nos han hecho clavarnos las uñas con fantasmagóricas apariciones en películas como ‘El orfanato’, ‘El espiñazo del diablo’ o la magistral ‘Al final de la escalera’.
Sin embargo, para restar dramatismo al perfil del niño malo, las comedias también nos han presentado a diferentes Shin Chan de carne y hueso. En ‘Este chico es un demonio’, y en sus secuelas, hemos conocido a Junior, que junto a ‘Daniel el travieso’ son los gamberretes más conflictivos del celuloide.
Nuestro cine tampoco se ha librado de estas figuras. Más allá de las apariciones de fantasmas, en las que los niños siempre dan buen juego, la realidad supera la ficción y nos presentan la personificación del mal en películas como ‘Ovejas negras’ o ‘Cría cuervos’ o la magistral ‘¿Quién puede matar a un niño?’.
La clave de estos personajes se basa precisamente en poner en las manos de los niños aquellos actos que sólo tienen cabida en el mundo de los adultos.
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