Steve Reeves , y permitidme empezar lanzando este torpedo, es un actor esencial en los últimos cincuenta años.
Bien, actor es quizás un término que le venÃa demasiado grande, pero aún considerándolo un torpe amasijo de músculos hinchados colocado delante de la cámara, Reeves es el hombre a reivindicar cuando hablamos de tÃos con fuerza sobrenatural, ridÃculas túnicas hechas para cubrir la entrepierna y gracias, y músculos aceitosos más brillantes que una vajilla lavada con Fairy, ¿a quién recurrirÃamos si por casualidad tuviéramos que hacer trizas las colosales columnas de un templo griego? ¿quién puede luchar con éxito asegurado contra el feroz minotauro? ¿y merendarse él solito al sangriento ejército de ParÃs?
Suerte tenemos de haber vivido en el mismo planeta que pisaba el Hércules del siglo XX; recordemos a Steve Reeves con admiración y rechacemos tajantemente a sus indignos continuadores, Sylvester Stallone y el jodido gobernador de California.
Steve Reeves es el rey del péplum, subgénero cinematográfico amorfo y de segunda categorÃa que durante los cincuenta y sesenta trató de alejar a los espectadores de las pantallas de televisión mediante una revitalización de la historia de la antigüedad, preferentemente Grecia y Roma.
El péplum empezó como algo espectacular, serio en cierta forma, con las grandes producciones religiosas de la época muda. Luego desapareció y brotó de nuevo más espectacular y lustroso que nunca en los cincuenta, con “Ben Hur” o “Los diez mandamientos” brillando en desmedidas y caras proporciones. Lo que muchos consideramos como el verdadero péplum apareció a remolque de estas grandes obras de Cecil B. DeMille o William Wyler, intentando aprovecharse de su éxito y elaborando baratas producciones de aventuras mitológicas, erotismo controlado, bellos cuerpos musculados y fidelidad histórica nula.
El lugar elegido para dar a luz estos engendros fue Italia, donde sobre todo durante los sesenta no pararon de salir docenas de péplums que iban desde lo más o menos aceptable y coherente históricamente (el “Hércules” de Pietro Francisci de 1957, protagonizado por Steve Reeves) a cosas como “Hércules contra los bárbaros” (Domenico Paolella, 1964), en la que el descendiente de Zeus se enfrenta a… ¡Gengis Khan! ¡¡en pleno siglo XII tÃo!! Lógicamente, a medida que decrecÃa el interés del público por este tipo de films los productores iban reduciendo costes (reciclaban una y otra vez vestuario y decorados) y retorciendo argumentos para atraer a unos pocos incautos a las salas de cine de programación doble.
Steve Reeves habÃa nacido en Montana, USA. A los 17 era ya un machote, y habÃa convertido su cuerpo en un imponente busto por el que se habrÃan peleado Fidias y Mirón. La salida profesional que encontró a tantos bÃceps fue lógicamente el culturismo. Entre 1947 y 1950 se hizo con los tÃtulos de Mister Costa del PacÃfico, Mister América Oeste, Mister América, Mister Mundo y finalmente, y en lógica progresión, Mister Universo.
Aunque el cine no entraba en las prioridades de Steve, le aconsejaron intentarlo, y en 1949 compitió para hacerse con el papel de Sansón en el film de Cecil B. DeMille “Sansón y Dalila”, aunque finalmente será otro pedazo de mármol, Victor Mature, quien se hará con el trabajo.
La década de los cincuenta empezará con diversas intervenciones en programas de televisión (”The adventures of Ozzie and Harriet” y “The George Burns and Gracie Allen Show”), y seguirá con su sonado debut en el cine de la mano de, agarráos, ¡Ed Wood! La pelÃcula en cuestión se titula “Jailbait”, y es el único largo más o menos conocido en el que podemos escuchar la voz de Reeves en V.O., ya que para los péplums italianos doblaban su inglés. De Wood, Steve no tendrÃa más que palabras de elogio, “entendÃa cómo sacar una buena actuación de actores sin experiencia”. Lástima que el director no contase con Reeves para sus clásicos “Plan 9 from outer space” o “Glenn or Glenda”.
Su siguiente film es un musical, “Athena” (1954) para la Metro Goldwyn Mayer. Las casualidades de la vida hicieron que la hija del director italiano Pietro Francisci viera el film en el cine, quedara impresionada por el titánico porte de Steve y le insistiera a su padre para que lo contratara en su siguiente pelÃcula, “Hércules”. Dicho y hecho, Steve se traslada a Italia donde se hará famoso y moderadamente rico con un buen número de péplums de los que destacan “La batalla de Maratón” (1959), “Los últimos dÃas de Pompeya” (1960), “Rómulo y Remo” (1961), “La guerra de Troya” (1961), “El hijo de Espartaco” (1962), “La leyenda de Eneas” (1962) y la postrera “Hércules, Sansón, Maciste y Ursus” (1964), engendro cuyo tÃtulo lo dice todo, una reunión de lo mejorcito de la antigüedad en una misma pelÃcula, no se la pierdan señores.
Cuando su popularidad fue decayendo, Steve volvió al culturismo y al body building, concentrándose sobre todo en dar clases a jóvenes aspirantes a Mister Universo.
Dejando de lado los péplums, Reeves se casó en 1963 con Aline Czarzawicz, una condesa polaca con la que vivió en abundancia a mediados de los sesenta (el actor cobraba 250.000 dólares por semana), hasta el punto de que despreció el papel que le ofrecÃan de James Bond en la primera pelÃcula de la serie, “James Bond contra el Doctor No” por no cobrar ni la mitad de lo que ganaba en Italia, y lo mismo hizo con el spaghetti western “Por un puñado de dólares”, de 1964. Steve lo tenÃa claro, las túnicas le sentaban mejor que las pajaritas y los sombreros de cowboy.
Reeves fue el héroe de la Grecia clásica por excelencia, ya he dicho que no era un actor menos que correcto (ni teatro ni nada, unas pocas clases de interpretación en los cincuenta y ya está), pero superaba con mucho en carisma y poderÃo a otros héroes del péplum como Ed Fury o Kirk Morris.
Actualmente Reeves cuenta con miles de fans en el circuito de cine de culto y sus films más excéntricos son buenas piezas de museo para quien sepa valorarlos. Homenajes al mejor Hércules de la historia del cine ha habido muchos, pero pocos como el tema inicial de “The Rocky Horror Picture Show”, en la que el doctor Frank-n-Furter canta: “Or if you want something visual, that´s not too abysmal, we could take an old Steve Reeves movie”. En efecto, Steve Reeves es siempre un asunto muy “visual”.

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