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Supervixens

Un pueblucho en el desierto de Arizona. Clint (Charles Pitts) trabaja en la gasolinera y está casado con una bella mujer llamada Superangel (Shari Eubanks). Su vida conyugal no marcha demasiado bien, y las peleas se suceden en el hogar.

El policía Harry (Charles Napier) oyó ruidos en la casa de la pareja la noche anterior y por la mañana decide hacerles una visita y ver si todo está en orden.

Superangel está sola y, harta de aburrirse sola en casa mientras su marido trabaja, no duda en seducir al policía buscando un rato de diversión. Se acuestan, pero hay un problema, Harry no puede completar la faena. Superangel lo humilla y se va a dar un baño. El policía, frustrado por su ineficacia, necesita poner las cosas en su sitio, y sin pensárselo demasiado, entra en el baño y electrocuta a Superangel, que muere al instante. Clint no tarda en enterarse de dos malas noticias, la primera es que su mujer ha muerto, y la segunda que lo acusan de haberla asesinado. Ahora tendrá que limpiar su nombre en un viaje iniciático por la América profunda, con mujeres que no dejan de meterle en peligrosas aventuras. El argumento hasta cierto punto convencional de “Supervixens” no desviste su auténtica naturaleza. Porque es un film de Russ Meyer, lo que significa que asistimos a un cartoon de ritmo endiablado, con mujeres que desafían las leyes de la naturaleza con pechos descomunales y hombres convertidos en rednecks cazurros dotados de gigantescos penes como truckers de carretera. Violencia, humor y sexo. Cine original y atrevido, Russ Meyer nos alegra la vista con su ejército de actrices-vixens más buenas que el pan y una soltura con la cámara y el montaje que lo sacan del paquete de cine psicotrónico de serie Z para postrarlo en la mesa de disección del cinéfilo sin prejuicios. Russ Meyer siempre fue un outsider, sus gustosos cócteles cinematográficos de trago largo (siempre los mismos ingredientes, repetimos, sexo, violencia, humor) son de buen beber porque su autor hace lo que le divierte, nada más, con una gracia y visión de la jugada envidiables, a pesar de los bajos presupuestos en los que se ha movido.
Las primeras experiencias de Meyer con la cámara datan de 1942, cuando cuenta con poco más de dieciocho años, y se enrola en el ejército USA, donde se encarga de filmar combates en primera línea durante la Segunda Guerra Mundial.

Su primer film en 1959, “The immoral Mr. Teas” es considerado por muchos el primer porno del cine americano. La afirmación resulta algo exagerada, pero lo cierto es que esta soft-core movie está repleta de chicas malas delineadas por un espectacular perímetro y fácil desnudar. No hay duda de que el estilo Meyer ya estaba constituido en esta ópera prima. Otras películas de la primera época del director son “Motor psycho” (de moteros, aquí no hay chicas), o la aclamadísima “Faster pussycat! Kill! Kill!” de 1965, espectacular película, un caos de violencia, desierto, gasolina y Tura Santana, el icono definitivo del cine de Meyer, la mujer que se habría despachado a las Spice Girls de un soplido. Con este film, Meyer entra en los círculos de arte y ensayo y, veinticinco años después, será copiado, según algunas fuentes, por Ridley Scott en “Thelma y Louise” (1991), aunque el director de “Alien” lo haya negado siempre.

En los setenta, se consagraría el estilo de Meyer con “Beneath the valley of Ultravixens” o la misma “Supervixens”. El film que nos ocupa es, ante todo, una obra de autor. Meyer produce, dirige, escribe, fotografía y monta la criatura, asegurándose de que todo lo que veamos sea obra propia.

Escribió el guión durante seis días en un hotel de Hawaii, con la ayuda de los actores del film, basándose en una premisa semejante a la de “El cartero siempre llama dos veces”, la novela de James M. Cain. Pero el guión es unicamente el tablero sobre el que Meyer mueve todas sus bazas visuales. “Supervixens” está repleta de planos con angulaciones de cámara agresivas, llenas de intención, con un ritmo salido del slapstick y de los cartoons. Meyer saca provecho visual de todas las situaciones, las reglas no existen, y el humor descarado lo arrolla todo. En “Supervixens” te ríes de la ridícula virilidad de Harry el policía y del sonido que oyes cuando se baja la cremallera; el acorralamiento al que somete la granjera insatisfecha al pobre Clint es la monda, igual que la persecución (puro slapstick) del marido de esta. La única ida de olla que no respaldo es el tratamiento exageradamente cruel de la muerte de Superangel al principio del film.

Meyer rodó “Supervixens” en el desierto de Arizona, alejado de zonas urbanas que miraban con malos ojos el desparrame de sexo que representaban sus rodajes, mientras que para los interiores se trasladaron a Hollywood. El casting sigue la línea auteur del resto de su producción, con chicas cuidadosamente escogidas y procedentes del mundo de las strippers. La serie “vixens” de Russ Meyer en los setenta, culminada en mi opinión con esta “Supervixens” , convierte al director en figura clave de la independencia más escorada de la época, un “Fellini rural”, como lo han llamado algunos, creador de una rama de la sexploitation que nadie ha sabido practicar con tan satisfactorios resultados. Un sentido del humor, de la violencia explícita (cercana al concepto violencia-humor que tiene Tarantino), y sobre todo, una creatividad visual nunca suficientemente reconocida, todo al servicio del discurso (invertido) acerca de la sociedad americana, donde el camionero, el granjero y el redneck atiborrado de cerveza Bud, son mariposillas al lado de las nuevas heroínas, fieras del sexo, con físico anamórfico de cómic y más listas que el hambre.

Hoy día, Russ Meyer es un enérgico anciano que no para de tramar nuevos proyectos. Declara que con la ex-Playmate Anna Nicole Smith no tendría ni para empezar, y no duda en explicar a quién se lo pregunte como perdió su virginidad. Fue en la Francia liberada de los nazis, en un tugurio donde lo invitó Ernst Hemingway; Meyer se sincera: “Habían quince chicas para elegir. Cogí la que tenía las tetas más grandes”.








...por Marc Monje ...por Marc Monje


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4 comentarios en Supervixens

  1. Para mi “Supervixens” es una curiosa película dirigida por Russ Meyer, fotógrafo de Play Boy sobre jóvenes de pechos voluminosos.

  2. No me extraña que “Supervixens” fuera criticada por asociaciones feministas y solamente alabada por los críticos que eran especialistas en cine pornográfico…

  3. ¿Sabías que la palabra vixen significa en alemán masturbase?

  4. “Supervixens” creo que solamente la pueden ver cuatro colegas con ganas de cachondeo. es una película delirante.

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