Terence Fisher es, por méritos propios, uno de los creadores más importantes creadores del cine de terror.
Revolucionó el género a partir de mediados de los cincuenta bajo contrato con la novel productora británica Hammer Films, que habÃa comprado los derechos sobre personajes clásicos del terror (Frankenstein, Drácula, la momia, el hombre lobo) que habÃan constituido la primera edad de oro del miedo cinematográfico de la mano de la Universal en los años treinta. El director tenÃa 53 años cuando se le encarga dirigir “La maldición de Frankenstein” (1957), pistoletazo de salida de los nuevos films de la Hammer. La pelÃcula fue todo un éxito, y las nuevas generaciones pudieron acercarse a los personajes clásicos del terror, mostrados ahora con un estilo muy distinto al del melodrama clásico de la Universal. Fisher muestra una nueva forma de enfrentarse al terror, más realista, sucia y polÃticamente incorrecta. El director pone el acento en el morbo sexual, que se expresará de forma más patente a medida que pasen los años, la sangre (la famosa sangre Hammer, rojo vivo, casi fluorescente), y un muy personal estilo visual, quizás este último el logro más importante de Fisher.
En sus obras maestras (entre muchas otras “La venganza de Frankenstein”, 1957, “Drácula”, 1958, “El perro de los Baskerville”, 1959 o “La leyenda de Vandorff”, también conocida por su tÃtulo original “The Gorgon”, rodada en 1964), Fisher combina los necesarios momentos de susto repentino con un concepto amplio del miedo, fruto de un planteamiento casi inédito hasta entonces en el género, que parte del aprovechamiento expresivo de los elementos de la puesta en escena como el decorado y la cámara.
Los decorados en las pelÃculas de Fisher son amplios espacios por los que los actores se mueven libremente (aunque en estudiada coreografÃa) en plano general, recorriendo rincones oscuros, puertas misteriosas y pasillos y estancias barrocas que mantienen la atención del espectador, inseguro y pendiente de lo que pueda acechar en cualquier esquina. Y la cámara, con una utilización sabia, magnÃfica, de la profundidad de campo, de la expresividad del travelling, de aquellos elementos de lenguaje visual –siempre justificados, nunca exhibicionistas- que ayuden a apuntalar las sensaciones de terror en el espectador. Fisher es un director cinematográfico, un abecedario de los recursos de cámara. Y también un montador excelente (antes de dirigir trabajaba en la sala de montaje), sereno, nunca apresurado.
Los films de Fisher deben ser vistos con paciencia, dejándonos mecer por los vaivenes del ritmo, del balance entre sorpresa y el suspense, los momentos de acción y de reposo.
La fascinante puesta en escena del cine de Fisher durante sus años en la Hammer no hubiera sido la misma sin toda la infraestructura de colaboradores que tuvo a su servicio. La fotografÃa de Jack Asher, los guiones de Peter Bryan o Jimmy Sangster y sobre todo, las personalidades de Peter Cushing y Cristopher Lee, cuya participación sobrepasaba la de meros actores, para ofrecer en el plató soluciones y propuestas visuales que Fisher valoraba y aceptaba en ocasiones, consciente de que cada dÃa no se tiene la oportunidad de trabajar con Cushing y Lee.
“Fisher nunca fue un director rÃgido, y su único secreto consistÃa –según él- en que decidÃa los movimientos de cámara durante los ensayos, y nunca antes de éstos, a fin de que los actores los determinaran con sus gestos y movimientos después de haberse relacionado con el decorado. Eso podrÃa explicar el soplo de inquietud que, combinado con la elegancia y la armonÃa del movimiento, recorre su cine”; lo escribe José Mª Latorre, la esencia del maestro era pues sencilla e intuitiva, fruto también de la experiencia (Fisher empezó a dirigir muy tarde, después de curtirse en otras jerarquÃas de la producción cinematográfica) y un equipo de colaboradores a la altura.
El periodo en la Hammer de Terence Fisher lo lleva desde “La maldición de Frankenstein” a través de dos décadas repletas de un terror personal que se erige como locomotora del resto de la productora. Con el paso de los años, la distancia cualitativa entre un film de Fisher y otro de, por poner un ejemplo de director hammeriano, Freddie Francias se hace más notable.
Fisher debuta como director en 1950, con “Extraño suceso”, firmada a medias con Anthony Darubarough. Cuando ficha por la Hammer en 1953 se estrena con tÃtulos preliminares como “Spaceways” y “Four-sided triangle”. A partir del primer “Frankenstein”, apenas saldrá de los estudios Hammer, a excepción de alguna incursión con otras productoras como la barata y dinámica “S.O.S., el mundo en peligro”. El estilo de Fisher no variará con los años, seguirá siendo rico visualmente tanto en las grandes producciones tipo “El fantasma de la ópera” (1962), el film más caro de la Hammer, como en ejercicios de estilo narrativo tan sofisticados como el tercer Drácula, “Drácula, PrÃncipe de las Tinieblas”.
Para cuando Fisher rueda su postrero “Frankenstein y el monstruo del infierno” (1973), los años enfrentándose con inagotable pasión creativa a los mitos del terror desembocan en un estilo más descarnado si cabe, de un salvajismo y suciedad extraños en un hombre de casi ochenta años, que reflexiona ahora sobre su cine y expresa una visión nihilista y oscura del personaje creado por Mary Shelley. Nunca fue un director unidireccional, se permitió darle la vuelta a los “intocables” mitos del terror y ofrecer lecturas personales de todos sus personajes, en consonancia con su propia visión del mundo.
Desde la humildad del artesano, con una fidelidad ejemplar a quienes habÃan confiado en él, Fisher dio un revolcón de sangre, sexo y poesÃa al género de terror, llenando de momentos sobrecogedores el imaginario del aficionado. Recordad sino: “El final de Drácula” (1957), con Cushing arrancando espectacularmente las cortinas de un salto para dejar pasar la luz del dÃa que derrotará al vampiro, o la terrible visión de la Gorgona reflejada en el agua de una fuente, presta a convertir en estatua al descuidado Paul Heitz en “La leyenda de Vandorff”, o lo inimaginable: En “Frankestein y el monstruo del infierno”, un músico está siendo enterrado en el cementerio, y desde una ventana, la criatura de Frankenstein observa la ceremonia, es un monstruo hecho de pedazos de diferentes vÃctimas, cuyo cerebro habÃa pertenecido… al del propio músico, que ahora ¡presencia su propio entierro!.

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Terence Fisher es una maestro del terror, fue un pionero en su momento al mostrarnos un terror y un gore bien explicito, toda una novedad en la segunda mitad del siglo XX.
Mucha gente piense que Terence Fisher es un director de serie B, pero creo que se deberÃa valorar más su aportación al cine.
Terence Fisher:
calificar a Fisher, como un cineasta de categorias a - b - o z - és como decir que solamente las peliculas seleccionadas para premios ” oscar ” son las mejores, eso es solo basura.
Las peliculas de la Hammer al final de los 50, son una bofetada en pleno hocico para el negocio del cine en Estados Unidos quienes todavÃa continuban fabricando cintas, con un estilo melodramatico gastado y decadente donde se invertÃan miles de dolares. Sin embargo al otro lado del Atlántico este pequeño estudio cinematografico Inglés con un grupo de actores que actuán solo por vocacion y dirigidos por Fisher, revolucionan el septimo arte, con una tematica clásica y fascinante, el ” HORROR ” y supera con creces todo lo firmado hasta entonces o hasta hoy. Y lo mas importante con un escueto presupuesto. Eso es arte .
Alfredo Pérez Reveco. ( Uno que algo sabe de cine.)