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Tim Burton

El cine de este director nacido en Burbank, California, ha conectado siempre de manera muy íntima con su público.

No son los grandes presupuestos con los que de vez en cuando ha contado, ni el plantel de actores o los efectos especiales de sus películas, la relación de su cine con el espectador se transmite por una vía mucho más genuina: los personajes de Tim Burton sufren de debilidades que el público hace suyas.

El director de “Big fish” (2003) no muestra héroes y sí en cambio a seres despegados de la sociedad, freaks que no encajan en la masa, personajes acomplejados y atormentados cuya única salvación es la creación de un mundo propio en el que se sienten reyes, mientras que en la vida real no son más que especímenes raros. En su ópera prima “La gran aventura de Pee Wee” (1985), el protagonista Pee Wee, es un adulto de mente infantil que emprende una épica búsqueda de su bicicleta perdida en medio de la gran ciudad; Eduardo Manostijeras, en el film del mismo título de 1990, es víctima de su propia incapacidad para mostrar sus buenos sentimientos, un monstruo maravilloso y lleno de imaginación cuyo corazón de oro no es percibido por la gente normal, que lo margina y persigue por el mero hecho de ser diferente; Batman es la criatura que, vestida de héroe justiciero, enmienda en su mundo particular -la noche- todas las frustraciones, la soledad, los traumas del pasado y la incomunicación que lo acechan durante el día; en “Pesadilla antes de Navidad” (1993), Jack Skellington es un iluso. En una ciudad de cuento de terror, él es el único que cree en la Navidad; las películas de Ed Wood en el film homónimo de 1994, nacen de la particular creatividad de un director que se cree genial cuando no es más que un panoli para el resto del mundo; y por último, el Ed Bloom de “Big fish” ha vivido con un pie en la tierra y las experiencias que la ha dado la vida, y otro pie en su propia fantasía que ha transformado esas experiencias en un mundo propio de cuento de hadas. Cada uno de estos personajes se enfrenta a una barrera permanente que les impide situarse junto al resto del mundo. Todos responden a una parte de la conciencia más íntima de su director, y forman un canal de feed back con nosotros, el público, que también nos hemos sentido incomprendidos alguna vez, incapaces de comunicarnos, dueños y señores de nuestro universo privado e inquebrantable, en el que creemos estar a salvo.

La sinceridad de los personajes de Tim Burton, es la única posible en un hombre con mirada de niño, que se acerca a la vida observándonos a través de su gran lupa de juguete. Burton establece una de las relaciones público-personajes de mayor calado emocional en el cine de hoy en día.

El camino elegido por el director para convertir este paisaje de seres mancos de estima en material fílmico es el que pasa obligatoriamente por los trazos dejados por el cine de terror de la Universal (evidente la influencia de James Whale en “Eduardo Manostijeras”), la serie B de ciencia ficción de los años cincuenta (”Mars Attacks!”, 1996, Ed Wood), la Hammer y toda su idiosincrasia visual (”Sleepy Hollow”, 1999) o las sagas de Godzilla y los cartoons (”Mars Attacks!”), sin dejar de lado el mundo de los artefactos y juguetes extraños de todas las épocas, presente en la mayoría de sus films, desde “La gran aventura de Pee Wee”, hasta “Pesadilla antes de Navidad”.

La cohesión del cine de Tim Burton, tan sólo agrietada por el proyecto de encargo del 2001, el decepcionante remake de “El planeta de los simios”, proviene de todas estas influencias, que él se encarga de mezclar con su efervescente personalidad creadora, y del hecho que empezara su andadura en la industria cinematográfica como animador en la Disney, donde ejercitó su buen arte para el dibujo y el imaginario visual. Su labor con el carboncillo dejó las primeras huellas en los dos fantásticos cortos previos a su consagración en el mundo del largo, “Vincent” y “Frankenweenie”, el primero es un homenaje desde el corazón de un fan, a su admirado Vincent Price, que después aparecería en “Eduardo Manostijeras”, y el segundo una lectura personal, en clave de familia de clase media americana, del mito de Frankenstein. Ambos cortos ya aciertan en todos los puntos que caracterizarán el cine de Burton en el futuro, y son indisociables del resto de su filmografía, para nada obras menores, de hecho, se proyectaban ambos junto a “Pesadilla antes de Navidad” cuando esta se estrenó en las salas en 1993.

La carrera de Burton ha tenido periodos bastante diferenciados. Se inicia oficiosamente con “La gran aventura de Pee Wee”, protagonizada por el entonces exitoso cómico Paul Reubens, una historia (con muchos paralelismos con la neorrealista “Ladrón de bicicletas”) ideal para desplegar el talento imaginativo del director. En 1988, “Bitelchús” deviene un éxito un tanto extraño viniendo de una historia donde la incoherencia y el surrealismo ganan a la lógica narrativa y donde los efectos especiales relegan a los personajes a meras comparsas de la función; Michael Keaton protagonizó la traca, y para entonces la relación artística con Danny Elfman, compositor de bandas sonoras, ya estaba consolidada y empezaría a dar invariablemente sus buenos resultados en las películas que habían de llegar.

El periodo “Batman” (1989), “Eduardo Manostijeras” (1990) y “Batman vuelve” (1992) representa la cúspide de su cine en cuanto a frescura y libertad creativa. El Tim Burton de “Batman” mueve cuidadosamente cada ficha en una producción millonaria y ultra calculada, un tira y afloja constante con el estudio, consiguiendo un producto personal a la vez que comercial y apto para una invasión de merchandising nunca vista hasta entonces; y el Burton de “Eduardo Manostijeras” abre lo más profundo de su alma en una historia atemporal, de gran originalidad icónica, que, apuesto, será juzgada por las futuras generaciones como el mejor de sus films.

En 1993 produce y apadrina creativamente “Pesadilla antes de Navidad”, y por “Ed Wood” recibirá dos Oscar y estrechará lazos con su actor fetiche, Johnny Depp (según Burton: “Me encantan los actores como Johnny Depp, como Dianne Wiest y Alan Arkin, actores que, muy sutilmente, dan un montón de cosas a los demás personajes, son muy generosos”). “Mars Attacks!” no convenció a nadie por su anarquía y la falta de punto de vista, con “Sleepy Hollow” volvió a desplegar todo su talento visual a partir de un relato de Washington Irving.

Por último, “El planeta de los simios” se me antoja ahora como un paso inútil hacia un callejón sin salida, sólo entendible en base a un lucrativo compromiso con un gran estudio que luego le permita el respaldo económico y una mayor libertad para proyectos más personales. “Big fish” es el regreso al cine más personal de su autor, una tierna historia sobre el arte infantil de escuchar un cuento y el arte más infantil todavía de contarlo. No olvidar sus dos excepcionales creaciones “Charlie y la fábrica de chocolate” y “La novia cadáver de Tim Burton”.

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...por Marc Monje ...por Marc Monje


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4 comentarios en Tim Burton

  1. Parece extraño que Tim Burton empezara en el mundo del cine en la Disney.

  2. Actualmente Tim Burton tiene un estilo agridulce muchas veces y no tan ornamentado y dulce como las películas a las que nos tiene acostumbrados Disney.

  3. Tim Burton es un director que ha sabido marcarse un estilo propio dentro del cine, sus películas son inconfundibles.

  4. Tim Burton junto con Jonny Deep han creado grandes películas: “Charlie y la fábrica de chocolate”, “Sleepy Hollow”, “Ed Wood”, “Eduardo manostijeras”, ahora estoy deseado que llegue a España “Sweeney Todd”.

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