Boogie nights (1997), dirigida por Paul Thomas Anderson era un film que repasaba la historia reciente del cine pornográfico abarcando concretamente las décadas de los setenta y los ochenta.
Mark Whalberg encarnaba a un joven e inocente americanito que, gracias a un tamaño de pene prácticamente extraterrestre, se adentraba en el auge del cine porno, se instalaba en la fama, el dinero y las drogas y, finalmente caía en decadencia en los años ochenta, contagiando el SIDA y protagonizando horrorosas películas en video, arrastrando su mito, muriendo un poco más en cada polvo delante de las cámaras.
El director retrataba muy bien lo que fue la irrupción del video en el cine porno, cuando rodar sexo dejó de ser arte y transgresión y se convirtió en lo que es ahora, silicona y máquinas humanas que empiezan la película follando y la terminan igual, como perros, sin pasión ni ánimo de explicar nada.
Porque, en los años setenta, los creadores porno querían explicar algo. De manera muy básica, inocente o burda si se quiere, pero sabían que el sexo no podía ponerse a precio de saldo, había que expresar algo más, estética o narrativamente. Eran creadores, y pensaban que el porno era un género más, y si los films de terror debían dar miedo y las comedias risa, las películas pornográficas debían dar placer y éxtasis sexual, y si además, el guión era bueno y la puesta en escena seria, pues mucho mejor.
Tras la puerta verde, film de los hermanos Mitchell rodado en 1972, es al porno lo que La diligencia de John Ford es al western, o Metropolis de Fritz Lang a la ciencia ficción, el punto de partida de un lenguaje y una forma de tratar al género de las películas de sexo. Junto con Devil in Miss Jones (fantástica cinta de 1972, dirigida por Gerard Damiano) y Garganta profunda (también de 1972, con la recientemente fallecida Linda Lovelace), representa el trio de obras decisivas en la historia del género pornográfico.
Se ha dicho de Tras la puerta verde que es “El sexo como un ritual. Sexo y fantasía. Sexo como solo podría darse en las películas”, y ciertamente, este film es un ritual de sexo por un lado, e impagable lenguaje psicodélico herencia de unos años sesenta que todavía pastaba en los cerebros de los Mitchell.
Una inocente muchacha (Marilyn Chambers) recala en un hotel. Se toma una cerveza, parece melancólica, inmersa en una extraña soledad. Por la noche es secuestrada y llevada a una casa donde, semi inconsciente o semi drogada, es obligada a practicar sexo en una ceremonia de iniciación que presencian un grupo de burgueses miembros de una misteriosa secta.
Y ya está. No hay más argumento. Y quién diga que Tras la puerta verde esconde en su guión mucho más que esto, no ha interpretado bien el film, que ya tiene delito… Lo importante de la película es cómo muestra el sexo. Las eyaculaciones a cámara lenta, utilizando psicodélicos cromados en los fotogramas, los planos de sexo oral –ahora se han convertido en una convención, antes eran nuevas formas de ver el sexo-, el montaje moderno (¿alguien recuerda los films contemporáneos a este de Bob Fosse?- y sobre todo, el hecho de representar la orgía que ocupa casi todo el metraje como una obra teatral de arte y ensayo, con extraños mimos maquillados, la coreografía –complicadísima, ¿cómo lo hicieron?- del trio de hombres sentados en trapecios y Marilyn Chambers practicando sexo con los tres a la vez… Todo muy pasado de moda, si, pero revolucionario y creativo en su momento.
Artie Mitchell dirigió la película, su hermano Jim la escribió, basándose en una narración que circulaba ya desde los tiempos de la Segunda Guerra Mundial. Ambos, una suerte de Coen brothers del porno, ya habían dirigido docenas de cortos pornográficos antes que Tras la puerta verde. El éxito de este film les permitió afrontar más producciones, incluso en 1986 dirigen una secuela que probablemente no valga la pena ver, Behind the green door. The sequel, con otra actriz llamada Sharon McNight. Desgraciadamente, fueron conocidas las sangrantes discusiones entre los hermanos a lo largo de su carrera que, sumadas a su afición por las drogas, culminaron en el asesinato de Artie de un disparo perpetrado por su hermano Jim.
Por su parte, la bella Marilyn Chambers es, junto a actrices como Vanessa del Rio, Linda Lovelace o Traci Lords uno de los mitos del porno en toda su historia. Nació en 1952 en Connecticut, y cuando debuta en el porno con Tras la puerta verde, había trabajado como camarera y en un par de films para todos los públicos. La inocencia de su rostro y sus formas sutiles y preciosas la elevaron a los sueños más oscuros del americano medio de los años setenta. En su vida, intentó conducir su carrera en muchos campos distintos. En 1977 protagonizó nada menos que un film de David Cronenberg, Rabia, y probó suerte en el mundo discográfico con algún single de poca repercusión, hoy preciado trofeo de coleccionistas. Su carrera porno tuvo buenos momentos. Rodó con John Holmes (el actor en el que se basa la película Boogie nights), volvió a trabajar con los Mitchell en Beyond the sade (1979) y, lo que más agradecen sus seguidores, nunca renegó del porno.
Una buena anécdota de la época en que la actriz participó en Tras la puerta verde fue que, en aquellos días, había sido la imagen de la campaña publicitaria del detergente Ivory Snow. La actriz salía fotografiada en las cajas mostrando su más inocente y puro rostro, con el slogan “99,4% puro”. Los Mitchell, listos y atentos, publicitaron su film como “99,4% impuro”, y las protestas no tardaron en llegar. ¡La modelo virginal del detergente follándose a tres hombretones en una película! Como suele pasar en estos casos, quién ahora posee una de esas cajas de Ivory Snow, tiene un tesoro por el que muchos pagarían una bonita suma de dinero. Hoy en día, revisar Tras la puerta verde es una buena experiencia, mucho más estimulante que tragarse una porno movie de diseño y plástico en cualquier canal de pago.

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“Tras la puerta verde” se convirtió en un fenómeno social en 1972, aunque fuese una película pornográfica, fue aprobada por el público.
“Tras la puerta verde” es una clásico del cine pornográfico su inicio es sorprendente, sus primero quince minutos hacen que no te puedas imaginar como continua hasta que los dos protagonistas preguntan por la “puerta verde”…
“Tras la puerta verde” junto con “Garganta profunda” son un clásico del cine pornográfico.