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Yo, el Vaquilla

” Tu eres el vaquilla, alegre bandolero. Porque lo que ganas, repartes el dinero “.

El Vaquilla (banda sonora original de Los Chichos)

Todos, en España, oímos hablar de él en el cole, en aquellos ochenta de la camiseta de Naranjito, los primeros Calipos y el “8″ de Schuster. El Vaquilla (Vaca para los amigos, Juan José Moreno Cuenca en el DNI) fue durante unos pocos años el enemigo público número 1 , al menos en la zona barcelonesa que iba del Poblenou industrial al Pedralbes pijo. Él fue nuestro Dillinger, el Billy El Niño que nunca tuvimos en España, el bandolero heredero de toda una tradición de outlaws nacionales, aquellos que montados a caballo, te daban a elegir entre la bolsa o la vida. Las cifras iban de boca en boca: docenas de coches abiertos en una sola noche, innumerables visitas y huidas de la cárcel de Wad Ras, conducciones temerarias por el Eixample al volante de un 127 o un Tiburón. El Vaca era un tío. Gitano de la Mina, pasaba de todo, fumaba negro y follaba como los mayores, se pitorreaba en la cara de los seguratas de las sucursales bancarias, salía en las noticias por haber cagado algún atraco (inolvidable detención en directo, por TV3, en la calle Paris) o por la tangana-motín que se le ocurrió liar en la Modelo. Un chori con pocas necesidades, una sola quizás: tener siempre a punto una cinta de Los Chichos para escuchar a todo trapo mientras pisa a fondo el pedal de algún coche robado.

En una de estas, corría el 1985 cuando el Vaquilla recibe la visita en el Penal de Ocaña donde estaba preso del director del cine José Antonio de la Loma, irrepetible sujeto empeñado en dictar sentencia fílmica con un cine pretendidamente social y crítico, mediante joyas de barrica peleona como Perros callejeros (1977) y sus dos secuelas, la más vergonzosa de ellas, Perras callejeras (1985), truño de película con putillas de mucho cuidado armadas hasta el escote.

De la Loma era la punta de lanza de un subgénero cinematográfico puramente español, el que relata las aventuras del microcosmos quinqui de finales de los setenta y ochenta, las hazañas de los bandoleros contemporáneos nacidos en el Campo de la Bota y La Mina de Barcelona, el mundo de los chusqueles , los julay y los jichos , los trapis de caballo bueno y las coloquetas de la policía, el reino del que, por entonces, un adolescente Vaquilla era el kaiser indiscutible. De la Loma propuso al Vaca un taquillaza seguro: una película que contaría su verdadera historia, desde su nacimiento hasta la fama; él mismo relataría sus vivencias delante de las cámaras, luego de la Loma añadiría al montaje un buen número de escenas de ficción (los hits más conocidos del Vaca: persecuciones en coche por el Garraf, atracos cacharra en mano.) que completasen la panorámica sobre su vida. El Vaca aceptó claro, pero puso su condición habitual: los Chichos en la banda sonora. ” Ya lo ven, nací a este lado de la sociedad. Y nunca pude, o nunca supe pasar al otro. Ahora me he propuesto hacerlo, y se que no será fácil. Mi mayor enemigo ha sido siempre esa fama que me fue envolviendo desde niño hasta atarme de pies y manos “. Estas son las primeras frases que suelta el Vaca desde el Penal de Ocaña 1, al empezar la película. Son su coartada moral y la del propio director: es la fama la culpable de todo, si es que el Vaca es un buen chaval, hombre. Que se lo digan a las señoras que se quedaron sin bolso. Mal asunto y peor comienzo, demagogia cortesía De la Loma. A partir de ahí, todo el film es una sarta de medias mentiras y cuartos de verdad, un bulo destinado, en el fondo, a glorificar al chori y a desatar el morbo con los temas más recurrentes y comerciales del género quinqui: chutas cargadas de caballo, maderos, tricornios, trapis, algún pedazo de chicha de una chavala.

Yo, El Vaquilla , en definitiva, vale como divertimento pseudo pulp y peliculilla de acción cañí . Pero que director y protagonista nos la quieran colar como ladrillazo a la sociedad injusta que margina a tipos como el Vaca ya es la monda lironda. Si es que lo que de verdad le gusta a De La Loma (fallecido recientemente a los ochenta años) son los bellos púbicos de las lumis , las peleas y los navajazos, que atraen más y mejor al público; él no entiende, no quiere entender porque eso no vende, lo que es una reflexión seria acerca del por qué de una sociedad con dos caras tan diferenciadas, la marginal y la privilegiada.

Olvidando el infantil intento de De La Loma por convertir Yo, El vaquilla en cine social serio, quedarán para el buen aficionado escenas que podrían haber salido de un episodio tripi de Verano Azul.
Las secuencias en Lloret de Mar son de lo más: el Vaca se va de parranda con su primo (el actor Mingo Ráfols señores, actual y reputado especialista en apuradas piezas teatrales) por el Atlantic City de la Costa Brava, dándose la pira con docenas de bolsos de turistas primos y lugareños pardillos. Sumadle a la propuesta, un par de persecuciones que demuestran que De La Loma no se perdió ni uno solo de los episodios de Starsky y Hutch y los tristes momentos en que el Vaca real cuenta episodios de su vida, taladrándonos el cerebro con la perorata de “robar para vivir” o peor, aquello de que él reparte el dinero que roba (!!!), colándonos sin vergüenza alguna el mito de Robin Hood (Curro Jiménez o El Lute para nosotros).

La tragedia del Vaca es que él, en el fondo, nos vendía la moto en una época en que cuatro medios de comunicación estuvieron por él, pero luego desapareció, y su vida entró en el triste túnel del alcohol y la droga en las celdas en las que habitó. Muchos intelectuales como Vázquez Montalbán confiaron en el Vaquilla en lo personal, de una forma loable y leal, confiando en que su reinserción sería un ejemplo para muchos. Quizás el libro Hasta la libertad , escrito por el propio Moreno Cuenca sea un testimonio más serio y sincero de la vida de este mito del extrarradio, referencia más válida sin duda que este Yo, El Vaquilla , biopic hipócrita y banal en cuanto a discurso, decadente punto y final que da carpetazo al género que dio como obras destacables El pico , Deprisa, deprisa de Carlos Saura y poca cosa más, en suma, una barata producción repleta de despropósitos y errores, malos actores y peor director.








...por Marc Monje ...por Marc Monje


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8 comentarios en Yo, el Vaquilla

  1. Para mi, el Vaquilla era el amo de la fiesta. La película muestra como la sociedad le fue llevando a la mala vida y no tuvo más remedio que dedicarse a robar para poder sobrevivir.

    ¡Aupa el Vaquilla!

  2. La película de “Yo, el Vaquilla” es un clásico del cine quinqui español. La vida Juan José Moreno Cuenca, más conocido como el Vaquilla, fue una vida dura y la peli muestra lo que tuvo que hacer para seguir adelante.
  3. ¿Todavía se puede comprar en DVD la película “Yo, el Vaquilla”?

  4. Sí, la película de “Yo, el Vaquilla” la puedes conseguir en DVD. Puedes ir a cualquier tienda que vendan películas DVD y pídela, seguro que si no la tienen en stock te la consiguen rápidamente.

  5. El Vaquilla fue el puto amo y siempre lo será. ¡Viva Juan José Moreno Cuenca, Viva el Vaquilla!

  6. El Vaquilla es mi ídolo y modelo a seguir, yo soy gitana como tu y a mucha honra (mi Dios Camarón y como el agua mi oración).

  7. Fue una película que en barrios marginados marcó un antes y un después pues la peli, a mi personalmente, me marcó pues para mi fue un ídolo hasta que tuve la suerte de conocerlo personalmente en el Centro Penitenciario de Cuatro Caminos, Barcelona.

  8. “Yo, el Vaquilla” menuda película y cuántos recuerdos me trae. El Vaquilla fue mi ídolo de juventud, el puto amo, pero poco después descubría que sólo era un delincuente más en la Barcelona marginal de aquella época.

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